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El escarmiento

Con insoportable demora, España se lanza a la búsqueda de los bebés secuestrados, los niños arrancados a sus padres muertos por el franquismo.

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Con insoportable demora, España se lanza a la búsqueda de los bebés secuestrados, los niños arrancados a sus padres muertos por el franquismo, una de las más abyectas aberraciones del derecho humano de la que los argentinos sabemos  –lamentablemente– mucho. Pero mientras que aquí cada nieto redescubierto es celebrado con una mezcla impronunciable de algarabía y congoja, en Almería, María Ascención López, una de estas bebas apropiadas, terminará en prisión por acusar a la monja que la entregó “en adopción” a cambio de doscientas cincuenta mil pesetas. La monja, que es además su tía adoptiva, niega todo y responde con un juicio por calumnias. La Justicia española da lugar; la víctima vuelve otra vez a verse usurpada de sus derechos más básicos y de su libertad.

El caso me perturba hasta hacerse pesadilla. No sé quiénes son las partes involucradas, desconozco los caminos judiciales de la España durante la Ley Mordaza y no estoy totalmente seguro de saber dónde queda Almería: quizás por todo eso es que el asunto se me torna mucho más vasto y más universal, como un cuento de Grimm. Es el abismo de toda justicia. Es una vergüenza para la raza humana. Incapaz de operar sobre el verdadero problema (las atrocidades del pasado), la Justicia se engalana de formalismos y supone que es la víctima quien debería presentar las pruebas de aquello que le han borrado: su identidad. No contenta con el beneficio de la duda, esa Justicia exorciza con multa y con prisión la búsqueda de la verdad. ¿Quién más se atreverá a la denuncia después de esto? España: no puedes caer tan bajo.



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