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El camino hacia lo similar

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La clave nunca ha estado en los acontecimientos y en los detalles, porque la experiencia del kirchnerismo y su último examen electoral continúa basándose en grandes claves sociodemográficas. No son los episodios o las noticias estruendosas lo que beneficia o afecta al kirchnerismo, sino su base social sólida.

La composición del voto de Daniel Scioli, al igual que en las PASO, es especialmente fuerte en todo el norte del país, algo menos en el Gran Buenos Aires, pero sosteniendo igualmente un claro liderazgo, también buen desempeño en gran parte del sur del país e igualmente competitivo en toda la zona central. Macri sólo disputa el liderazgo en la zona de Cuyo y domina en la Ciudad de Buenos Aires, nada más.

La base social del voto de Scioli posee una forma parecida a la de Cristina Kirchner. En el nivel socioeconómico más alto posee una intención de voto estimada en 28%, asciende a 38% en los niveles medios y sube aún más en los más bajos llegando al 50%. El nivel de aprobación de gestión de Cristina Kirchner en el nivel socioeconómico más alto es de 39%, también asciende en el medio a 50% y todavía un poco más en el más bajo llegando a 56%. Para ambos casos, a menor nivel socioeconómico, mayor intención de voto y mayor aprobación de gestión.

El otro componente fundamental de esta elección está dado por la evaluación de la economía, factor clave para medir la suerte de todos los oficialismos en Occidente. La fortaleza antes mencionada del Frente para la Victoria, según la región del país, oculta de fondo diferentes consideraciones en relación con los estados de las economías según la opinión de los habitantes de estas zonas. Donde Macri se hace más competitivo, por ejemplo en la zona de Cuyo, la evaluación positiva de la economía se encuentra sólo en el 25%; donde Scioli se hace muy fuerte, por ejemplo en el Noroeste, la evaluación de la economía llega a 56%. El país que está entregando la Presidenta está partido, pero no ideológicamente, sino en su economía.

Las derrotas electorales previas del oficialismo, en elecciones provinciales como las de Mendoza o Córdoba, fueron leídas de manera incorrecta. En lugar de encontrar estos componentes estructurales vinculados al daño que las economías regionales poseen hoy, se los interpretaba como una suerte de vuelco ideológico de la sociedad a la experiencia política kirchnerista. Eso era sólo una adjudicación causal, de sentido. Ya las PASO devolvieron una imagen completa del escenario y el peso relativo que esas situaciones expresaban.

Del lado opositor todo está bastante más complejo, especialmente para el macrismo. A pesar de haber logrado un recorrido electoral impresionante en el último año, se ha encontrado con un techo difícil de perforar y con una crisis de la que no ha sabido, por lo menos hasta ahora, recuperarse. Macri representa, para una parte clave del electorado, alguien en quien no se puede confiar del todo que gobernará para la mayoría. Su origen social y recorrido político generan miedo en los sectores pobres que incluso rechazan a la Presidenta y que sienten que Sergio Massa es una mejor opción y seguridad de que no desarmará un Estado activo en ayuda social. Según nuestros indicadores, para Macri parece complejo llegar a 30%, aunque todavía no imposible.

La elección del 25 de octubre parece estar con altas chances de cerrar una oportunidad opositora para una segunda vuelta. Si bien los números muestran que existe igualmente la opción de que Scioli no llegue a 40%, la diferencia de más de diez puntos porcentuales contra Macri se muestra muy probable. En la semana que se empieza ahora mismo a recorrer, mucha gente irá decidiendo y redefiniendo su voto, algo especialmente marcado entre los votantes de Macri y de Massa. El 70% de cada uno de sus votantes declara que tal vez votaría también por el otro, algo demasiado abultado como para asegurar que nada pasará en los últimos días. De cualquier manera, el daño de Massa a Macri, al seguir siendo competitivo, parece ser el mejor regalo que le han hecho a Scioli, ahorrándole tal vez el tener que seguir la campaña hasta noviembre.

 

*Sociólogo. Director de Ipsos-Mora y Araujo.



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