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El mirlo blanco

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Cada semana, unos 13 mil bebés se arriman a nacer en estos pagos, mientras 10 mil exbebés, cumplido el trámite del currículum, se toman el olivo tan temido. Por lo general, adultos y big adultos.

Antaño, “pasar agosto” era la meta de todo anciano en ejercicio de esperanza. Durante 2013, los fríos de julio se llevaron muertitos, muertos, gerontes anónimos, y otros de nombre. Cumplióse la ley anual y en tanto unos fuéronse y otros arribaron, la interrogancia nos devora el seso. ¿Por qué motivo la Argentina es lo fácil que es difícil hacer? Pareciera, en principio, que por ser dúplices y aborrecer lo único. Perdemos por temor a perder. Jugamos, a sabiendas, a dos puntas. A ofrecer a los turistas la blancura del glaciar. A elegir para nosotros la negrura de Chevrón.

Tarea ímproba (linda esta esdrújula, hace años que no la usaba) llegar a octubre y encontrar algún resto vital de aquel matriz octubre del '45 que, tras dar el campanazo social de su siglo, se maleó en un decenio. Esta vez (como nunca otra) Buenos Aires no vio marchar al peronismo, sino deambular. Lánguidas pancartas y bombos resfriados intentaron fiesta pero la fecha impuso duelo. A su modo caciques pícaros rasquetearon sin suerte en un mito que dio lo suyo y hoy ve disuelto su poder por los reclamos de la historia. Imposible un rejunte forzado de nietos tan dispares. Les ocurrió lo peor: salirse del 17 de octubre. Se pinchó el sagrado lema y al nuevo no hay nadie que lo cante. Para un traidor no hay nada peor que otro traidor.

En la vereda de enfrente, los “bobos” (como los etiquetó el presidente Mujica) no supieron, no quisieron o no pudieron salir del comité, ganar la calle y devolverle a la república la vigencia perdida. De salir a manifestar, hoy darían una imagen tan desmembrada como la de sus matones adversarios.

Y así, con ambas grandes y tristes avenidas de nuestra praxis política obturadas, arribamos a una ceremonia que pertenece más a la jurisdicción de la Lotería Nacional que a la Junta Electoral. ¿Por qué deberíamos esperar nos saliera “un mirlo blanco” si vivimos en negro desde el mismísimo 1983, si seguimos votando caras y slogans antes que ideas y programas? Salvo excepciones, ¿no hay acaso en las urnas una abultada cantidad de esa materia cívica que llamamos ”lo de siempre”? ¿Sociedad entre rejas, Constitución ahuecada, leyes en coma, ministros sin barreras, oposición latosa, matones guante blanco? ¿Pasado clonado y presente en pelotas?

Basta mirarnos convivir con las dudas de este octubre. Sumisos, distantes, perdidos como turco en la neblina, en una semana 30 millones volveremos a jugar a la gallina ciega electoral. Lo sabemos pero “de eso no se habla”. Melancólicos que somos (y poco dados a la indignación) recién llegados al borde de esa tómbola, asumiremos fecha y rol. Somos así. Nos hicimos así. Nos deshicieron así. Animales cívicos más atentos a los ecos que a las voces. Más para el día azaroso del voto que para el año cívico del yugo. Ido que se haya ese domingo tombolero y resuene la machacona frase “la histórica jornada que ha vivido el país”, sobrevendrá un lunes decidido a quedarse dos años. Con su incógnita:

- ¿Y? ¿Quién ganó?
- Algo. Ganó Algo.
- ¿Pero quién es Algo?
- Se sabrá en el 2015.

Llevamos décadas así, escuchando el cuento de la buena pipa, viendo inventar muñecos, fracturar la Constitución, tolerar faraones provinciales, avanzar la vinchuca en más provincias, al Bermejo esperando 200 años sus canales y mil frustraciones más. Somos lo que no hacemos. El oxímoron mayor de todo estadígrafo. Nada menos que el “más paraíso” de los países del mundo que elige vegetar, bloqueándose a si mismo.

De esta soterrada actualidad (en donde supusimos habría de desarrollarse lo mejor de nuestras vidas) su perverso entramado recién se descubrirá dentro de medio siglo, cuando levanten el secreto del sumario y hayan envejecido las víctimas, prescripto sus victimarios y olvidados los aguafiestas (como uno) de hoy.



epeicovich