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El día después de mañana

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En un país tan imprevisible como el nuestro será sin embargo obvio que, conocidos los resultados de las PASO, los principales contendientes se digan ganadores. Amén de cuestiones de idiosincrasia, estas primarias donde hay poco en disputa alientan reacciones más propias de una encuesta (bien hecha) que de unos comicios.

Siendo la única fuerza que se presenta en todos los distritos, Cambiemos (y su variante porteña, Vamos Juntos) vencerá a nivel nacional. Si pierde en provincia de Buenos Aires, privilegiará el resultado global. Y si gana en territorio bonaerense, festejo recargado.

Cristina Fernández de Kirchner limitará su performance a lo que suceda en Provincia. Nada más. Nada menos. Si triunfa por mucho, algo o casi nada, alzará los brazos. Si llegara a quedar segunda tras Esteban Bullrich de Vidal, se las ingeniará para plantear que es la mejor opositora. No hay ningún sondeo serio que alumbre un escenario donde quede tercera. Eso sí que no tendría forma de venderse como algo distinto a una derrota.

Sergio Massa y Florencio Randazzo también se mostrarán satisfechos en público con los resultados bonaerenses que obtengan (1País buscará imponer que sería la primera oposición nacional), por más que en privado mascullen bronca. Y algunos gobernadores volverán a sacar chapa de victoriosos en sus distritos.

Bajo esa superficie político-electoral circulan otras corrientes menos visibles. Conectadas con los resultados de las PASO, más atentas a lo que suceda en octubre, aunque con una dinámica propia.
En una de ellas, sectores del Gobierno, del empresariado y del sindicalismo intentan avanzar sin prisa pero sin pausa hacia algún tipo de acuerdo de productividad, que se haría sentir en un puñado de iniciativas que se filtraron con mayor o menor venia oficial.

Posibles reformas impositivas, laborales y previsionales traducirán la influencia de estas conversaciones subterráneas. Participan y saben de ellas –de manera personal o a través de representantes– Jorge Triaca (ministro de Trabajo), Miguel Acevedo (presidente de la Unión Industrial Argentina, UIA), Luis Betnaza (Techint), Hugo Moyano (Camioneros), Antonio Cassia (Petroleros), José Luis Lingeri (Agua), entre otros. Más de uno desmentirá esta información.

El eje de los intercambios, según comentan algunos de los participantes, es el de promover el empleo. Para los empresarios, la bandera es bajar el costo laboral. Para los sindicalistas clásicos del peronismo, la clave pasa por reducir la influencia del gremialismo ultra en ciertos sectores. El Gobierno les dice a todos que tienen razón, no se sabe aún si como parte de una estrategia de dilación o por convencimiento.
En los oídos del oficialismo se escuchan con interesada atención las advertencias de que la conflictividad laboral creciente no obedece tanto al cambio de modelo industrial de la administración Macri, sino que conlleva un interés electoral y de dificultar la gobernabilidad. Siempre es mejor mirar la paja en el ojo ajeno.

Con estos aparentes propósitos como mar de fondo, se apunta en especial a agrupaciones de izquierda, que han hecho pie en varias seccionales de grandes gremios o en comisiones internas de pymes. Estos grupos contarían, de acuerdo con la teoría explicitada en los ámbitos de conversación ya mencionados, con el respaldo táctico de sectores kirchneristas.

De la problemática no está ajena la CGT, pese a que está enfrascada en su propia dinámica de acelerar o no la conflictividad con el Gobierno. Como viene contando PERFIL, la crisis del triunvirato que conduce la central obrera quedará más expuesta que nunca tras las PASO. Este miércoles 16 se reunirá su Consejo Directivo y allí se verá la energía que le pondrán a la anunciada marcha de protesta del 22 de agosto, apenas diez días después de las primarias.

Los duros buscarán imponer que allí se llame a otro paro general (el segundo en la era Macri), mientras que los dialoguistas tratarán de que se baje un cambio. En uno y otro sentido, la clave pasa tanto por la actitud del moyanismo –pese a que padre e hijo no piensan igual– como por el resultado electoral.

De acuerdo con miembros del peronismo sindical histórico, un triunfo del oficialismo dará aire a los sectores más proclives a la negociación. O sea, ellos. Una victoria de Cristina los obligará a acelerar conversaciones con referentes políticos (el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, y el jefe de la bancada peronista del Senado, Miguel  Angel Pichetto) para contrapesar la posible ofensiva K.
Apenas un ejemplo de que en las PASO de hoy no sólo hay en juego lo que pueda pasar en octubre.