COLUMNISTAS RONALDO Y OSVALDO, DOS 9 CON SIMILARES DEBILIDADES Y RENDIMIENTOS OPUESTOS

El gordo insaciable y un corralito para DaniStone

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“El temperamento sanguíneo me hizo sensible a los atractivos de la voluptuosidad; estaba siempre alegre y dispuesto a pasar de un goce a otro nuevo, siendo, al mismo tiempo, muy ingenioso para inventarlos”

Giacomo Casanova (1725-1798); del prefacio de “Historia de mi vida”, escrito entre 1789 y 1798, editado póstumamente en 1825 en versión censurada.


Las megafiestas en su mansión del aristocrático barrio La Moraleja, con música, luces y baile hasta la madrugada, desvelaban a los vecinos. Harto de las quejas de empresarios y otros poderosos amigos, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, citó al gordo Ronaldo a sus oficinas. No era fácil retar a una superestrella, un crack que se daba el lujo de jugar parado mientras lucía bien ajustada a sus redondeces la inmaculada casaca blanca, pero de tres chances de gol convertía cuatro, con precisión de cirujano, el toque exacto del esgrimista, la frialdad del depredador.
—Ronnie, te lo ruego. Basta de saraos. Los vecinos se quejan y son toda gente importante. Esto no le hace bien a tu imagen de galáctico. Contrólate, chaval. No lo arruines. Has superado la lesión de la rodilla y estás convirtiendo mucho…
Mientras Florentino descargaba su discurso con la prudencia que merecía esa máquina de hacer goles que sostenía las evidentes falencias de un equipo con demasiados caciques y pocos indios, Ronaldo movía la cabeza, más dolido que enojado. Hasta que estalló, casi en un sollozo de niño.
—Senhor Florentino, você não me entende… Para jogar bem… ¡eu preciso fazer el amor! Comprenda. Si não puedo, ¡eu pierdo la motivação! –gimió en su portuñol.

Florentino, entre la espada y la pared, le dio una palmada paternal y negoció condiciones. Le pidió que, al menos, no cantaran todos en coro, menos gritos y el volumen de sus poderosos equipos de sonido más bajo. Las chicas siguieron pasando por la despampanante mansión y el gordo se cansó, literalmente, de hacer goles para el Madrid, jugando con los tapones clavados en el césped pero atento, vigilante, listo para atacar en el momento exacto, como felino en caza.
En su primera temporada 2002-2003 metió 30 en 44 partidos; y cuando se marchó al Milan, en 2007, sumaba 104 en 177 partidos. Las mujeres que pasaron por su casa no figuran en ninguna estadística. Nos sorprenderíamos. El gordo Ronaldo fue, nomás, un fenómeno.
Daniel Osvaldo trabaja, digamos, de lo mismo que Ronaldo: es un 9 de área. Eso, y una debilidad manifiesta hacia las mujeres, parecen ser los únicos puntos en común entre ambos. Uno redondo como un tonel, el otro puro músculo. Uno crack. El otro amaga desde su debut.
Ronaldo convirtió 352 goles en 518 partidos oficiales. Un año en el Barça donde metió 47 goles en 49 partidos; cinco años en Inter, cinco en el Madrid, dos en el Milan, títulos locales e internacionales, dos Copas del Mundo, dos de América con Brasil. Uf.

DaniStone, en una década, jugó en Atalanta, Lecce, Fiorentina, Bologna, Espanyol, Roma, Southampton, Juventus, Inter, Boca y Porto. Luego de ganar con los juveniles de Italia el torneo Esperanzas de Toulon, el técnico Cesare Prandelli lo convocó para jugar las Eliminatorias del Mundial 2014. Le hizo dos goles a Bulgaria en Sofía, uno a Armenia en Ereván y otro a Dinamarca, en Copenhague. Problemas de conducta, que ya lo habían alejado de la Roma y el Inter, le cerraron las puertas de la azzurra.
En esos diez años, además, tuvo cuatro hijos con tres mujeres diferentes: Gianluca, de 8 años, con Nina Oertlinger, su novia de la adolescencia; Victoria, de 5, y María Helena, de 2, con la arquitecta italiana Elena Braccini, y Morrison, de casi 2 años, con la actriz argentina Jimena Barón.
Con ella llegó en febrero, cuando Sergio Massa pensaba que podía pelear la segunda vuelta con Scioli y Macri seguía tercero, lejos (once meses es una eternidad en un país como éste). Fueron “la” pareja: tapas de revistas, notas, cámaras persiguiéndolos. Hasta que, de pronto, se pudrió todo.
Divorcio, escándalo, acusaciones mutuas, Arruabarrena que lo deja en el banco en un partido clave contra River, gas pimienta, una novia exótica llamada Militta Bora que consiguió los 15 minutos de fama de Warhol, fotos rockeando con la banda La 25 y regreso a Europa con mucha más pena que gloria. Firmó con el Porto e hizo un solo gol en el semestre. Otro –tuvo varios– annus horribilis.

Ahora vuelve con una idea fija: triunfar en su amado Boca junto a Tevez, de quien se hizo amigo en su fugaz –todo en él parece efímero, evanescente– paso por la Juve. Lo acompaña su nueva novia, una modelo italiana llamada Benedetta Mazza.
Boca lo recibió con los brazos abiertos y un severo “corralito” –ya que no está más el del dólar–, detallado en su contrato. Le prohíben concurrir a recitales y programas de espectáculos, y ser parte de producciones fuera del ámbito deportivo. No debe mezclarse en ningún escándalo ni hablar públicamente sobre conflictos personales. El aceptó con una sonrisa. Jura que es otro, que esta vez todo será diferente.
Jimena Barón lanzó su carnadita en un programa de televisión donde se ganó un 0 kilómetro. Sutil, discreta como un rinoceronte paseando por el Patio Bullrich, dijo: “Estoy emocionada. Yo tenía un auto pero lo tuve que vender el año pasado: mi ex me pidió plata prestada, nunca me la devolvió y dice que no lo hará porque no tengo cómo comprobar la deuda”. Wow.

Ronaldo necesitaba amar a las mujeres para hacer goles. Osvaldo, para provocarse problemas.
No es fácil ganarse una segunda oportunidad en un club como Boca. Menos estrella que hace un año, sin tantas presiones que lo irriten o incidan en su ánimo –una constante en carrera–,
tal vez pueda madurar, hacer bien su trabajo, mostrar su talento, juntarse con Tevez y meter muchos goles para Boca, aun metido en su corralito.  
Osvaldo parece un buen chico. Ojalá esta vez no vuelva a hacerse pis en la cama.



jasch