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El lapsus de Adorno

Hoy en día, sólo las editoriales independientes se ocupan de editar y establecer los textos como corresponde.

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En la página 54 de Ontología y dialéctica. Lecciones sobre la filosofía de Heidegger, libro que compila las clases de Theodor W. Adorno de 1960 (Eterna Cadencia, Buenos Aires, agosto de 2017, traducción de Laura S. Carugati) ocurre algo gracioso, si es que se puede usar el término “gracioso” para referirse a Adorno. En una clase en la que, una y otra vez, plantea la necesidad de defender un pensamiento dialéctico, su superioridad frente a un pensamiento ontológico, encarnado por Heidegger, al que critica también una y otra vez, leemos primero esta frase: “No obstante, antes de empezar a hablar de la necesidad ontológica (7), sobre su razón o sinrazón, creo que, para poder entendernos, les debo aún el enunciado de qué es realidad la ontología”. Luego vamos a la cita (7), al pie de página, y leemos: “En el original dice ‘necesidad dialéctica’, pero tiene que ser un error, aunque Adorno efectivamente lo haya dicho así”. ¡El lapsus de Adorno! Involuntariamente Adorno invirtió los conceptos, y terminó defendiendo eso que pretendía atacar (nota para mí mismo: leer El psicoanálisis revisitado, conferencia que Adorno dio en 1946, en la sede de la Sociedad Psicoanalítica de San Francisco).

No suelo escribir sobre libros que no haya leído completamente, pero hago una excepción con éste, porque mientras lo leo (recién voy por la mitad) con una mezcla de sumo interés por el texto e igualmente sumo respeto y admiración por el cuidado de los textos de Frankfurt de las ediciones de Eterna Cadencia, a la vez me divierto con la agudeza de las notas al pie. Por ejemplo, la nota 15. Adorno dice: “Heidegger define expresamente la ontología en un pasaje de Ser y tiempo como ‘el preguntar teórico por el sentido del ente’”. Y allí aparece la nota 15, que aclara: “No consta así en Heidegger, que aparentemente sólo conoce ‘sentido del ser’ y es citado en consecuencia también por Adorno en la Dialéctica negativa. Es probable que esté pensando en ‘caracterización provisional del objeto temático’ de Ser y tiempo como ‘ser del ente o, correlativamente, sentido del ser en general’” ¡Adorno cita mal! Y Rolf Tiedemann, el editor alemán del libro, se ve obligado a corregirlo (¡Y con qué autoridad: “No consta así en Heidegger…”). No sé por qué recordé un pasaje del genial, genial y genial Borges de Bioy Casares, en el que Bioy, ya en la última etapa, algo cansado de Borges, menciona que Borges recita de memoria un poema, pero que lo hace mal, con errores. Si la editorial Destino, perteneciente al grupo Planeta, hubiera incorporado, como es debido, un índice onomástico, no tendría yo que citar de memoria y transcribiría el poema exacto (nota para mí mismo: mencionar que hoy en día sólo las editoriales independientes se ocupan de editar y establecer los textos como corresponde). No obstante, me lancé a la aventura de encontrar el poema y la frase de Bioy, en semejante pavée de 1.680 páginas, al que leí la primera vez de corrido, y muchas veces más de a fragmentos. No lo encontré, pero en cambio encontré tantos y tantos pasajes maravillosos, que no puedo contenerme de reflejar al menos uno, de la página 1.330: “Alberto Girri publicó un libro de poemas titulado Valores diarios. Borges, fingiendo equivocarse, lo llama Servicios diarios”. ¡Borges cita mal a propósito! Aquí ya no hace falta ninguna nota al pie.