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El día después de mañana

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Aunque casi nadie se dio cuenta, es muy probable que el 14 de mayo de 2014 (hace dos semanas apenas) el mundo haya cambiado radicalmente e incluso que haya dejado de existir tal como lo conocíamos.

Ese día, El Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos publicó la primera directriz completa para la práctica clínica de la Pre-Exposure Prophylaxis (PrEP), desarrollada por un conjunto de agencias federales.

En la práctica, la PrEP prescribe una píldora diaria para las personas que participan de los diferentes grupos de riesgo respecto de la propagación del VIH. Me limito al caso de quienes sostienen relaciones sexuales, a quienes la píldora diaria garantiza 98% de efectividad en la prevención de la infección con VIH (el tratamiento es eficaz sí y sólo sí se respeta la dosis diaria).

Las personas que integran este grupo de riesgo son los hombres, pero también las mujeres, que tienen relaciones sin protección con hombres (o mujeres) cuya relación con el VIH no ha sido testeada, o son portadores del virus. Es decir, todos los hombres y mujeres sexualmente activos que no sean monógamos.

La salud total de la población depende ahora, de una vez y para siempre, de la adhesión a la máquina farmacológica, proceso que comenzó hace treinta años, cuando se desató la crisis del sida. Ahora, el capitalismo (con la asistencia diligente del Estado) terminó con un largo proceso de apropiación de lo viviente que había comenzado por entonces.

La salud poblacional adopta, como en las peores pesadillas milenaristas, la forma de la guerra preventiva. Dejo de lado el aspecto estrictamente médico o sanitario del asunto. La “nueva era”, una vez más, viene a colisionar con la política del celibato, y esta vez de forma más violenta que nunca, porque no habrá antropología religiosa que pueda oponerse a la medicalización masiva de los cuerpos.

Tampoco es esto lo que me sorprende (participantes como somos de la antropología liberal), sino que la profilaxis preventiva se construya a partir de palabras ya existentes: los actuales “PrePpers”, que explican a cualquiera que quiera oírlos que tienen relaciones sin protección no porque sean portadores del virus, sino porque se suponen inmunes a él gracias al nuevo tratamiento, coinciden con los antiguos “preppers”, aquellos paranoicos de los suburbios que se preparaban (o se preparan todavía) para sobrevivir en los peores escenarios de catástrofe (Armagedón, plaga, guerra nuclear, ataque zombie, etc.) mediante la construcción de bunkers, el aprovisionamiento de alimentos enlatados, el desarrollo de métodos autosustentables de producción de alimentos, el acopio de armas y tabletas purificadoras de agua.

No es la primera vez que sucede, pero nunca dejará de sorprendernos que una determinada política (sanitaria, migratoria, laboral, etc.) se desarrolle a partir de la imaginación paranoica, sus figuras y, como en este caso, su vocabulario. Todos somos Sarah Connor y sólo la píldora diaria nos salvará de nuestro propio Terminator.

Como los “preppers” suelen ser personas ignorantes, agresivas y egoístas (que creen que pueden sobrevivir sin ningún lazo comunitario), es difícil pensar que la nueva píldora podría llegar a significar otra cosa que una coraza de indiferencia protectora hacia cualquier forma de vínculo con el partenaire sexual de turno, entendido como un puro factor de riesgo y nada más.

La diferencia entre el tratamiento profiláctico preventivo y una vacuna es que la segunda sencillamente inmuniza el organismo contra determinado virus o bacteria. La PrEP, por el contrario, desinhibe los comportamientos y, de ese modo, puede contribuir tanto a una utopía del amor libre como a una política de la sexualidad totalmente animal. Pero, una vez establecido el patrón desinhibitorio, ya nadie querrá volver a un pasado de autorrepresión.

A partir de ahora, pues, la algarabía sexual se asocia con la exteriorización total de lo más íntimo, la paranoia controlada, las políticas (benefactoras o no) de los Estados y la preparación para resistir individualmente a la catástrofe. Ese será el legado de la época a las generaciones futuras.



Daniel Link