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El futuro del bipartidismo

Por Jorge Fontevecchia | Análisis sobre la perspectiva política actual de Sergio Massa y las características de su campaña.

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Foto:Marcelo Aballay

[Jorge Fontevecchia, por estar de viaje, volverá a la contratapa el próximo fin de semana. La columna de esta edición la escribe Beatriz Sarlo.]

Los fracasos enseñan. A Macri, haber perdido el ballottage con Aníbal Ibarra en 2003 lo transformó. A Massa, comprobar en 2015 que no se pasa de intendente a presidente sin un cursus honorum, probablemente también. Los doce años que separan los Waterloo de Macri y de Massa coinciden casi con su diferencia de edad: 56 años del primero contra 43 del segundo. Dicen que Duran Barba le dijo a Massa: “No te hagas problema, dentro de veinte años serás todavía cinco años más joven que yo ahora”.

La edad no es un tema menor en política: Massa es de la generación de Urtubey, que tiene 45 años. Randazzo, con sus 51 años,  está en el medio entre ellos y la generación de Macri y Scioli, quien ya cumplió 58 años. Es más, le atribuyen a Scioli decir que si fuera electo presidente no quiere gobernar más de un período y le gustaría pasarle la banda presidencial en 2019 a Urtubey.

Massa, el más joven de todos, se adelantó a su época, y ése es uno de sus problemas: el tiempo. Así como tiene mucho tiempo por delante, tenía poco tiempo por detrás, que lo llevó ansiosamente a ir a una velocidad donde es difícil mantener la estabilidad. El otro problema es la terceridad: para que su proyecto tenga futuro, el bipartidismo tiene que quedar obsoleto en la Argentina, lo que es igual a decir que el peronismo se debe dividir, y no sólo en los momentos de cada elección –haciendo de su propia interna una elección nacional– sino dividirse de forma permanente.

Massa, en uno de los característicos largos reportajes que PERFIL suele publicar, asoció la división del peronismo a la del sindicalismo. Para él no sólo el PJ atraviesa una época de cambios no coyunturales, sino también el radicalismo, partido al que ve cooptado por Macri de manera permanente.

Massa es el más joven de los presidenciables y ése es uno de sus problemas: el tiempo

Claramente, la perspectiva política actual de Massa apunta más a 2017 y 2019 que a 2015, asumiendo que su verdadero error fue apurar los tiempos.

Aunque sea tácitamente, aceptar que su papel en las elecciones de octubre próximo no será el mismo que imaginaba pocos meses atrás parece haberle quitado un peso de encima y responde ahora a las preguntas calculando un poco menos cada palabra. El reportaje duró dos horas y media y es parte del tour que Massa hizo por todos los medios tras anunciar la decisión de mantener su carrera presidencial. La diferencia en el caso de PERFIL es la extensión, que permite abordar temas más conceptuales eximiendo menos al entrevistado de escapar a respuestas refugiándose en otros tópicos.

El que se publica hoy es el tercer largo reportaje a Massa. El anterior, poco antes de las elecciones de 2013, mostraba un Massa exultante que declamaba: “Somos la revolución de los coroneles”. Y el primero fue a fines de 2009, cuando De Narváez les había ganado a las candidaturas testimoniales de Massa, Scioli y Néstor Kirchner juntos, y Massa sorprendía diciendo que “el kirchnerismo no era de izquierda sino que era práctico”. Hacía poco había dejado la Jefatura de Gabinete de Cristina Kirchner, se cuidaba de no ser crítico de los K  y su aspiración por entonces era llegar a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Probablemente, ésa debió haber sido la escala lógica de Massa, pero en 2011 el fallecimiento prematuro de Néstor Kirchner congeló la política argentina reeligiendo a Cristina en la presidencia, a Macri en la Ciudad de Buenos Aires y a Scioli en la provincia.

Ahora, otro baño de humildad barniza la vida política de Massa, tras pasar en pocos meses de primero a tercero en las encuestas y experimentar el desencanto de habérsela creído para luego sufrir  la fuga de los que estaban con él sólo porque eran “amigos del campeón”.

No es sólo culpa de Massa: parte de la anomalía del sistema político argentino reside en la dependencia que la provincia de Buenos Aires tiene de la presidencia y la forma de relacionarse de los intendentes del Conurbano directamente con la Casa Rosada, “puenteando” a la gobernación. No sólo Scioli prefiere atender en la sede del Banco Provincia en la Ciudad de Buenos Aires, en lugar de La Plata, lo mismo hicieron Felipe Solá y Carlos Ruckauf, los gobernadores que lo antecedieron.

Esa anomalía hizo que hubiera más bonaerenses que aspiraran a ser candidatos a presidentes que a gobernadores de su provincia: Randazzo es otro ejemplo.

Reconoce que Macri instaló más claramente la idea de cambio y Scioli, la de continuidad

En el reportaje, Massa sólo introdujo el tema de la U de Michael Porter aplicada a la política, que fue motivo de la contratapa de hace dos semanas, titulada “El problema de Massa”, donde se explicaba la incómoda posición híbrida en medio de una polarización. Massa reconoce que Macri logró instalar más claramente que él la idea de cambio, al mismo tiempo que Scioli reforzó su representación de continuidad. En la entrevista aparecen otra forma de expresar lo mismo: el cambio como deseo de lo nuevo y la continuidad como miedo a lo nuevo. Deseo y miedo son sentimientos que repetidamente aparece juntos en la vida de todas las personas.

Otra de las simplificaciones conceptuales que aparecen en el reportaje es cuando sintetiza a Macri como quien quiere más mercado que Estado, a Scioli más cómodo con el Estado que con el mercado, diferenciándose el propio Massa como quien tiene menos prejuicios y puede utilizar con la misma energía tanto la fuerza del mercado como la del Estado.

Por la terceridad del posicionamiento de Massa, al hablar de él inevitablemente se habla de Macri y por momentos de Scioli. Finalmente, es un repaso por los tres principales candidatos y por los dos entre quienes surgirá el próximo presidente.

[Jorge Fontevecchia, por estar de viaje, volverá a la contratapa el próximo fin de semana. La columna de esta edición la escribe Beatriz Sarlo.]



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