COLUMNISTAS OPINION

El miedo represor

Las protestas ciudadanas se replican simultáneamente en más de cien ciudades del mundo. Todas tienen algo en común: la pérdida del miedo de los movilizados.

Las calles de Venezuela han sido tomadas por el coraje de los ciudadanos. Como bien han advertido algunos analistas, la lucha en contra de la dictadura se está produciendo, de forma simultánea, en más de cien ciudades de distinto tamaño.

Si algo tienen en común la mayoría de los videos y fotografías que circulan por redes sociales y medios de comunicación es que hacen patente un contundente fenómeno: la pérdida del miedo durante las protestas. El miedo no les impide salir a la calle y resistir los embates de los organismos encargados de reprimir: la alianza entre colectivos, policías nacionales y guardias nacionales.

Al miedo movilizador y ciudadano de los demócratas se le opone el miedo represor del poder. Maduro y su banda están aterrorizados. Saben que tienen los días contados. Que en cualquier elección serían derrotados. Violan la Constitución porque la presión de los narcos es poderosa. Tienen las armas, las bombas lacrimógenas, los helicópteros con francotiradores, los malandros en moto a las órdenes de Diosdado Cabello.

Están armados hasta los dientes y tienen la promesa del Alto Mando Militar. Y entonces, ¿qué los atemoriza? La sensación de que el final es inminente. Saben que, más temprano que tarde, serán derrotados. Deténganse en el rostro de Maduro o el de Cabello cuando miran de frente a las cámaras: son hombres derrotados. El odio que irradian es el del miedo. Odian a los que protestan. Odian al país. Odian a los camaradas que les preguntan hasta cuándo. Odian a los opositores. Pero sobre todo se odian entre ellos mismos. Esos odios internos potencian el miedo.

Los cubanos ordenan a Padrino López reprimir, pero han asegurado en Estados Unidos que el límite de maduristas que recibirán exiliados es de cien. Todos sacan cuentas: cien suman apenas tres familias: los Maduro, los Flores y los Chávez. ¿Y los demás? Lo dice un diplomático cubano activo: nosotros, por agradecimiento a Chávez, podemos recibir a Alí Babá, pero no a los cuarenta ladrones.

*Director del diario El Nacional.

Miguel Enrique Otero