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Dos planos y una necesidad: el equilibrio

El gobierno de Mauricio Macri deslumbra con una agenda internacional promisoria. La necesidad de atender en simultáneo lo urgente y lo importante.

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Foto:Cedoc

Un cuerpo con poca base de sustentación que se mantiene sin caer.  Un peso que es igual a otro y lo contrarresta. La ecuanimidad, mesura y sensatez en los actos y juicios. La prudencia o astucia en pos de sostener una situación, actitud, opinión insegura o dificultosa. Uno es el denominador común: el equilibrio

Proviene del latín “aequilibrium”. Es la unión de dos conceptos: “aequus” que significa lo igual y “libra”, acepción de balanza, balance o peso. La igualdad en el peso, balance o equivalencia entre todas las influencias se compensan haciendo alusión al reposo. 

Los desafíos que atravesamos son puntos extremos constantes y está en nosotros hallar el término medio.

En Moral a Nicómaco, Aristóteles indaga en la búsqueda del justo medio. “Y así, todo hombre instruido y racional se esforzará en evitar los excesos de todo género, sean en más, sean en menos; sólo debe buscar el justo medio y preferirle a los extremos. Pero aquel no es simplemente el medio de la cosa misma, es el medio con relación a nosotros.” Se trata de la medida justa entre el exceso y el defecto, vale decir, la moderación

Todo acto puede pecar por exceso o por defecto, o encontrar un justo medio. Tanto el exceso en más es una falta como el exceso en menos. “… el medio únicamente es digno de alabanza, porque el sólo está en la exacta y debida medida; y estas dos condiciones constituyen el privilegio de la virtud. Y así, la virtud es una especie de medio, puesto que el medio es el fin que ella busca sin cesar.”

A poco más de 70 días, el gobierno de Mauricio Macri deslumbra con una agenda internacional promisoria y se encuentra tironeado por la herencia crítica recibida tanto en materia económica como social.

Puede que el mayor defecto haya sido la ausencia de comunicación a la hora de relatar con claridad cuál era el real escenario que debía enfrentar nuestro país y los costos a pagar. La verdad es cruel pero su contracara es la liberación. 

Durante doce años la política exterior fue una mera extensión de la política doméstica y, lo que es peor, partidaria acérrima. El alineamiento con China, Rusia, Irán y Venezuela lejos de constituir un mero capricho fue una clara lectura global de cierta preponderancia ideológica que expulsó todo atisbo de inserción global de Argentina en calidad de líder regional. 

Hoy nuestro Presidente recibe a Matteo Renzi, François Hollande y próximamente a Barack Obama. Participa del Foro Económico Mundial de Davos y dialoga con David Cameron.

El frente a trabajar en lo inmediato es el interno. Los límites de la luna de miel política poco a poco se tornan más porosos. Materia pendiente es la inflación no controlada, crisis en el INDEC, reclamos salariales docentes, cortes de luz, la suba del dólar. Pocos son los días como para hacer una análisis cabal. Muchos son los agujeros a tapar y una la salida: el equilibrio entre una inserción global que está cambiando de manera diametral y el aguacero doméstico que contrae los ritmos cardíacos sociales.

Atender en simultáneo lo urgente y lo importante conlleva el desarrollo de una capacidad visionaria que permite deslindar y resolver al mismo tiempo los incendios internos y consolidar el posicionamiento que está buscando nuestro país en la región y el diálogo con el mundo.

Necesitamos fortalecer el pacto, el diálogo, el acuerdo entre ambas partes: sociedad y gobierno. Morir al yo egoísta de los beneficios personales permite vislumbrarnos en una barca llamada Nación y un destino llamado prosperidad y abundancia para todos que implica tiempo de auto comprensión para ambas partes. 

(*) Analista Política Nacional e Internacional. Magister en Relaciones Internacionales Europa – América Latina (Università di Bologna). Abogada, Politóloga y Socióloga (UBA). Twitter: @GretelLedo.



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