COLUMNISTAS SALVAR UN BANCO

Dinosaurio europeo

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Deutsche Bank. Sus problemas financieros pueden afectar toda la región.
Deutsche Bank. Sus problemas financieros pueden afectar toda la región. Foto:Shutterstock
Un cierto sobresalto sacude a Europa. Esta vez no hablamos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea ni de los miles de refugiados que emergen diariamente del Mediterráneo. Ahora hablamos de los problemas de un banco gigante europeo que pueden afectar a toda la región: el Deutsche Bank.

Preguntado hace pocos días sobre la posibilidad de un auxilio estatal al banco, un dirigente del Bundesbank, el Banco Central alemán, recordó con desdén que “el tamaño no salvó a los dinosaurios de la extinción”. Omitió, sin embargo, recordar que, abierto en 1870, el Deutsche Bank es un dinosaurio mucho más experimentado que el todopoderoso Bundesbank y con muchos más años de vida que la propia república alemana. El funcionario tampoco tuvo presente que, en vísperas de elecciones, lo único que Angela Merkel no necesita es tener a un dinosaurio obstruyendo el camino hacia su cuarto mandato como canciller. 

Salvar un banco es sin duda una de las decisiones más tóxicas que un político puede tomar. En primer lugar porque el rescate siempre cuesta demasiado dinero, dinero que no se invierte en áreas como la salud, la infraestructura y la educación públicas. Y también porque al día siguiente los bancos seguirán siendo vistos como “un lugar donde a uno le prestan un paraguas cuando hace buen tiempo y se lo piden de nuevo cuando empieza a llover”, parafraseando al poeta Robert Frost.

Devendrán los problemas del Deutsche Bank de haber financiado al Estado alemán durante la crisis del euro? No, en plena agonía global Berlín se financiaba con tasas de interés negativas. Será, entonces, que la economía alemana no anda bien? No, Alemania sigue con excedentes mientras las otras economías europeas acumulan déficits.
La verdadera raíz de los problemas del Deutsche Bank es bastante lineal: los montos astronómicos que está obligado a pagar para evitar ser juzgado en los tribunales de distintas jurisdicciones.

Lo que hizo sonar la alarma fueron los 14 mil millones de dólares exigidos por la Justicia norteamericana para cerrar la investigación sobre la responsabilidad del Deutsche Bank en el colapso del mercado subprime. Aparentemente el banco no niega ninguna de las prácticas de las que se le acusa y que contribuyeron al estallido de la crisis financiera. Sólo lucha por una multa de valor inferior. Pagar millones de dólares para no enfrentar a un juez es en sí mismo una irrefutable admisión de culpabilidad.

Este es sólo uno entre los diversos episodios que se le imputan al Deutsche Bank. Desde 2015, por ejemplo, el banco accedió a pagar sumas millonarias para no ser juzgado por la manipulación de los tipos de interés, por la adulteración de los precios de mercado de la plata y del oro y hasta por la violación del embargo norteamericano a países como Irán y Siria.

En la actual coyuntura, no está claro si el Deutsche Bank va a necesitar de ayuda estatal, ni si –necesitándola– recibirá esa ayuda. De hecho, Angela Merkel no parece tener mucho capital político disponible. Internamente, porque están demasiado cerca las elecciones de septiembre de 2017 y porque la formación euroescéptica “Alternativa para Alemania” creció inesperadamente en las dos últimas elecciones regionales. Y, externamente, porque todos recuerdan el vigor con que Berlín se opuso a la intervención de otros Estados europeos en sus sistemas bancarios.

Aún así Merkel debe estar sopesando la posibilidad de que un estornudo del mayor banco alemán resfríe la principal economía europea y termine contaminando a la Unión Europea.
Resulta curioso observar que el más moralizador de los gobiernos europeos tendrá que tomar pronto una decisión sobre, justamente, el “riego moral” en el sector bancario. Este fue el principal dilema político de la última crisis financiera: dejar caer un banco con el riesgo de perturbar todo el sistema o terminar alimentando la propensión del sector a tomar riesgos excesivos sabiendo que la “mano invisible” del Estado aparecerá para absorber los costos.

El dilema aún no ha sido resuelto. Por algo los dinosaurios dominaron la tierra durante tantos millones de años…

*Presidente Fundación Embajada Abierta.