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El escenario electoral: un año después, un año antes

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Hace un año, Sergio Massa se imponía claramente en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, constituyéndose en la promesa de un liderazgo político emergente.  
Aquel triunfo tuvo un valor real pero también simbólico. Para muchos, significó un freno a las pretensiones hegemónicas de un oficialismo al que se le atribuía la intención de reformar la Constitución para habilitar la re-reelección de la presidenta Cristina Kirchner.
Además, los más férreos críticos del Gobierno se apresuraron a decretar el ocaso de un kirchnerismo al que sólo le restaría administrar el tiempo de la transición.
Desde la vereda opuesta, la lectura de los hechos era muy diferente. Al contabilizar la totalidad de votos a nivel nacional, el oficialismo reivindicaba seguir siendo la principal fuerza política. Además, mientras relativizaba el valor de una elección de medio término, vaticinaba que el efecto Massa era solo un fenómeno coyuntural que se desvanecería en la aridez de la labor parlamentaria, de modo análogo a lo que ya había acontecido con Francisco de Narváez luego de su triunfo de 2009.
Por su parte, un incipiente UNEN se autopromocionaba como un nuevo modo de encarar consensos a partir de coincidencias sobre fines republicanos que minimizarían diferencias menos sustanciales.
Mientras, Mauricio Macri entendía que la aprobación  de su gestión capitalina representaba el espaldarazo necesario para su proyección nacional.
Luego de un año, la realidad se ha mostrado austera con aquellas ilusiones. Aunque algo de lo que se predecía ocurrió, nada terminó de suceder de modo evidente.
Tal como se desprende de nuestra última encuesta, Sergio Massa encabeza la intención de voto con alrededor de 30 puntos, pero aún está lejos de convertirse en el nuevo líder político capaz de entusiasmar a la mayoría. Daniel Scioli, ubicado segundo con 26%, demuestra que tanto el kirchnersimo como él mismo siguen siendo alternativas competitivas para 2015. Por su parte, el sólido crecimiento electoral de Mauricio Macri, quien escaló de un magro 14% a un competitivo 21%, lo mantiene como candidato con chances ciertas de ubicarse en segundo lugar. Por último, el Frente Amplio UNEN, que arrancó con fuerza para después navegar en sus indeterminaciones estructurales, aún tiene alguna posibilidad de encauzar el rumbo, tal como se expresa en el 14% que obtendría Julio Cobos.
Aunque algunos ciudadanos y analistas se sienten inquietos ante cierta monotonía e indefinición del escenario electoral actual, quizás eso pueda también tener un valor positivo para la democracia. Porque, cuando ningún candidato tiene nada asegurado, es el momento más propicio para que se esfuerce en diferenciar su proyecto, sea que lo tenga o que deba elaborarlo para estar a la altura de sus promesas.
Para semejante desafío, el año que resta es más que suficiente.

*Director de González Valladares Consultores.



Federico Gonzalez