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El imparable Trump

La posibilidad de que el magnate obtenga la nominación republicana es cada vez más cercana. Sus rivales lo “corren” por derecha, lo que empuja al partido a posiciones extremas.

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Después de lograr la victoria en tres de las cuatro primarias estatales que ha realizado el Partido Republicano, Donald Trump aparece encaminado a ganar en la mayoría de los 12 estados que realizarán sus primarias el martes 1º de marzo –el súper martes– y de los cinco que irán a las urnas el sábado 5 de marzo. Aunque la lista de aspirantes presidenciales republicanos se ha reducido de 17 –cuando empezó el proceso– a cinco, la incapacidad del resto del partido para unir fuerzas en torno a una figura que pueda derrotar a Trump hace cada vez más probable que el polémico magnate inmobiliario logre quedarse con la nominación presidencial.
Cuando irrumpió en la campaña hace varios meses, Trump cautivó la atención de la opinión pública con declaraciones provocadoras, xenófobas y racistas. Precisamente porque se comportaba de forma atípica –incluso impropia– para un candidato, Trump hizo que el resto de los aspirantes republicanos tuvieran que elegir entre adoptar posiciones igualmente provocadoras o caer en la irrelevancia. Al cabo de unos meses, varios contrincantes con buenas posibilidades iniciales –como los gobernadores de Wisconsin, Scott Walker, o el gobernador de Texas, Rick Perry– renunciaron a sus aspiraciones al no ser capaces de atraer la misma atención que captura Trump con su estrategia agresiva y polarizadora.
Si bien muchos esperaban que cuando comenzaran las primarias los votantes republicanos volcaran su apoyo hacia los candidatos más tradicionales, la presencia de tantos candidatos que competían por atraer a las bases tradicionales del partido le permitió a Trump obtener el segundo lugar en Iowa el 1º de febrero y ganar ocho días después en New Hampshire. Con esas victorias, Trump logró que la lista de aspirantes se redujera a seis. La clara victoria de Trump en Carolina del Sur dejó en claro que el multimillonario sería un hueso duro de roer. Después de Carolina del Sur, el ex gobernador de Florida, Jeb Bush, también abandonó la carrera. El hijo y hermano de los ex presidentes George H. y George W. Bush había sido el candidato favorito del aparato partidista hasta que Trump entró en carrera.

La preocupación en la elite del partido republicano por la popularidad de Trump se transformó en desesperación cuando el locuaz candidato obtuvo la victoria en Nevada el pasado martes. Trump sorprendió al recibir el 46% de los votos –superando la votación combinada de los senadores Marco Rubio, de Florida, y Ted Cruz, de Texas–. Con el retiro de varios otros candidatos se esperaba que Rubio se convirtiera en el favorito de los moderados mientras que Cruz atraería el voto de la derecha conservadora del partido. Pero el hombre que hizo noticia el domingo fue, nuevamente, Trump.
Haciendo gala de su estilo populista, con una frase que emulaba a “los descamisados de la patria”, Trump dijo que él amaba a los “pobremente educados”, porque eran los más leales. Al referirse a una de sus bases de apoyo usando la terminología de los encuestadores, Trump volvió a demostrar que, independientemente de lo ofensivas que puedan ser sus palabras, sus seguidores le perdonan sus excesos. Después de todo, la fortaleza de Trump parece ser, precisamente, que el candidato no habla en la forma políticamente correcta de los políticos estadounidenses que buscan vitar alienar electores.
De cara al súper martes, los barones del partido no saben cómo parar a Trump. En los 12 estados en que se realizan primarias ese día, los republicanos escogerán 624 delegados de los 2.472 que participarán en la convención partidaria entre el 18 y el 21 de julio. Se anticipa que Trump logrará añadir más de 350 delegados –ya tiene 82– que lo acercarán a la cifra mágica de 1.237 que necesita para asegurar la nominación presidencial. Como el resto de los delegados se distribuirán entre Rubio, Cruz, Kasich y Carson –los otros cuatro candidatos que siguen en carrera–, la ventaja que ya lleva Trump se seguirá ampliando.

Es posible que los republicanos lleguen a la convención sin un candidato con mayoría para ganar automáticamente la nominación. De hecho, ésa es la esperanza de muchos que se oponen a Trump. Si ése fuera el caso, el establishment del partido deberá negociar para encontrar un candidato de consenso que pueda ganarle a Trump en la convención.
Antes de llegar a eso, Rubio y Cruz seguirán haciendo fuerza para detener a Trump, sólo que uno de ellos deberá dejar la carrera, por lo que les resulta inevitable pelearse para ver cuál de los irá contra Trump. Irónicamente, ambos han intentado acusar a Trump de no ser lo suficientemente conservador, tomando posiciones aún más radicalmente derechistas que el magnate en temas como la migración, política internacional, acuerdos comerciales y calentamiento global. Al intentar superar a Trump por la derecha, Rubio y Cruz están arrinconando al Partido Republicano en extremos derechistas de los que resultará difícil salir en la elección general, cuando enfrente al candidato de los demócratas, presumiblemente Hillary Clinton.
Por eso, aunque ahora la preocupación de los republicanos sea detener a Trump, la estrategia que están usando Marco Rubio y Ted Cruz ha sido la de sembrar vientos, con discursos conservadores incendiarios y extremistas. Por ejemplo, Ted Cruz anunció que él deportaría a 12 millones de inmigrantes ilegales de Estados Unidos, casi 3% de la población del país. No es para nada claro que esos discursos sean suficientes para detener el mensaje populista de Trump, que cada día parece sumar más votos entre los republicanos e independientes de derecha que rechazan el establishment del partido. Pero sí es evidente que esa estrategia de sembrar vientos anticipa que en las elecciones de noviembre, el candidato republicano sólo cosechará una tempestad entre los votantes moderados que decidirán la elección que ya parecen atemorizados ante las posturas radicales en las que ha caído el Partido Republicano producto de esta singular campaña dominada por la irrupción de Donald Trump.

*Profesor de Ciencias Políticas, Universidad Diego Portales, Chile. Master Teacher of Liberal Studies, New York University.



Patricio Navia