COLUMNISTAS MILANI Y EL MODELO II

Ejército descafeinado y espionaje interno

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Qué puede escribirse sobre Milani que no se haya dicho ya? Jefe de un ejército descafeinado mucho antes del ascenso concedido por la Comandanta en Jefe y sus senadores –conmovidos quizás por el papel estelar de la fanfarria del Regimiento de Granaderos en el espectáculo candombero del 10/12- arriba al mismo máximo grado que ostentaron sus antecesores en dictadura y democracia. La mayoría cultores de distintas especialidades castrenses menos la del servicio de inteligencia, en dictadura a cargo de oficiales poco afines con los “fierros” y con vocación militar-policíaca (que difícilmente pasaban de coronel). Hoy el generalato del espionaje comanda una institución cuyas unidades de infantería, caballería blindada, artillería, ingenieros y comunicaciones han sido reducidas a sólo un cuarto del personal de tropa necesario para sostener una guerra clásica. Y con munición para 1/2 días de combate. Hace pocos años visité unidades desplegadas en el sur patagónico. Una de ellas, justamente, la Escuela de Alta Montaña Tte. Gral. J. D. Perón, en Bariloche. Los cuarteles aparecían pulcros, ordenados, apacibles….pero vacíos. Grupos de artillería que necesitaban no menos de 300 soldados para disparar sus baterías y proveer la logística de personal, equipamiento, tecnología y sanidad para el apoyo de combate, disponían de unos 65 soldados para ocho obuses (vgr. cada pieza de artillería de montaña, o campaña, requiere unos 10/12 de sirvientes).

Salvo que ante levantamientos policiales o populares un Ejército filo K saliera a reprimir y así consiguiese pertrechos, ese alistamiento raquítico responde a la curiosa doctrina de la “defensa defensiva” (invento de N. Garré, H. Verbinsky y otros genios) perfecta tautología que significa que no hay que preocuparse de tener FF.AA. en forma y en equilibrio con las de la región, dada la inexistencia teórica de hipótesis de conflicto con Chile, Brasil, Bolivia y Paraguay. La razón profunda: negar a las FF.AA. “masa de maniobra” para golpes. Con lo cual la pregunta de fondo es: ¿y para qué se las necesita? ¿Para custodiar nuestras fronteras? No. Esa es (¿o era?) tarea de la Gendarmería, aunque esté en cualquier lado mientras algunas patrullas militares deambulan por el colador fronterizo muy abajo de los vuelos narcos. ¿Para cuidar nuestra soberanía marítima? En la Armada escasean el combustible y los repuestos (la Prefectura hace de policía barrial y poco puede hacer). ¿Para cuidar nuestro espacio aéreo? Los pocos aparatos de la Fuerza Aérea en operación son “ataúdes volantes” y tienen prohibido derribar un jet transgresor aunque no se identifique y desobezca aterrizar.

El firme predomino de la alcahuetería –acusada de espiar políticos y periodistas- en la cúpula del ejército, trae viejos y malos presagios. Para qué sirve una conducción militar incapaz de capitalizar la principal lección de Malvinas: un ejército ideologizado y volcado al control (y virtual represión) de la oposición, no sirve para la defensa nacional.
La historia setentista también enseña la receta para convocar a fantasmas golpistas. Uno de los jefes del ejército que asumieron tras la caída de Cámpora, el general Anaya, intentaría un “profesionalismo prescindente” de la lucha interna. Otro, Numa Laplane, proclamó el “profesionalismo integrado” al modelo justicialista y al gobierno de Isabel Martínez. Pero Laplane no temía, no fingía, ni necesitaba recursos extras. En el ´75 asumió Videla con el fusil apuntado a la República.
Ahora, reeditando aquel fugaz intento de alianza del Ejército con los Montoneros en 1973 –y al modo de un “Operativo Dorrego” mostrenco- CFK ha logrado la hazaña de evocar la memoria del partido militar en la Argentina. ¿El kirchnerismo de Milani es puro negocio económico y penal? Su formación y actuación como oficial subalterno en los años de plomo –igual que sus compañeros presos en Marcos Paz- es la clave para imaginarlo en la hora de los hornos.

*Sociólogo y periodista.



Gustavo Druetta