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Efecto cornisa y tres banderas

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Foto:Cedoc Perfil

Argentina podría haber salido bien de la Guerra de Malvinas si se hubiera aceptado la propuesta de un período interino en el que flamearan las tres banderas en las islas (Reino Unido, Argentina y Naciones Unidas) y se hubiera formado una administración interina hasta llegar a un acuerdo. Pero Galtieri, envalentonado con el amplio apoyo popular que la causa despertaba en la población, no quiso retirar las tropas argentinas de las islas cuando todavía no había salido la flota británica y aún estaba en una posición de fuerza.

Pelear para negociar mejor hubiera sido un acierto estratégico. El recuerdo de la Guerra de Malvinas se hace presente a partir de la malvinización del conflicto “patria o buitres”, donde nuevamente un gobierno cosecha apoyo nacionalizando una acción que, de persistir en ella, puede terminar logrando lo opuesto.

El equivalente actual a aquellas tres banderas sería la posibilidad de que el Gobierno acordara con todos los holdouts, no sólo los incluidos en el fallo de Griesa, a partir de enero próximo, cuando la célebre cláusula Rufo haya perdido vigencia, y que tanta beligerancia antibuitres no haya sido más que una forma de negociar en mejores condiciones con ellos.

Dicen que el papa Francisco recomienda el libro Estrategia: la aproximación indirecta, escrito por el capitán B.H. Liddell Hart, cuya primera edición fue en 1929 y se convirtió en un clásico manual de la mayoría de las escuelas militares occidentales en el siglo pasado. Algunas frases de ese libro podrían ser proféticas: “Todo el arte militar se basa en el engaño. En consecuencia, cuando estamos en condiciones de atacar, debe parecer que no lo estamos; cuando usemos las tropas, debemos parecer inactivos; cuando estemos próximos, debemos hacer creer al enemigo que estamos lejos; cuando estemos lejos, debemos hacer creer que estamos cerca. Ofrecer cebos para atraer al enemigo. Simular desorden y aniquilarlo”; “Conquistará quien haya aprendido el arte de la desviación, ése es el arte de la conducción”; “La resistencia es menor cuando son tomados por sorpresa que cuando están alertados”. “En estrategia –continúa Hart–, el camino más largo y desviado, pero que envuelve, es el que conduce más rápido al objetivo”; “Lo inesperado no puede garantizar el éxito, pero sí garantiza la mejor oportunidad de obtener tal éxito”.

Así como Kicillof dijo que no pensaba pagarle un dólar a Repsol por YPF y que incluso le haría juicio por daños desde ecológicos hasta tributarios, para luego llegar a un acuerdo que dejó contentos a los españoles, ¿estará ahora haciendo lo mismo con los fondos buitre para dejarlos “contentos” dentro de algunos meses tras haberlos hecho resignarse a no cobrar nada hasta después de 2016 con la llegada de un nuevo gobierno?

Hay quienes piensan que el Gobierno acordará con los holdouts a partir de enero próximo, pero no porque ése haya sido siempre el plan kirchnerista, disimulado para negociar en mejores condiciones, sino por lo que denominan “efecto cornisa”, que se resume en un teorema: cuanto más cerca del abismo se encuentre el kirchnerismo, más predispuesto a negociar estará. A diferencia de la Guerra de Malvinas, donde una vez que la flota inglesa había zarpado, y más aun cuando ya había entrado en combate, las posibilidades de un acuerdo pacífico se extinguían, en el conflicto con los fondos buitre nunca se agotan las posibilidades de negociación. La tempística en este caso está regulada por la economía: cuánto se pierde de lucro cesante mientras se pospone una negociación y cuánto se consigue de quita cansando al acreedor.

Entre quienes creen que el kirchnerismo no resolverá el problema de los holdouts y que 2015 será un caos económico comparable a un 2002 en cuotas (en lugar de caer el producto bruto más de un 10% en un año, caería 4% en 2014 y otro 5% o más en 2015) se consuelan diciendo que en algún sentido tiene algo positivo: impedir que el kirchnerismo (y el peronismo en su conjunto otra vez) logre pasarle la bomba económica al próximo gobierno. O sea que el fallo de Griesa tendría como efecto secundario positivo desnudar las graves falencias que se vienen acumulando durante años de un modelo económico que dejó de agregar valor hace bastante tiempo.

Triste consuelo, como cuando en los ’80 Margaret Thatcher se ufanaba diciendo que al ponerles límite a los militares ella había contribuido a adelantar la llegada de la democracia a la Argentina. Sólo 15 meses después, en Brasil los militares dejaron el poder y también llegó la democracia sin necesidad de ninguna guerra perdida. Los escarmientos los sufren todos, y hasta el más opositor tiene que desear que el kirchnerismo resuelva el problema de los holdouts, recupere el crédito internacional y llegue a diciembre de 2015 en mejores condiciones que las actuales.

El domingo pasado, el título principal de tapa de PERFIL fue: “Preparan plan económico final. Habría arreglo con los buitres en enero y megacanje de despedida”. Allí se sostenía que “el temor a una corrida fuerza al Gobierno a salir del default en enero (y) ya habría contactos para negociar con todos los holdouts (porque) buscan dólares para volver a crecer”.

Ojalá la salida de Fábrega del Banco Central, la próxima de Capitanich de la Jefatura de Gabinete y las que se agreguen se transformen en parte de una estrategia de aproximación indirecta del Gobierno para llegar sano y salvo a fin de 2015. Y que todos los gritos destemplados no sean fruto de un espasmo de impotencia suicida sino apenas un teatro al servicio del arte de la desviación.



jfontevecchia