COLUMNISTAS OPINIÓN

Duchamp sociólogo

Leer las cartas en orden cronológico proporciona una idea precisa de la mirada de Duchamp sobre Buenos Aires.

Portal Perfil.com
Portal Perfil.com Foto:Perfil.com

No hay demasiado escrito sobre la estadía de Marcel Duchamp en Buenos Aires, entre septiembre de 1918 y junio de 1919. La biografía de Calvin Tomkins apenas si la menciona. T.J. Demos, en The Exiles of Marcel Duchamp, libro dedicado a los viajes del artista, consagra solo un capítulo al tema. Por supuesto, el primero en haber reparado fue Cortázar, pero como de costumbre, lo suyo no fue más allá de lo anecdótico. Finalmente, el ensayo más documentado e interesante sobre el asunto lo escribió Gonzalo Aguilar (“Viaje a la ciudad de la cuarta dimensión”, publicado en Marcel Duchamp: una obra que no es una obra de arte, Proa, Buenos Aires, 2008) en el que, además de arriesgar sugestivas hipótesis acerca de las probables razones que llevaron al enigmático francés a recalar en este puerto, avanza con un estricto análisis de las 4 obra que Duchamp realizó en Buenos Aires (una de ellas no menor –“Ready Made Infeliz”- porque allí se encuentran motivos –en especial el diseño de los hilos que distribuyen a los pretendientes- que reaparecerán en El Gran Vidrio). El libro de Proa consigna también las cartas que Duchamp envío desde Buenos Aires, tomadas no solo del clásico –e increíblemente aún inédito en castellano–  Affectionately, Marcel. The Select Correspondence of Marcel Duchamp, compilado por F.M.Naumann y H. Obalk, Ludion (Amsterdam, 2000), sino también de otros sitios e instituciones, con cartas no incorporadas en Affectionately…

Leer las cartas en orden cronológico proporciona una idea precisa de su mirada sobre Buenos Aires. En la tercera carta (a Carrie, Ettie y Florine Stettheimer, 20/9/18) escribe: “No crean una palabra a los que dicen que Buenos Aires es muy cara. Mucho menos cara que Nueva York. Comida excelente, manteca como la que no se consigue en Columbus Avenue (...) Calles angostas como las que hay detrás de la Madelaine en París”. En la carta siguiente (a Jean Crotti, 26/10/18), agrega a la comparación: “la vida nocturna no tiene la intensidad que en Nueva York”. Y realiza una primera evaluación del estado del arte local: “Aquí no hay rastros de Cubismo ni de cualquier otra elucubración moderna (…) vi a algunos pintores. Nada interesante, solo una especia de somnolencia”. En la carta siguiente (A Louise y Walter Arenberg 8/11/18), ya es más agudo: “Conozco la ciudad de memoria. Muy de provincia (…) no hay vida en los hoteles (…) aquí el Plaza es un pretexto para reunirse en familia los domingos en apoyo a la Cruz Roja en algún país”. En la siguiente (a Carrie, Ettie y Florine Stettheimer, 12/11/18) va directo al grano: “Buenos Aires no existe. Apenas una gran ciudad de provincia llena de gente rica sin el menor gusto: todo traído de Europa, hasta las piedras de sus casas. Aquí no se fabrica nada, cuestión que hasta consigo pasta dentífrica francesa, a la que hacía tiempo había renunciado en Nueva York. De noche nadie sale: la gente ‘bien’ se reúne entre sí y no tiene el menor interés en conocer a nadie que no sea de su entorno. Son muy arrogantes en todo lo que hacen. Creen que Nueva York está empedrada en oro, y sienten gran respeto por las personas que hablan inglés, aunque sea mal”. En la anteúltima carta (a Walter Pach, 6/6/19) remata: “Buenos Aires es una ciudad donde todo lo que es nuevo (para ellos) es un éxito financiero”.