COLUMNISTAS FERIAS

El escritor sobreseído

Una de las cosas que me atraen en las ferias del libro es el modo en que suelen desarrollarse las escenas literarias.

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Una de las cosas que me atraen en las ferias del libro es el modo en que suelen desarrollarse las escenas literarias: entre bullicios siempre ajenos, aglomeraciones siempre vecinas, merodeos de leve perplejidad pispeadora, o bien bajo la presurización de la rigurosa indiferencia del entorno. Hay algo en todo eso que me resulta, no diré gratificante, pero sí adecuado, porque expresa bastante bien, y acaso mejor que nada, el lugar real que la literatura ocupa normalmente en la sociedad contemporánea.

Patricia Kolesnicov ha propuesto, por estos días, en una breve columna del diario Clarín, una descripción por demás impecable de la forma en que en la feria transcurren algunos encuentros literarios: un poco como en repliegue, como en rincones o recovecos, de a puñados y no de a multitudes, en los tonos sin estridencias de la buena conversación, ahí donde las pasiones se resuelven como intensidad y no como expansión.

Me gusta eso de las ferias: que hacen caer, para bien, la farsa de los estrellatos literarios, el mito de la literatura como asunto de interés general. Algunos que leen y algunos que escriben se encuentran y hablan un poco de literatura: eso es todo, y es muy bueno. Alrededor, mientras tanto, se suceden las verdaderas famas, los grandes negocios, las masas y sus cosas. No es feria de vanidades, sino más bien lo opuesto: es lo que neutraliza la vanidad. A mí eso me complace.

Hay algunos que suponen que en la literatura funciona la fórmula de la farándula: la de escándalo por notoriedad. Hay otros, que, por suerte, en cambio, se abocan sencillamente a los libros. Un ejemplo del criterio primero: Fernando Soto, de profesión abogado, que cree que Pablo Katchadjian escribió El Aleph engordado para hacerse conocer. Un ejemplo del segundo criterio: Pablo Katchadjian, a quien desde hace tiempo se conoce y reconoce, por ejemplo, por Qué hacer, por Gracias, por La libertad total.