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Dólares y sandías

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Las frutas de estación tienen un precio que está directamente vinculado con la oferta disponible de la misma. En mi caso esto aplica particularmente con la sandía. Suelo consumirla abundantemente en verano ya que si bien no es barata, me puedo dar ese gusto. Durante el invierno el costo resulta prohibitivo. Resulta curioso pensar qué sucedería que yo fuera el único en mi barrio que poseyera sandías exactamente en el momento en que se conoce que no habrá sandías durante todo el verano. ¿Qué sucederá  con el precio de mis sandías? Simple, va a subir, ¿cuánto? Si la sandía se encarece demasiado siempre pueden comprar melón, que hay en abundancia y es más barato.

Ahora bien, si en lugar de sandías lo que tenemos son dólares, podemos intentar pensar qué pasaría si la Argentina entra en cesación de pagos. Sería algo así como recibir la noticias de la magra cosecha de sandías ya que nos veríamos imposibilitados de acceder con fluidez al mercado de crédito internacional. Esa falta de dólares en perspectiva a futuro, elevaría el precio del dólar en el presente, primero presionando sobre el dólar ilegal y luego el oficial. Este último siempre puede restringir la demanda ya que el cepo limita el acceso a los dólares igual que la férrea administración de las importaciones. Sucede que esto tiene un límite dado que seguiremos necesitando dólares para importaciones y deuda.  

La salida de dólares sin ingreso será como el efecto de la sandía;  para que eso no se desmadre, el Estado ofrecerá melones, es decir subirá la tasa de interés. Este mecanismo podrá funcionar, pero el costo será el enfriamiento de la economía con impacto en el empleo. Otro camino posible es que nos convenzamos de que la sandía estará antes de lo previsto entre nosotros porque va a aparecer de algún lado. Lo que en el mercado de cambios sucedería si la señal por parte del Poder Ejecutivo fuera clara para volver a recuperar crédito internacional que hoy no tenemos. También nos pueden tratar de convencer de que comamos alguna fruta más autóctona. Eso sería como volver a confiar en el peso.

* Economista.



Matías Tombolini