COLUMNISTAS ENSAYO

El capitalismo y la energía shale

En La verdad oculta de Argentina (Planeta), Walter Graziano aborda muchos interrogantes sobre el presente y el futuro de nuestro país, con su habitual mirada ecléctica y comprensiva, con la que desnuda los factores ocultos que han manejado el destino económico de la nación y a quienes creían dominar todos los resortes del poder. Aquí, el fragmento en el que se pregunta si el petróleo y el gas de Vaca Muerta pueden hacernos cambiar la historia.

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De todos los desafíos que vive la economía moderna en el mundo, probablemente el más vital es el de la energía. Nada de la economía capitalista actual es posible sin el uso de energía. Cerca del 85% de la energía que se consume mundialmente proviene de hidrocarburos fósiles en sus distintas variantes: petróleo, gas natural o carbón. Sólo 15% de la energía que anualmente se consume proviene de otras fuentes. La ecuación energética no es entonces demasiado diferente en el mundo actual a la de la década de los 70, antes de que sobreviniera la primera crisis petrolera internacional y cuando el 90% de toda la energía mundialmente consumida provenía de combustibles fósiles. Cuando en 2003 apareció Hitler ganó la guerra, se revelaba un factor apenas visto en ese entonces: había una gran escasez de reservas mundiales de combustibles fósiles en relación con lo que era su consumo, la aproximación entonces de una nueva era energética en la que debían efectuarse cambios en la matriz energética mundial antes de que fuera tarde y la economía mundial se paralizara por falta de energía.

El problema alcanzaba por igual al petróleo y al gas natural. Para ambos había sólo cerca de 25 años de reservas mundiales. Y ello no era consistente con el precio de ambos. Si bien no había un mercado mundial de gas natural centralizado, sí lo había con el petróleo, y el mismo costaba entre 18 y 20 dólares el barril. Desde allí hasta ahora, el precio del petróleo se quintuplicó y es usual verlo cotizar en alrededor de 100 dólares el barril en su variante West Texas.

El Brent, mucho más escaso ahora, suele cotizar muy por arriba de los valores del West Texas. La fuerte suba en los precios del petróleo y el gas y la conciencia que tomaron una gran cantidad de naciones de que los hidrocarburos fósiles estaban en vías de extinción provocaron una verdadera ola de actividad en el sector y muchos nuevos pozos de petróleo y gas convencional fueron descubiertos gracias a la suba del precio mundial, en un intento de muchos países por escapar de la escasez de energía, y en otros por la voluntad de engrosar el saldo comercial de sus balanzas de pagos aumentando su nivel de exportaciones de hidrocarburos.

Ese aumento en la cantidad de descubrimiento de petróleo convencional lleva la cifra de reservas a 1.500 miles de millones de barriles de reservas mundiales de petróleo convencional que, comparados con un consumo anual algo superior a los 33 mil millones de barriles, implica que hay reservas de petróleo convencional para 45 años en el mundo. Un cálculo y un resultado similar puede hacerse para el gas natural. Como se ve, en sólo unos diez años se han multiplicado los descubrimientos de yacimientos petrolíferos, aunque es necesario decirlo, prácticamente todos los descubrimientos son económicamente rentables con una cotización del barril que dista mucho de los lejanos en el tiempo 20 dólares por unidad que había en el mundo hace poco más de una década. En otras palabras: hay muchas más reservas petroleras y gasíferas que antes, pero también esas reservas son mucho más costosas de extraer y muchas veces, sea porque se encuentran en el fondo de océanos muy profundos o porque están en zonas muy remotas, es caro y difícil extraerlo. Este es un elemento a pensar que puede inducir al cambio de la matriz energética mundial. Poco a poco va conviniendo reemplazar combustibles fósiles caros por otras fuentes de energía más baratas. El problema es que los sistemas de energía eléctrica domiciliaria y en mayor medida aun los sistemas de transporte mundial están abastecidos en un porcentaje muy mayoritario por combustibles fósiles. Ir haciendo los cambios, entonces, implica dar vuelta la tecnología que se usa en las redes domiciliarias y de transporte, por lo que no puede hacerse ni siquiera en forma bien planificada de una década a otra. Por el momento, la relativa “nueva abundancia” de combustibles fósiles no ayuda a pensar estos problemas desde otra óptica y a acelerar dichos cambios. Incluso el desarrollo tecnológico, que podría haberse enfocado en la adopción de tecnologías paralelas, se canalizó centralmente, sobre todo en los últimos años en la industria petrolera y gasífera internacional, con la invención de tecnologías nuevas para producir petróleo y gas no convencionales, o sea shale oil y shale gas. Se los llama hidrocarburos no convencionales porque hasta hace unos pocos años no había forma alguna de hacer económica la explotación de estas variantes de hidrocarburos que están encerrados en las porosidades de rocas duras, por lo que no pueden extraerse si antes no se los excava en forma lateral y se fractura la roca con chorros a fortísima presión de agua mezclada con arena y químicos. Este procedimiento logra extraer el gas y el petróleo encerrado en dichas rocas. La tecnología para extraer estas formas de hidrocarburos es relativamente cara, y se calcula que las variantes shale oil y shale gas no serían económicamente rentables con una cotización del barril de petróleo por debajo de los 70 dólares en general. Esto implica, entonces, que los altos precios mundiales de los hidrocarburos han llegado para quedarse. Es difícil pensar en una caída del barril por debajo de esos precios sin una verdadera parálisis en la explotación, no sólo de shale oil y shale gas sino de pozos de reciente descubrimiento de hidrocarburos tradicionales.

La cantidad de yacimientos de shale oil hasta ahora descubiertos llegan al 30% de los yacimientos de petróleo convencional hoy existentes, y los de shale gas superan ligeramente todos los yacimientos descubiertos de gas natural convencional.

Los datos indican entonces que el mundo se está sumergiendo en una nueva “era petrolera”. Lejos de dejar los hidrocarburos fósiles, se está dando una intensificación en la inversión en los mismos por más que los precios mundiales han subido tanto que ya va siendo económicamente razonable la adopción de tecnologías diferentes al petróleo y al gas natural. Pero por el momento no hay ninguna referencia firme que nos indique que se estén dando señales siquiera mínimas para salir dentro de veinte o treinta años de la tecnología de los hidrocarburos fósiles. Más bien, todo lo contrario. Estados Unidos, por ejemplo, está viviendo una nueva era de expansión en la extracción de shale oil y shale gas que ayuda a equilibrar los serios problemas que tenía en su balanza de pagos, dado que estaba importando energía en forma creciente como gas y petróleo y eso desequilibraba en forma completa sus cuentas con el exterior. Ahora, en cambio, puede decirse que Estados Unidos ha reequilibrado su balanza de pagos en buena medida merced al esfuerzo de sustituir importaciones de petróleo y gas de otros países con la explotación interna de las variantes “shale”.

Ha resurgido entonces en el mundo una verdadera carrera por efectuar grandes descubrimientos de petróleo y gas shale, dado que los yacimientos más importantes de estas variantes petroleras no deben necesariamente coincidir en forma geográfica con los ubicados para petróleo y gas convencional.

Quiere decir que el shale oil y el shale gas pueden estar ubicados en zonas lejanas de los países árabes en general, como parece que es el caso hasta el momento. Cuando se habla de estas variantes energéticas nuevas dentro de lo que son los hidrocarburos, es necesario señalar que el shale oil y el shale gas son al menos tan contaminantes como las variantes tradicionales de esos mismos combustibles y que además pueden implicar nuevos desafíos para impedir la contaminación, a raíz de la necesidad de extraerlos usando potentes químicos. Otro temor que nos deben inducir las tecnologías shale es la posibilidad de que haya severos deslizamientos de tierra similares a terremotos en el futuro debido al debilitamiento de las rocas donde están ubicados el shale oil y el shale gas. No hay que olvidar que se quiebran y ablandan rocas muy duras a grandes profundidades.

En cuanto a los países donde hasta el momento se hicieron los mayores descubrimientos de shale oil y shale gas en forma conjunta, cabe citar tres que son los más privilegiados hasta el momento: Estados Unidos, China y Argentina.

*Economista, periodista.



Walter Graziano