COLUMNISTAS ANSIAS RENOVADORAS Y AUTORITARISMO

El “modelo Correa” en Ecuador

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En marzo pasado, desde su programa Enlace ciudadano, el presidente Rafael Correa planteó la necesidad de reformar la Constitución para poder aspirar a un tercer mandato. Argumentó que su deber es volver “irreversible” el proceso de cambio iniciado en 2007 y advirtió sobre nubarrones en el horizonte: “Ahora sí los veo y todos debemos estar en nuestras trincheras para defender lo logrado y alcanzado”. Hace pocos días insistió: “Fíjense cómo a Venezuela la tienen en jaque… los próximos, no se engañen, somos nosotros”. Según dijo: “Somos demasiado peligrosos, porque éste es el proceso de izquierda más exitoso, no sólo regionalmente sino mundialmente”.

Correa se refirió a una nueva derecha, que se estrenó en febrero pasado cuando Mauricio Rodas le arrebató la alcaldía de Quito a Augusto Barrera, del ala socialdemócrata de Alianza País, el partido de Correa. Y a esa derrota se sumaron otras, a nivel local, que pusieron en alerta al gobierno.

Sin duda, hoy Correa parece el único capaz de garantizar la continuidad de su proyecto pero también la cohesión interna en unas filas, atravesadas por diferentes apuestas y estilos ideológicos. Sin experiencia política previa, el economista de Guayaquil llegó a la presidencia como un outsider, después de una sucesión de crisis y caídas de presidentes, la dolarización de la economía y la emergencia de los sectores indígenas. Desde el Palacio de Carondelet, puso en marcha un proyecto nacional-popular sui géneris, con fuertes tintes meritocráticos de los que otros gobiernos bolivarianos carecen. La Ciudad del Conocimiento Yachay –a la que se refirió El País como proyecto de Sillicon Valley– es una de las expresiones de lo que un documental gubernamental denominó el sueño ecuatoriano, en directa alusión al american dream (https://www.youtube.com/watch?v=uM6m2YZEHgs&feature=kp)

Con una mezcla de carisma, competencia tecnocrática y cierta prepotencia mesiánica, Correa es reconocido por su eficacia y sus ansias reformadoras. (símbolos aparte: su primer vicepresidente se llamaba Lenin Moreno y su actual ministro de trabajo, Carlos Marx Carrasco).

No obstante, muchos le critican su autoritarismo, el enjuiciamiento de líderes indígenas, periodistas y hasta un caricaturista, y sus constantes ataques a los “ecologistas infantiles”, “la prensa corrupta”, “los excesos de las teorías de género” etc. La oposición llama “la insultadera” a su programa de los sábados. Otros cuestionan la expansión del extractivismo y la represión a quienes se oponen a la minería.

Paralelamente, la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades) restituyó la capacidad de planificación económica del Estado. Desde el Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior se promovió el cierre de 14 universidades privadas por “pésima calidad”. Para algunos, todo esto refleja una visión tecnocrática del poder; para otros, la vía para transitar hacia una economía del conocimiento desde una basada en la explotación de recursos naturales. Ahora el gobierno impuso la obligación del doctorado para institucionalizar la carrera académica y su escalafón universitario, e incentivar la investigación. Y el actual ministro de Conocimiento y Talento Humano, Guillaume Long, publicó una columna sintomáticamente titulada “La ‘peachedefobia’” (criticando a quienes tienen fobia a los PhD).

De lo que pocos dudan es de que “Rafael”, como lo llama el diario opositor El Universo, cambió en muchos sentidos a Ecuador. Pero las derechas o centroderechas ya no son las mismas, se adaptaron al clima post liberal y tienen caras más jóvenes y más cool para enfrentar a unos gobiernos progresistas que ya no pueden presentarse como “lo nuevo”. Por eso, ahora Correa reactivó la reelección como el “último recurso” para frenar, según él, una “restauración conservadora” en el país de la mitad del mundo.

*Jefe de redacción de Nueva Sociedad.



Pablo Stefanoni