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El mito del príncipe rubio de ojos azules

Mauricio Macri representa en el imaginario de cierta cultura popular el salvador que viene a traer prosperidad y felicidad.

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Foto:Facundo Iglesias

Emile Nadra es un jubilado de 94 años que no puede pagar los aumentos de tarifas pero se esperanza con cobrarle un juicio al Estado de cuando, en los años 70, le confiscaron tres ingenios por el equivalente actual de 350 millones de pesos. En una entrevista en Telenoche, el jubilado contó que ahora con Macri confiaba cobrar porque vio al Presidente por televisión junto a otros jubilados prometiendo pagar todos sus juicios. El imperativo temporal de Emile Nadra, que lo lleva a confundir los juicios por el 82% móvil de las jubilaciones con todo juicio hecho por un jubilado y a tomar en sentido amplio la Reparación Histórica a los jubilados, es un buen ejemplo de la ilusión que parte de la sociedad depositó en Macri, lo que le permitió ganar las elecciones pero de no haber una recuperación de la economía terminará siendo un boomerang.

En un país con fuertes sentimientos antiestablishment en los sectores populares, Macri no pudo ser electo presidente sin haber hecho promesas que ilusionaran a los votantes de las clases baja y media baja. Promesas expresas como alegría, no ajuste y crecimiento durante la campaña, además de “segundo semestre” ya en el Gobierno. Y promesas tácitas, las no expresadas cartesianamente y por eso las más importantes, que trabajaron el inconsciente colectivo de una parte significativa de la sociedad y que se podrían sintetizar en “el mito de príncipe rubio de ojos azules”.

“El arte es una mentira que nos ayuda a ver la realidad." (Picasso)

Por más que el Gobierno no crea en la necesidad de un relato, las narrativas existirán siempre. Serán conducidas, alimentadas o explotadas por los gobiernos de turno, o no; pero nunca faltarán porque hacen a la esencia humana.

Arrealidad real. Siguiendo con la idea de ficciones ordenadoras, para Picasso “el arte es una mentira que nos ayuda a ver la realidad”. En el libro Realidad mental y mundos posibles, el profesor de las universidades de Harvard y Oxford Jerome Bruner explica la gramática de los relatos, comenzando por diferenciar las dos modalidades –complementarias pero irreductibles– del funcionamiento cognitivo de nuestro cerebro: la de los argumentos y la de los relatos. Los argumentos convencen de su verdad (lógica), los relatos convencen con su similitud con la vida (verosimilitud).

Los argumentos siguen el paradigma lógico-científico de descripción y explicación, cumpliendo el ideal del sistema matemático, su lenguaje está regulado por requisitos de coherencia y no contradicción, y están desprovistos de sentimientos: “Uno va adonde lo llevan sus premisas y conclusiones”.

Por el contrario, la narrativa se basa en la preocupación por los seres humanos, se ocupa de las vicisitudes de las intenciones, no busca lo general sino lo particular. Son dos categorías mentales diferentes: los argumentos son del orden de la causalidad; las narraciones, de la animicidad (intención).

Por eso, para Jerome Bruner existe un conjunto limitado de tipos de relato con poder de convicción en cada sociedad. Límites inherentes a las predisposiciones culturales de la audiencia y de los constructores de relatos. O sea, hay una estructura profunda en los relatos que requeriría ajustarse a ella de forma canónica. Lo que explica la existencia de rasgos estilísticos constantes y una estructura común entre los mitos y los antiguos cuentos folklóricos o las leyendas populares (Gilda o el Gauchito Gil). La palabra folklore se compone de folk, pueblo, y lore, sabiduría. Ese encadenamiento de motivos facilita la rápida captación del mensaje: bueno versus malo, joven versus viejo, ingenuo versus malicioso.

Macri, el primogénito de quien fue el hombre más rico de la Argentina, que está casado con la princesa más bella, que tiene como hija una bellísima princesita y que cuando fue presidente de Boca lo sacó campeón varias veces, representa en el imaginario de cierta cultura popular el príncipe rubio de ojos azules que viene a traer prosperidad y felicidad.

Una parte de los votantes de Macri quiere compartir su éxito asociándose a él. Si tomamos esta forma de voto como si fuera una inversión, se podría comprender la tolerancia y la relativamente poca caída de la popularidad de Macri a pesar de las medidas muy duras. Aquellos que lo votaron con la expectativa de que les mejore rápidamente su vida no quieren “pasar a pérdida su inversión” y esperan “cobrar el premio” en el segundo semestre.

Una columna de Roberto García en PERFIL de hace algunos meses explicaba que gobernar es pagar. Pagar las expectativas generadas, como al jubilado Emile Nadra citado al comienzo de esta columna, pagar a los poderes fácticos el apoyo político que le hayan dado para ganar las elecciones, o el que ahora le den para consolidarse (en el PRO comprenden que ganaron las elecciones pero aún no el poder). En las deudas, cuanto mayor sea el plazo de espera para su cancelación mayores son los costos.

En política también: cada mes que pase del segundo semestre sin la llegada de la prometida recuperación económica aumentará la demanda de éxito, para ser satisfecha, y la frustración. El lenguaje del inconsciente está hecho de metáforas y metonimias donde alguien rico es mejor pagador porque tiene de sobra.

Goberna es pagar, y se supone que los ricos son mejores pagadores porque tienen 

El Gobierno va a tener que construir alguna narración alternativa si la reactivación viene recién el año próximo, como ya comienzan a aceptar más o menos públicamente los economistas de Cambiemos y lo oficializó la vicepresidenta Gabriela Michetti en un reportaje dado al diario El Tribuno de Salta: “Resulta que vamos en el túnel y vemos todo oscuro y algunos se empiezan a preguntar si iremos bien. El segundo semestre es el momento en el cual aparece la luz en el túnel allá lejos, pero seguís en el túnel. (...) ya en 2017 vamos a empezar a sentir mejoras, no sé si será en enero o en febrero, pero será bastante pronto”.

El 10 de junio comenzó el segundo semestre de Macri, para enero o febrero de 2017 falta un siglo.



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