COLUMNISTAS UMBRALES

El miserabilismo

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Una de las grandes virtudes del kirchnerismo (o el peronismo) es su atención para con los miserables: miren cómo nos preocupa la miseria, miren cómo operamos en relación con ella, miren cómo nos desvelan las necesidades de los más pobres (precios cuidados, garrafas solidarias, ladrillos para que los villeros agranden sus villas, creación de puestos de trabajo estatales, retenciones a los consumos de clase media, subsidios a los sectores más desfavorecidos). Todo lo hacemos por ellos y para ellos (“mis grasitas”, “descamisados”), que nos quitan el sueño, en quienes confiamos hasta la ceguera, y a cuya asistencia nos entregamos plenamente porque ésa es la razón de ser del político.

Por supuesto, detrás de esa correlación directa y necesaria entre miseria y acción política, se revela la cara siniestra de tal pensamiento: para poder operar en relación con la miseria, hay que producirla en masa, sostenerla como tal, agudizarla en los momentos de desasosiego político para mejor poder operar en la formación de una ciudadanía miserable que no termina de entender el enriquecimiento de los funcionarios.

Es decir: dado que somos quienes mejor operamos en y con la miseria, produzcámosla para que nuestro talento brille en todo su esplendor. Si no hubiera miseria, no podríamos hacer política.

Once años de década ganada no han bastado para sacar a los miserables de los umbrales invernales en los que duermen. Es lo que más cuesta explicar cuando uno viaja: que tanta bonanza se traduzca en miserias tales.



Daniel Link