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El arte de lo posible

La gestión M se debate entre el empleo público sobredimensionado y un gradualismo difícil.

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Foto:Dibujo: Pablo Temes

En estos días se acusa al gobierno de Macri de estar desmantelando el Estado. Los dardos vienen directo desde el kirchnerismo más enconado. Cada vez que aparece información acerca de que en alguna dependencia pública se producen despidos o la cesantía de contratos los militantes nac & pop reaccionan como si ellos fueran dueños del empleo público. En realidad es sólo el primer síntoma de un malentendido. Los últimos años de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner mostraron dos cosas: el estancamiento del empleo privado y el escandaloso aumento del empleo público. En 2015, último año del kirchnerato, el sector público acrecentó su planta laboral a razón de 177 empleados por día. Desde enero de 2003 hasta fines de 2015, el empleo público creció el 67% contra sólo el 22% del empleo privado, y los saltos más bruscos se produjeron en años electorales.

¿Está mal ser empleado público? Claro que no, debería ser todo un honor. Pero a estas tasas estamos frente a un círculo vicioso. La entrada de empleados al Estado llega a un punto en el que es difícil creer que todos tengan un rol determinado y productivo para la sociedad. El empleo público se vuelve una forma de supervivencia y, en casos, fuente de financiamiento de la política. Por ejemplo, Martín Sabbatella financiaba su estructura partidaria descontándoles el 8% del salario a los empleados de la Afsca, y recolectaba por año alrededor $ 3.360.000 para su partido Nuevo Encuentro. El kirchnerismo no sólo aumentó el empleo público, sino que también desarrolló organigramas elefantiásicos en todos los organismos del Estado subdividiendo roles y funciones que necesitan integralidad. Una planta laboral exacerbada y organigramas fuera de control no sólo comprometen el financiamiento de los entes públicos, sino también su capacidad para reaccionar en tiempo y forma ante los problemas de la sociedad.

¿Qué es desmantelar el Estado, entonces? ¿Es despedir a ñoquis o planta ociosa? ¿O es otra cosa? Hay varias formas de desmantelarlo, de dejarlo sin fuerza.
Una muy letal es fomentar el avance del narcotráfico haciendo la vista gorda, o usar los resortes institucionales para la importación de precursores químicos para drogas de diseño como la efedrina.

El triple crimen de Forza, Ferrón y Bina, junto con la triple fuga de los hermanos Lanatta y Schillaci, son el fiel reflejo del desmantelamiento del Estado durante la “década ganada”. En los últimos años, funcionarios públicos jugaron a favor del narcotráfico y le permitieron infiltrarse rápida y sostenidamente en las instituciones policiales a lo largo y ancho del país. De hecho, hay jueces y fiscales que fueron carcomidos por la amenaza narco. El narcotráfico conforma así un Estado paralelo parasitario del Estado nacional y se expande como un cáncer silencioso. Hasta ahora, el gobierno de Macri está demostrando que la lucha contra el narcotráfico va en serio reconociendo las dificultades que se van a generar a lo largo de un camino sinuoso lleno de trabas, incompetencia institucional heredada y cómplices que bancan estructuras narco. Probablemente, en las próximas semanas se va a anunciar la conformación de una agencia policial como el FBI para la lucha contra crímenes federales tales como el narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero y las defraudaciones.

Peronistas. Mientras tanto el peronismo intenta desprenderse de las complicidades K. Pero de qué peronismo hablamos, porque hay un archipiélago de dirigentes justicialistas que hacen política en forma desarticulada. Algunos se muestran para la foto, como Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey en Pinamar, posicionándose así mediáticamente como peronistas dialoguistas, lo cual implica el nuevo signo de los tiempos frente a lo que nos tenía acostumbrados el kirchnerismo.
Sobre este hecho hubo interpretaciones que indican que hay un armado peronista por fuera de la estructura del PJ, lo cual está por verse ya que nadie puede regalar el andamiaje electoral del principal partido nacional.

Alguien va a tener que disputarle al kirchnerismo el liderazgo desde adentro. Por otro lado, el hecho político de la semana es el quiebre del bloque del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires. Un grupo liderado por Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Juan Zabaleta (Hurlingham), Gabriel Katopodis (San Martín) y Mariano Cascallares (Almirante Brown) logró encauzar las negociaciones que le permitirán a la Provincia endeudarse por $ 60 mil millones.
El grupo de intendentes dialoguistas también incluyó a Patricio Mussi (Berazategui), Hugo Corvatta (Saavedra), Eduardo Bucca (Bolívar), Alberto Descalzo (Ituzaingó) y Juan Pablo de Jesús (Partido de la Costa). Incluso se fueron incorporando algunos jefes comunales que no venían participando de las reuniones con el Ejecutivo, como Gustavo Arrieta (Cañuelas) y Jorge Ferraresi (Avellaneda). Estos intendentes se llevarán unos $ 10 mil millones para disponer (con condiciones) en obras y seguridad para sus territorios.

Con este quiebre del bloque del FpV, el infatuado José Ottavis perdió el liderazgo de la bancada de diputados provinciales, pero también pone en duda al ex intendente de La Matanza Fernando Espinoza como presidente del PJ bonaerense. No sabemos hasta el momento dónde queda Scioli; cuál será su futuro político es una incógnita. Todavía falta mucho para saber si el peronismo se va a reunificar o si seguirá así. Cuanto más nos acerquemos a las elecciones de mitad de término mejor sabremos la verdadera reconfiguración del peronismo. Por ahora son sólo conjeturas y fotos para los medios.

Por último, la gran novedad de la semana es el gradualismo que decidió aplicar el ministro de Finanzas en relación con las metas de inflación y reducción de 1,5% del déficit fiscal por año. Así, sólo se logrará un equilibrio al final del mandato, morigerando sobresaltos sociales.

El gran desafío lo van a tener Francisco Cabrera y Jorge Triaca, que serán los encargados de contener a empresarios y sindicalistas. ¿Podrán? La política es el arte de lo posible.

*Politólogo.
En Twitter, @martinkunik
 



Martín Kunik