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El eterno debate de la competitividad

La devaluación ha sido insuficiente…

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La devaluación ha sido insuficiente…

Frase habitual en pasillos donde los empresarios plantean la dificultad de, a estos valores de divisa, ser competitivos.

La alternativa de financiarse, a estas tasas elevadísimas, no es una opción para ellos. Es más, muchos prefieren bajar (a veces parar) el nivel de actividad: su rentabilidad sencillamente “no le gana a la tasa”.
Esto conlleva una baja sostenida en la actividad, la cual si no se ve claramente en indicadores, se “ve” en la calle: comercios vacíos, pocas ventas, etc.

El dólar es el correcto y las tasas pasivas deben ser positivas respecto de la inflación para generar ahorro.
Esto es lo que se escucha, en términos generales, desde el Gobierno, o el BCRA por caso.
Claro, que estas tasas han profundizado la recesión heredada, y si bien se denota una baja en la tendencia inflacionaria, cabe preguntarse ¿a qué costo… será la paz de los cementerios?
¿De qué lado entonces me encuentro?

Creo que lo de las tasas es definitivamente negativo.
Nunca entendí porqué las tasas de interés pasivas deben ganarle a la inflación, cuando el ahorro en pesos se impulsa a través de su potencial conversión, llegado el momento en divisa: la gente, dicho de otra forma, ahorra para comprar dólares no para comprar leche.

Creo que se ha perdido una oportunidad de acompañar con la inflación desde enero, desde donde ha mantenido su valor hasta hoy, luego de una variación de precios de más del 25%...
Dicen los analistas que lo siguen al detalle, que este valor del dólar es el del ajuste que hizo oportunamente el ex presidente del BCRA, Juan Carlos Fábrega.

En ese entonces, la calle decía 13 a 15, y el BCRA 9…
¿Podría el BCRA haber comprado más divisas?
Yo creo que sí. Aumentando las reservas, emitir no es lo mismo que sin ellas. Y con más dinero en la calle, la tendencia de las tasas en baja, la recesión sin duda no hubiera sido la misma.

Obviamente, no se hubiera desacelerado tan fuertemente la inflación (quizás), pero se hubiera mantenido el nivel de actividad hasta la llegada de las inversiones, cuyo aluvión aún se espera.
¿Qué se podría haber hecho?

Mucho de lo ya efectuado, logros que ya he mencionado: acuerdo con los holdouts, salida de los cepos, etc...
Ahora, el sinceramiento fiscal: ¡enhorabuena! Pero, me pregunto si no era un tema para lanzar a principios de año, y comenzar a atraer las primeras inversiones que deberían haber llegado: las de los propios argentinos.
En fin, el pasado es tal y queda mirar para adelante.
 
Es muy pesada la herencia, son muchos los logros y avances, y todo parece insuficiente… pero no lo es.
La inyección de capital del sinceramiento, dará una nueva ventana de oportunidad que puede ser aprovechada. El nivel de actividad, la reactivación se debería dar de hecho, pero se sostendrá si se logran inversiones de largo plazo.

Y éstas, no vienen así nomás: la Argentina promete, pero su pasado la condena… Toma tiempo convencer inversores, aún cuando el contexto internacional ayuda enormemente, y la oposición política casi no existe.
Es nítida la dirección y los objetivos. Si se discuten los medios.

En el fondo, sería importante que los funcionarios logren converger con varios puntos de vista empresarios.
Por más que se los critique, son los que más y mejor defienden el empleo.

Me consta de sus preocupaciones al suspender o despedir gente, es lejos, lo que no quieren hacer.

Por último, la competitividad: lo he escuchado reiteradamente desde gente del Gobierno: “Queremos sectores competitivos y eso no puede depender del valor de la divisa”. Esto es ideal, pero la realidad es que desde un Estado tan ineficiente (lo ha sido así históricamente, y se ha agravado en los últimos diez años), con impuestos altísimos, fletes caros (¡carísimos!), comunicaciones caras, etc., es muy difícil ser competitivos
El Estado tiene que anotar en su cuenta, el sentar las bases para que la competitividad sea un problema de todos, no sólo del sector privado.

Este es el desafío, y será de muy largo plazo, pero la chance está intacta.

* CEO de First Corporate.

Miguel Arrigoni