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El juego de las similitudes y las diferencias

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Daniel Scioli y Mauricio Macri. Dos políticos relevantes en la Argentina actual y futura. Tan similares. Tan diferentes.

Ambos devinieron en políticos luego de ser exitosos en otros ámbitos. Ambos comparten el hecho de dirigir los destinos de dos distritos importantes del país. Los dos han revelado su deseo de ser presidentes en 2015. Los dos han visto afectado su proyecto político por la irrupción de Sergio Massa.

Si se los evaluara en términos de posicionamiento político, podría decirse que tanto Macri como Scioli convergen hacia el centro del espectro ideológico.

En consonancia, parte importante de la opinión pública los percibe como políticos serios, modernos, dialoguistas, constructivos y hacedores. Ninguno podría ser catalogado de populista.

Adicionalmente, Scioli y Macri se asemejan respecto de su vínculo con el peronismo. Aunque Daniel Scioli sea un peronista formal y declamado, lo cierto es que su figura dista de ser la del caudillo prototípico de esa filiación partidaria. Recíprocamente, Mauricio Macri, a pesar de representar a una fuerza típicamente no peronista, tarde o temprano termina actuando la tentación de instaurar algún PRO-Peronismo.

No obstante, esas aparentes vidas paralelas aparecen bifurcadas por el kirchnerismo. Si para Scioli su pertenencia al kirchnerismo fue lo que catapultó su carrera hacia las grandes ligas de la política, en cambio, para Macri su oposición al kirchnerismo fue lo que determinó similar destino protagónico.

Como en esos pactos demoníacos en los que algo es concedido a costa de un alto precio, la misma fuerza que condujo a Scioli a ser un presidenciable, paradójicamente lo confinó a ese lugar ambiguo desde donde puede entrever las puertas del cielo pero le está vedado osar abrirlas. Asiste así a un tiempo moroso a la espera de una oportunidad que no se consuma, mientras debe soportar estoicamente la permanente amonestación presidencial y la expectativa de una ciudadanía que espera que se anime a dar el paso definitivo que –por convicción, necesidad o imposibilidad– nunca termina de dar.

Aunque, a diferencia de Scioli, Macri no ha estado sujeto al arbitrio de una voluntad política mayor, sí pareció estar a la merced de sus propios vaivenes e indeterminaciones (cuando no a las decisiones de su “gurú” Jaime Duran Barba).

Así estaban las cosas hasta que tuvo que irrumpir la novedad de un Sergio Massa desafiante para destrabar esos nudos de indefiniciones y precipitar que cada quien definiera su juego.

Para que emergiera el gesto de Scioli consistente en jugar a ser el kirchnerista militante que nunca terminó de asimilar plenamente y que tampoco es creíble. Gesto tardío que parece confinarlo dentro de un espacio político que se estrecha y que, por ende, lo aleja peligrosamente de aquel vasto segmento opositor que quizás le habría concedido el kirchnerismo superador, pero nunca el militante.

Y para convencer a Mauricio Macri de que, a veces, el tren de la historia sólo pasa una vez. De modo que conviene tomarlo, antes de que otro lo haga por uno.

Mauricio Macri y Daniel Scioli. Tan diferentes. Tan parecidos. Tan necesitados de que un advenedizo Sergio Massa no los saque del juego que los conduciría a su sueño.
 

*Director de González y Valladares Consultores de Marketing Político.



Federico González