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El fin del casete

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Como si fuera una Calafate del futuro, Tigre atrae empresarios que asisten a disertaciones, congresos y convenciones, casi siempre cerradas por el intendente-candidato Sergio Massa, última esperanza del establishment que sueña con el fin del kirchnerismo, o por algún miembro de su equipo económico, desde Ricardo Delgado hasta José Ignacio de Mendiguren. Mañana habrá otra edición del éxodo hacia el norte, cuando los principales jugadores del real estate se den cita en el Hotel Intercontinental de Nordelta para la segunda edición del Salón Inmobiliario del municipio de moda.

Con ese clima, al Gobierno ya se le anima todo el arco empresario, y no sólo el presidente de Shell, Juan José Aranguren, o con idas y vueltas, Cristiano Rattazzi, de FIAT, que alterna dardos al modelo con actos con Cristina Kirchner. En los últimos 30 días, distintos dirigentes y cámaras del sector privado hablaron sin el casete, como fue la norma general de la década, o al menos desde que Alfredo Coto fue reprendido en público por Néstor Kirchner por decir que la inflación era un problema, allá por 2005.

El 24 de agosto, cuando resonaba el enfrentamiento oficial con LAN por el hangar de Aeroparque, Miguel Blanco, presidente del Instituto para el Desarrollo Empresarial Argentino (IDEA), dijo: “Vemos con preocupación el avance de decisiones unilaterales de organismos del Estado sobre empresas privadas”. El 8 de septiembre, el titular de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, soltó en una entrevista con El Tribuno de Salta: “Deberíamos tener un ministro con más fortaleza”. Al día siguiente, Jaime Campos, que preside hace años la Asociación Empresaria Argentina (AEA) con cintura política para evitar confrontaciones, habló con el diario La Nación, y marcó que “hay que bajar la inflación”, además de cuestionar las distorsiones de precios que afectan la actividad, pedir que se corrija el Indec y advertir que “se inicia un nuevo período económico”. Hace unos días, Méndez volvió con que hacen falta ministros más fuertes.

O ven que pueden marcarle la agenda al Gobierno, que desde que Massa se impuso en las primarias convocó semanalmente al diálogo y anunció medidas pro consumo, empleo y promete mejoras en costos logísticos. O están animados porque realmente ya avizoran “el cambio de ciclo”, por más que falten dos años para diciembre de 2015 cuando –sin re-re–, la Presidenta tenga que pasarle la banda a otro. El envalentonamiento requerirá coraje tras octubre. El periodista Horacio Verbitsky, con influencia en la Casa Rosada, acaba de publicar con el jurista Juan Pablo Bohoslavsky, el libro “Cuentas pendientes. Los cómplices económicos de la dictadura”, y estimula la idea de armar una “Conadep de la criminalidad económica” para investigar los lazos del empresariado con el régimen de facto. En la tapa está el dictador Jorge Rafael Videla hablando ante el logo de IDEA, entidad que este año hará su coloquio 49º que promete ser, a diferencia de los últimos años, un evento con mensajes políticos, diez días antes de las elecciones.



Jairo Straccia