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El fin de la impunidad

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La decisión de la Justicia marca el fin de la impunidad. El primer vice había sido Daniel Scioli, recuerdo cómo le imponían el mal trato. Hasta el lugar secundario de la Casa Rosada que le habían reservado. Luego vino Julio Cobos, no sólo era la expresión de una alianza, además era un cuadro perteneciente a la política, cosa rara en los kirchneristas. El voto no positivo los llevó al odio personal, un grupo enamorado de la obsecuencia no soportaba ningún pensamiento libre. Dijeron las peores frases de la mediocridad política, hasta la imbecilidad de que los vice no tenían derecho a votar. La sombra de Stalin se extendía en el Gobierno. El verdadero poder a la derecha y el lujo, el decorado en manos de los jóvenes burócratas y algunos intelectuales desorientados.

Lo de Boudou viene en los tiempos de éxito absoluto, cuando se animaban a soñar eternidades. Y es la elección de Cristina, una manera de delatar su concepción de la política y de la vida. El cuento de los militantes es eso, cuento, los espacios son para los triunfadores sin ideas, sin historia, o con la historia que se impuso en estos años, aquella donde sólo importaba la obediencia. La militancia y las ideas, escribir y discutir, participar en serio del sueño de cambiar la sociedad, de eso no hay ni hubo nada. Es un mundo de nepotismo y obediencia, de aplaudidores al discurso del día.

Cuando alguno dice que es todo un castigo mediático está describiendo lo que piensan, si terminaban de comprar todos los medios ya a nadie se lo iba a acusar de nada oscuro, el oficialismo era el actor y a la vez el crítico, y con Justicia Legítima el círculo estaba cerrado. Una dictadura que perseguía a los disidentes por molestar sus proyectos personales. Los elegidos en las provincias son señores feudales con las peores prácticas, la reelección eterna impuesta en Santa Cruz, nombrar parientes por todos lados, depositar en el discurso la eficiencia que jamás mostraron en la gestión.

Cuando se animan a decir que Macri también tiene problemas con la Justicia, dejan en claro que parecen revolucionarios por la idea de impunidad con la que ejercen el poder. Ahora sí, el sueño de quedarse con la máquina de hacer moneda es inherente a la esencia del kirchnerismo.

Pensemos que el juego es la forma más oscura de obtener ganancias para el poder político y que ellos lo multiplicaron como nadie en la historia. Se me ocurre que este proceso merecía operadores más especializados en negocios espurios, y que el Gobierno los tiene en cantidad y calidad. Pero la casualidad quiso que esa operación cayera en manos de un joven demasiado inexperto para ese nivel de corrupción. Y todo quedó al desnudo.

Si algo caracterizó al kirchnerismo en su corrupción fue el sueño de gestar una nueva burguesía: no están contra los ricos, sólo los quieren substituir. Y no intentan quedarse con una parte de la ganancia, van por la propiedad de la empresa. La obra pública y el juego son sus pilares concretos, luego el discurso justiciero cuenta logros que nunca llegan. Y Boudou es una ventana abierta que muestra la intimidad del poder, se estaban quedando con todo y les faltaba poder fabricar la moneda. Se miraban en el espejo de Venezuela, con el cuento de la revolución se iban quedando con todo, medios y Justicia, empresas y obsecuentes; en rigor, se llevaban por delante la democracia, era la degradación de las instituciones, el fin de la alternancia. Tuvimos suerte, salvamos las instituciones, y ahora comienza el fin de la pesadilla, la Justicia comienza a ser ejercida. Y tienen que iniciar la retirada.

El sueño de la máquina de hacer moneda es digno de un cuento de Roberto Arlt. Y el final es como un cuento, o más bien parecido al despertar de una pesadilla.

*Ex diputado nacional.



Julio Barbaro