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Dólar: cuando ruge el sistema de precios

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La idea fundamental de “La riqueza de las naciones” de Adam Smith es brutalmente sencilla: los precios que se establecen en transacciones voluntarias entre compradores y vendedores son capaces de coordinar la actividad de miles millones de personas quienes, buscando cada una de ellas su propio interés, contribuyen al bienestar general. El sistema de precios desempeña esta misión sin necesidad de una dirección centralizada. Este mecanismo funciona tan bien que, en general, no nos damos cuenta de ello hasta que alguien lo estropea. El sistema de precios no sólo genera los incentivos correctos para producir más eficientemente y determina quién obtiene las distintas cantidades de cada producto, sino que, más fundamentalmente, transmite información. Así, dados el resto de los precios, un dólar oficial de $ 9,6 ($8 + 20% por anticipo del Impuesto a las Ganancias) y un paralelo que oscila entre   $ 12 y $ 13 están transmitiendo información.

En este sentido, la determinación del valor de equilibrio del dólar tiene dos facetas. Por un lado, el estudio del mercado de moneda extranjera muestra que existen dos valores de equilibrio. Esto es, nos enfrentamos a un problema de equilibrios múltiples, donde para un escenario de alta confianza la moneda se fortalece y con ello el tipo de cambio real cae, mientras que para situaciones de desconfianza la moneda local se deprecia y el tipo de cambio real sube.

Confianza. Respecto al tipo de cambio real y sus múltiples equilibrios, el de alto nivel de confianza está dado por el valor que surge de computar la Paridad del Poder de Compra tanto de corto como de largo plazo. De esta manera, tomado el tipo de cambio nominal oficial promedio de Diciembre de 2013 de $ 6,32, el valor de equilibrio para el corto plazo sería de $ 5,57, mientras que el valor de equilibrio de largo plazo sería de 4,06 pesos.

Por otra parte, el nuevo dólar oficial de   $ 9,6 no sólo implica una devaluación del 75,3% del tipo de cambio nominal respecto al valor promedio del año pasado, sino que, al mismo tiempo, implica un tipo de cambio real equivalente al que rigió durante el período que va desde el cuarto trimestre de 2002 hasta finales de 2005.

Consecuentemente, fijar el tipo de cambio nominal en $ 9,6, implica que el tipo de cambio real elegido por el Gobierno es equivalente al que regía a la salida de la Convertibilidad (post over-shooting) cuando existía un desempleo mayor al 20%, había cerca de 50% de pobres, 25% de indigentes, el PBI había caído 11% y la deuda estaba en default. A la vez, hoy se deberían contemplar las tasas de interés internacionales más bajas de la historia junto a niveles en los términos de intercambio sin precedentes. Así, pareciera que el Gobierno buscó curarse en salud buscando un tipo de cambio nominal que en términos reales constituiría un verdadero techo.

Sin embargo, es aquí donde entra la faceta de la nominalidad. La emisión monetaria (neta del aumento del PBI y de la demanda de dinero) determina el crecimiento de los precios nominales de la economía y, dado que el tipo de cambio es un precio más, la moneda local se devalúa al ritmo de la inflación.

Consecuentemente, si para 2014 la misma fuera del 35%, mantener el tipo de cambio real objetivo del Gobierno, ello implicaría un dólar de $ 12,96 para fin de año.

Desafortunadamente, el trabajo del economista no es tan sencillo. Lo anterior implicaría esperar que los agentes acepten pasivamente la devaluación con la consecuente pérdida de valor de la moneda (inflación). Esto es, adicionalmente, el tipo de cambio nominal está afectado por las condiciones del mercado monetario y es ahí donde entra el problema de exceso de pesos que muestra la economía.

Hoy el M1 alcanza un 15,5% del PBI, mientras que su valor de equilibrio se ubica en torno al 10,5% del PBI. Esto es, hoy en la economía sobran por lo menos $150.000 millones (5% del PBI) y de mediar un cambio de humor que redujera la demanda de dinero a su valor de equilibrio, el salto en los precios sería del 50 por ciento. Si a esto le sumamos niveles de emisión del 30%, la tasa de inflación sería del 100 por ciento. . En cuanto a la probabilidad de que nos enfrentemos a un escenario de este tipo también depende de la confianza, la cual oscila entre 30% y 98% según la credibilidad que inspire el Gobierno.

Por lo tanto, el Gobierno ha marcado un rumbo. Ahora, el sistema de precio dará su veredicto. Si el Gobierno ha logrado restituir su reputación y genera una situación de alta confianza, Cristina Fernández de Kirchner podrá volver a repetir la frase célebre de Lorenzo Sigaut: “el que apuesta al dólar pierde”. En caso contrario, sin confianza, y de no limpiarse el exceso de pesos y poner fin al déficit fiscal, el conjunto de precios y con ellos el tipo de cambio nominal seguirán su marcha ascendente.

Setenta años de historia y la destrucción de cinco signos monetarios (quitando 13 ceros a la moneda) ameritan prudencia y paciencia para dejar que los agentes se manifiesten y que luego ello sea decodificado por el sistema de precios.

 

* Economistas, autores de Política Económica Contra Reloj.



Javier Milei, Diego Giacomini y Federico Ferrelli Mazza