COLUMNISTAS FUTURO

El futuro gira en círculos

PERFIL COMPLETO

El purgatorio: leer noticias del futuro bajo el viento de Gesell, del que nunca se habla lo suficiente y con justeza, como si ninguneándolo se lo hiciera recular. Todo el operativo Sol es una estratagema distractiva para olvidar que al final de la ruta sólo hay viento y mucho. Así que leo noticias del cosmos. Me deprimen la incertidumbre de los pseudo-descubrimientos y el desfasaje entre el hallazgo y su resumen legible para la plebe. Mi diario de verano me hace saber, antes de volarse o hacerse asado, que hay agua en una luna de Júpiter (Europa) y en el planeta enano Ceres del cordón de asteroides e insignificancias que orbitan entre Marte y Júpiter. Lo que hoy es noticia se sabe desde 1979. El Hubble ahora lo fotografía en píxeles, pero cuando yo tenía 9 años esto ya se sabía y por algún desfasaje de viaje de sondas o años luz o prioridades, recién hoy es titular. Es inquietante, sí, si uno se abstrae de problemas como los niños sin vacantes o la crisis en Ucrania.

Europa es una luna de hielo a -150° C, pero en su interior el agua está templada y provoca vistosas erupciones de vapor en los inviernos europeos, cuando esa luna está más lejos de su planeta. En algún punto del interior debe haber vida. Amebas jovianas, si se quiere, protozoos intergalácticos, pero vida al fin, vida preñada de posibilidades de seguir la línea darwiniana que conduce al dinosaurio y de allí al hombre.

La expedición DAWN llegará en un año. Pase lo que pase allí, nos enteraremos tarde. Pienso en la inutilidad de las noticias del futuro. Su acumulación de suposiciones, de exageraciones, de efectos que amenizan la monotonía de la crisis en que vivimos hace siglos me hacen recordar que yo era un niño de 9 años y que ya se sabía de la posible vida en Ceres, en Europa, en Encelado. ¿Por qué importa ahora más que antes? No lo sé. Pero cada futuro es la proyección de una nube de otredad para amortiguar la visibilidad del presente, donde ya hay algo de vida y se la valora poco y nada.



Rafael Spregelburd