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Dilemas pragmáticos para 2016

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Todos los años parecen cruciales en la Argentina. Una clave sobre 2016 es saber si el peronismo entiende por qué perdió las elecciones y si Cambiemos confirma que entendió por qué ganó. Se trata de algo muy sencillo: la extraordinaria jugada de ajedrez consistió en modificar la estrategia de la campaña electoral. Durante 2015, y sobre todo después de las PASO, Macri mismo cambió: pasó del antikirchnerismo al catching all. Ese giro estratégico estuvo acompañado de un cambio corporal, gestual y discursivo. Pero esa jugada tuvo mayores implicancias por su contraste con la tendencia del kirchnerismo a profundizar la reivindicación de su propia identidad y a rechazar a hablarles a los indecisos hasta dos semanas antes del ballottage. Un poco tarde para revertir el resultado. Y aún más complicado si el FpV no entiende que esas dos semanas le permitieron acortar una distancia que iba a ser mucho mayor.

¿Por qué esto tendrá consecuencias directas en 2016?
Primero, supongamos algo que a simple vista parece imposible: que Cambiemos no entienda por qué ganó. En ese caso, medidas como nombrar jueces por decreto en la Corte se repetirán y profundizarán, generando divisiones entre los adherentes al nuevo oficialismo. Si dialogan con opositores y gobernadores para la foto pero no para generar acuerdos, las cosas se complicarán en el Congreso. Sólo un rotundo éxito económico podría darle fuerte sostén en ese escenario.
Segundo, imaginemos que el FpV no entienda por qué perdió. En ese caso, permanecería en un denuncialismo contra Macri, con un fuerte componente de identidad, sin buscar caminos para lograr nuevas adhesiones a la oposición, sin una estrategia que le permita recuperarse para tener solidez en las elecciones de 2017. Sólo un rotundo fracaso económico de Macri podría darle sostén en ese escenario.

Esto se agudiza porque se acerca el momento de discutir salarios, tarifas y gasto público. ¿Podrá Cambiemos llevar a la práctica su discurso acuerdista para evitar una exacerbación de la conflictividad sindical y social? Un elemento que puede distinguir claramente la etapa actual de los años 90 es justamente si han aprendido la lección. Las presiones de los grandes grupos económicos jamás tienen en consideración los tiempos y necesidades específicamente políticos. Su cortoplacismo es claramente una dificultad para el sector del gobierno que apuntala una cierta autonomía de la política. Evitar que las ansiedades y angurrias gananciales socaven sus propias bases de sustentación. El dilema de Macri continúa siendo entre el pragmatismo y las presiones ideológicas y corporativas (ver mi nota en PERFIL, 23-11-2015). Eso se plasmará tanto en la velocidad como en las zonas sobre las que se realizará el ajuste económico. No es con apresuramiento que podrán encontrar la salida de ese laberinto. El botón de muestra es el supuesto pragmatismo de la designación de dos jueces de la Corte, que habría estado dirigido a dividir a los senadores peronistas. Como un boomerang los unificó, porque nadie acepta quedar afuera de la mesa de negociación. Y además reveló la debilidad de las supuestas convicciones republicanas.

¿Tiene chances de recuperarse el FpV si no hay un fracaso económico de Macri? Su primera necesidad es un análisis político más realista. Las elecciones de 2003, 2007 y 2011 las ganó siempre con alianzas, nunca tuvo una mayoría uniforme y propia. Siempre lideró frentes heterogéneos que en distintos momentos incluyeron a Duhalde, Cobos, De la Sota, Massa, Solá, Moyano. El kirchnerismo no va a convertirse en mayoría sin alianzas que lo trasciendan. Mientras tanto, su propio dilema también es entre cierto dogmatismo y cierto pragmatismo desde sus propias convicciones. La primera vía lo llevaría a una política catártica, de denuncia constante, de un enojo improductivo y posiblemente de aislamiento creciente.
La segunda opción implica elaborar los motivos de la derrota electoral, captar los climas sociales que hay en la coyuntura, analizar los posicionamientos de diversos actores sociales no kirchneristas. Y, por sobre todas las cosas, salir de una dinámica reactiva para desplegar una estrategia de articulación política. Es cierto que para lograr eso, el kirchnerismo necesitaría tener la capacidad de transformarse a sí mismo. Pero también es cierto que si no consigue cambiar, su única chance sería un estrepitoso fracaso del oficalismo actual. Eventual fracaso que nadie sabe quién podría capitalizar.

*Antropólogo.



Alejandro Grimson