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El orgullo por una identidad

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En estas declaraciones del Papa, que han tenido un impacto mundial, se podría advertir una disminución de la intensidad en el enfrentamiento que ha tenido históricamente el Vaticano con respecto a nosotros/as, las personas homosexuales. Esperamos ahora que estas enunciaciones se ratifiquen con políticas vaticanas y que, fundamentalmente, cambien la definición que hacen de nosotros/as como una “desviación de la naturaleza” o como una “perversión” que genera una enorme discriminación, dolor y violencia hacia nuestra comunidad en todo el mundo.

La pregunta que se hace el mismo Francisco resulta, al menos, curiosa: “si una persona es gay, ¿quién soy yo para juzgarla?”. La respuesta es su misma identidad: es el Papa, la cabeza del Vaticano, el que puede cambiar el significado de la homosexualidad por lo que realmente es: una orientación sexual.

Si necesitan un respaldo académico, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya lo hizo hace 23 años.

Con respecto al “lobby gay” en la CHA, como organización de derechos humanos, trabajamos desde hace 29 años por los derechos de nuestra comunidad lésbica, gay, travesti, transexual, bisexual e intersexual (Glttbi). En ese trabajo está, por supuesto, “hacer lobby” especialmente cuando se debaten las leyes que necesitamos para tener los mismos derechos que el resto de la sociedad. En el debate de las leyes de Unión Civil de la Ciudad de Buenos Aires, del Matrimonio Igualitario y la Identidad de Género, como siempre, hicimos el “lobby” en los medios de comunicación, ante los/as diputados y senadores/as para dar información a través de nuestras campañas como por ejemplo “Somos familias”. La Iglesia vaticana también lo hizo y, el entonces cardenal Bergoglio también hizo “lobby” junto a algunas iglesias evangélicas en una marcha convocada el 13 de julio de 2010 y declaró públicamente una “guerra de Dios” para enfrentar la Ley del Matrimonio Igualitario.

En Argentina hemos defendido (con buenas prácticas políticas) a nuestra comunidad y lo seguiremos haciendo. Además de realizar actos y denuncias públicas, presentamos varias querellas ante la Justicia, justamente ante las actitudes violentas, por ejemplo en 1994 del entonces cardenal Antonio Quarracino cuando quería “encerrarlos en un ghetto” y afirmaba que “los homosexuales son una sucia mancha en el rostro de la Nación” o en 2003, el entonces obispo de Luján que dijo en plena misa que los homosexuales somos “dignos de muerte”.

Luego de las declaraciones de Francisco y durante esta última semana los obispos de La Plata, Héctor Aguer y Alberto Bochatey, salieron a ratificar en los medios de comunicación el dogma vaticano vigente: que la homosexualidad es una desviación de la naturaleza y que sus feligreses/as homosexuales “no están espiritualmente preparados para comulgar”. Insisten, eso sí, negando una semántica básica, que eso no es ningún juicio hacia nosotros/as.

Durante las últimas conquistas logradas en nuestro país, era en ese entonces cardenal Jorge Bergoglio. Ahora es el papa Francisco, y esperamos que pueda cambiar la historia de discriminación del Vaticano.

De todos estos triunfos que conseguimos, y si bien cada uno marca un cambio histórico, social y cultural, hay uno esencial que nace en lo íntimo y personal y trasciende a toda nuestra comunidad: el poder sentir orgullo por nuestra identidad.

Nosotros y nosotras seguiremos nuestro camino con ese orgullo y hacia adelante.


*Presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).



César Cigliutti