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El Everest de Scioli

Puede ser que para él llegar a la presidencia sea una meta de superación máxima y un fin en sí mismo. Pero el 10 de diciembre no es la meta sino la línea de partida. 

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Foto:Cedoc Perfil

En Everest, la película que se acaba de estrenar mundialmente y consumió 65 millones de dólares para narrar la aventura de dos expediciones que llegaron a la cumbre de la montaña más alta del mundo, se les preguntó a los escaladores qué los llevaba a arriesgar –mínimamente– perder manos y pies congelados para alcanzar su meta. La respuesta de la mayoría fue: “Porque está ahí”, ella, la montaña mayor. Por el desafío de conquistarla sin otro fin posterior que lograrlo y recibir el resto de sus vidas reconocimiento por una vez haber estado allí. Como los presidentes, que se los sigue llamando siempre presidente en muchos países, o como Cristina Kirchner dijo hace pocos días de Lula e indirectamente de sí misma: “Nunca se deja de ser presidente”.

Puede haber en esa motivación de los escaladores del Everest una metáfora de Scioli, para quien llegar a la presidencia sea una meta de superación máxima y un fin en sí mismo. En el “círculo rojo” se preocupan porque Scioli sólo quiera ponerse la banda presidencial para cumplir con su carrera hacia la cima. Lo sintetizan diciendo que Scioli, más que ser presidente, quiere ser ex presidente, haberse puesto la banda como si  ganara un premio deportivo e ir a celebrarlo. Pero, en realidad, el día 10 de diciembre de 2015 no se encuentra la línea de llegada de una carrera sino la línea de partida de la verdadera carrera.

Preocupa que, más que ser presidente, lo que Scioli quiera es ser expresidente el resto de su vida

Mientras algunos macristas creyeron ver en el alto perfil que desarrolló en los primeros tramos de la campaña electoral Karina Rabolini la intención de Scioli de reeditar el “plan 16 K” utilizando a su esposa para reelegirse continuamente cada cuatro años, en la intimidad Scioli confiesa que su intención es presidir el país sólo un período y luego retirarse, aunque en 2019 las encuestas indicaran que fuera el candidato con más intención de voto. Quizá no haya hecho muy público ese compromiso porque rápidamente se supondría un pacto con Cristina Kirchner para que ella sea la candidata de 2019. Y que bajó a Randazzo de las PASO y lo aceptó como su continuador oficial a cambio de que Scioli comprometiera no reelegirse.

Pero el tema lo puso en la agenda pública un lapsus (haya tenido origen en una información o en un deseo) de Estela de Carlotto, al decir que Scioli es una persona leal y que podría ser un presidente de transición para que Cristina Kirchner vuelva a presidir el país en 2019.

¿En serio querrá Scioli sólo ser presidente el menor tiempo posible? ¿O lo dice para  tranquilizar al cristinismo pero ya en el poder cambiará de opinión? Esto último es lo que habría distanciado a Lula de Dilma: ella habría prometido ser presidenta de Brasil sólo un período para que Lula regresara en 2015 pero luego presentó su reelección.

También habrá que preguntarse si Cristina Kirchner querrá retirarse a El Calafate para descansar del estrés, por lo menos por un tiempo, y correrse de la política activa, como hizo Lula los últimos años dejándole a Dilma la centralidad de la escena. O, al revés, su cuerpo acostumbrado al estrés desarrolle síndrome de abstinencia ante la inactividad y esto la lleve a volver rápidamente a tratar de eclipsar a quien fuera electo presidente.

Casualmente, por pronunciar la palabra “desestresar” Scioli fue criticado por Cristina Kirchner indicando la valoración positiva que para ella tienen el estrés y la tensión.

Catorce gobernadores, incluyendo a Scioli, participaron del acto de esta semana en Parque Norte, interpretado como una demostración de fuerza del PJ frente a La Cámpora: Eduardo Fellner (Jujuy), José Luis Gioja (San Juan), Juan Manuel Urtubey (Salta), Jorge Capitanich (Chaco), Sergio Urribarri (Entre Ríos), Luis Beder Herrera (La Rioja), Maurice Closs (Misiones), José Alperovich (Tucumán), Lucía Corcháis (Catamarca), Oscar Jorge (La Pampa), Martín Buzzi (Chubut), Gildo Insfrán (Formosa) y Francisco Pérez (Mendoza).

Alcanzaría con los senadores de las provincias que responden a estos gobernadores para que ninguna ley pudiera ser aprobada sin su consentimiento. Pero eso dependerá de si, siendo electo presidente, Scioli crea que alcanzó la cumbre de su Everest el 10 de diciembre de 2015 o allí sienta el vacío post parto y redimensione su meta.

El 10 de diciembre no es la línea de llegada sino la línea de partida de la verdadera carrera
 

En los presidentes la psicología es más determinante que la ideología: sólo se puede desear ser presidente de un país con las dificultades de Argentina por una gran necesidad interior. Lo mismo vale para Macri, quien todavía tiene posibilidades de serlo, ahora y en 2019, más allá de que algunos crean que siguió el consejo de Duran Barba de no sumar al Frente Renovador de Massa y De la Sota en estas PASO, priorizando la identidad del PRO y su futuro como partido aún a costa de una eventual derrota en estas elecciones presidenciales, porque inconscientemente pueda sentir que ya alcanzó la cumbre de su Everest habiendo sido el más exitoso presidente de Boca, jefe de Gobierno de la Ciudad dos períodos y fundador del único partido político nuevo que en los últimos setenta años logró ser gobierno en decenas de municipios de todo el país compitiendo seriamente por la presidencia.

También, y quizá lo más importante, habiéndole dado ya sobradas muestras a su padre sobre que no sólo podía ser el CEO de su grupo de empresas, sino capaz de llegar a conducir el país.



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