COLUMNISTAS A TREINTA AÑOS DEL CONGRESO PEDAGOGICO

El debate educativo pendiente

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Se  cumplen treinta años de la Ley 23.114 que aprobó la realización del II Congreso Pedagógico Nacional que finalmente sería inaugurado en abril de 1986.

Luego de los años más oscuros de nuestra historia, la meta de este espacio federal fue que los diversos sectores de la sociedad civil contaran con un ámbito específico para discutir y delinear iniciativas tendientes al mejoramiento y modernización del sistema educativo.

Ese Congreso buscaba dar una mayor participación a la ciudadanía para establecer cuál era el diagnóstico del sistema educativo y cuáles eran las posibilidades de transformación que se podían viabilizar.

Si bien diversos sectores manifestaban –certeramente– que existían exclusiones en la participación, se abrió un debate acerca de la educación que era novedoso, y que contaba con la participación de organizaciones populares, cooperadoras, asociaciones de padres, sociedades de fomento, círculos políticos culturales, clubes de barrio y centros de estudiantes.

Fue la Iglesia –a cargo de numerosos colegios– la que pudo hacer una presentación más uniforme y concreta. Sin embargo, grupos de representantes de colegios católicos progresistas abandonaron el debate, junto con representantes justicialistas, en repudio a la escasa participación que se les daba.
Conversaciones veladas, asimetrías y el exit como dinámica: un síntoma del diálogo social argentino.
A pesar de todo esto, el II Congreso Pedagógico Nacional presentó discusiones relevantes sobre temas que aún hoy se encuentran pendientes, como las desigualdades del sistema educativo y sus desarticulaciones internas, la falta de innovación, la debilidad de la planificación a largo plazo, el empobrecimiento de la calidad y la necesidad de mejorar la evaluación sistemática.
Es notable como aquel acontecimiento –como tantos otros– cayó prácticamente en el olvido de los investigadores educativos. Esta vacancia es interesante dado que –con todos sus defectos– ese Congreso fue uno de los pocos intentos educativos federales en nuestra corta democracia, que intentó un acercamiento, nada desdeñable, a las bases de la sociedad.

Como ejercicio de debate e inclusión pública ese ámbito fue, en una coyuntura próxima al silenciamiento de la dictadura, un ejemplo que merecería una mayor cantidad de análisis.
Pero, al mismo tiempo, ameritaría que quienes nos dedicamos a la producción de conocimiento reflexionemos acerca de nuestros ámbitos de debate contemporáneos.

En la actualidad no son pocos los problemas que los cientistas sociales tenemos para reunirnos, establecer consensos estables y pensar acciones concretas en pos de la mejora del día a día escolar.
El diálogo intelectual sincero y respetuoso no abunda, en un campo académico fragmentado y dividido por las consideraciones políticas. Eso no colabora al mejoramiento de la educación de nuestro país.

Quizás al revisar aquellos años reveamos la posibilidad –y la necesidad– de repensar juntos los recorridos, las formas, los modos en que hemos conducido la discusión acerca del sistema educativo en estas últimas tres décadas.
Hacer balances reflexivos, algo bastante atípico en nuestra cultura polarizada y desmemoriada, tal vez nos permita reunirnos pluralmente –algo también inusual–, para mejorar los caminos que nos lleven a la educación de calidad que, sin duda, todos queremos.

*Filósofo y doctor en Ciencias Sociales
Twitter: @NicoJoseIsola.



Nicolas Jose Isola