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El recuerdo persistente

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El “asesino del pueblo”, el “dueño de la vida y la muerte”, el que pidió hasta sus últimos días “que tomen las armas para derrocar a este Gobierno en defensa de las instituciones básicas de la República”, termina sus días en una cárcel común y repudiado por toda la sociedad. Argentina da un paso hacia adelante en este sentido, se aleja lentamente del trauma histórico de la culpa y la vergüenza colectiva de los años oscuros de la dictadura y sus consecuencias.

Durante años repetimos, hasta que pudimos dejar atrás la equivalencia nefasta de la teoría de los dos demonios, que los centros clandestinos de detención en donde murieron miles de nuestros compatriotas y el aparato represivo de terror al que la Junta Militar sometió a toda la sociedad, fueron diseñados como una estructura institucional. El terror como forma institucionalizada. Hay pocos discursos que defienden al día de hoy lo indefendible, esto también es una conquista de nuestra sociedad en su conjunto, que está habilitando también en este contexto, a que los viejos militantes hagan la propia revisión de su pasado.

Videla fue también, el pacificador del país que la opinión pública pidió a gritos, el del golpe de Estado anunciado en la tapa de los diarios y sostenido por la Iglesia y el representante del brazo armado de los intereses económicos más concentrados. Se muere y nos debe las herramientas para cerrar nuestra propia historia individual, la información del destino de los cuerpos de nuestros familiares y amigos, el aporte de la información que tanto necesitamos para reencontrarnos con nuestros primos y hermanos a través de la restitución de la identidad de cientos de menores arrancados de sus madres en la sala de torturas. Hoy, personas de 30 y 40 años, nuestros hermanos.

Lo recuerdo en la tele, persistente, repitiendo hasta el cansancio que los cuerpos de mis viejos no estaban ni muertos ni vivos, que eran una incógnita, que no le pregunten. Lo recuerdo de chico, como la figura imperdonable al que sólo de mirarlo se me apretaba la panza.

*Artista visual y cineasta. Nieto de Héctor Oesterheld.



Martin M. Oesterheld*