COLUMNISTAS COLUMNISTAS


Dos revistas, un libro

La pregunta que me hago cada vez que me interpela un libro como Intérpretes… es desde dónde leo, cómo puedo apropiarme de un texto.

Portal Perfil.com
Portal Perfil.com
Foto:Perfil.com
Pocos libros me resultaron más interesantes que Intérpretes de la metrópoli. Historia social y relaciones de género en el teatro y en el campo intelectual de San Pablo, 1940-1968, de Heloisa Pontes, publicado recientemente por la Universidad Nacional de Quilmes. Desde lejos, como estoy –lejos de Quilmes, de Brasil y sobre todo de las ciencias sociales–, las cosas pueden verse de otra manera, y por lo general, mal. La crítica externa a un campo o disciplina suele resultar entre trivial y prejuiciosa. Por lo tanto, la pregunta que me hago cada vez que me interpela un libro como Intérpretes… es desde dónde leo, cómo puedo apropiarme de un texto que está destinado, a priori, a otro tipo de circulación, de recepción. En principio, me gusta devolverle la arbitrariedad que el texto sociológico, en nombre de su deuda con la metodología de investigación académica y la retórica supuestamente científica omite, esconde o disfraza. El primer capítulo de Intérpretes… es un brillante ejercicio de sociología comparada entre la dimensión cultural de los integrantes –y sus discursos– de la revista neoyorquina Partisan Review y los de la revista paulista Clima, ambas publicadas en épocas similares (fines de los años 30, y década del 40). Parte de la argumentación de Pontes reside en justificar esa elección, que incluye la comparación “entre el origen social (y étnico en el caso norteamericano), las transformaciones en la estructura social y en el campo cultural de las respectivas ciudades y sus implicaciones en las trayectorias de los integrantes más significativos de esos grupos; el lugar del ensayo en el moldeado de la identidad cultural; las relaciones (y tensiones) de estos intelectuales con la cultura académica y política”, entre otras cuatro o cinco variables que no transcribo por falta de espacio. Presentado de ese modo, no cabe duda de que la comparación entre el grupo en torno a Partisan Review y el de Clima no sólo es pertinente, sino incluso necesaria. Faltaba una investigación que indagara ambas revistas. Pero ¿es así? ¿Por qué Partisan Review, Clima y no otras? Desde los años 40 y hasta principios de los 60, sobran las revistas europeas, norteamericanas y latinoamericanas integradas por intelectuales de una izquierda más o menos modernizadora, formados en la academia pero en cierta tensión con ella, en tensión también con la URSS y a la vez con las derechas locales. ¿Por qué haber elegido esas dos y no otras? ¿Pero por qué no? Desde afuera del campo académico pierde relevancia el diezmo que Pontes paga para justificar que su elección es solvente, argumentada, adecuada. No me importa por qué las eligió. Y de hecho, si miramos de cerca, comparar una revista paulista con otra neoyorquina –incluso de la misma época– tiene algo más tirado de los pelos que haberla comparado con una revista argentina o europea –en especial francesa–, cultura que ejercía todavía gran influencia sobre los intelectuales sudamericanos. Pero nada de eso importa. Con algo de arbitrariedad y mucho de talento, Pontes eligió esas revistas, y nos permite a nosotros, sus lectores diletantes, comprender de un modo sofisticado y erudito el transcurso de conformación del campo literario y el proceso de modernización brasileño, que se había iniciado a mediados de los 20, con la irrupción del modernismo.