COLUMNISTAS ENTRE LA REALIDAD Y LA FICCION

El ‘relato’

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Relato: 1. Conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho. 2. Narración.
Cuento: 1. Relación de un suceso. 2. Relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención.
Estas son las definiciones que nos da el Diccionario de la Real Academia Española sobre “relato” y “cuento”.
Aunque, según la óptica, estas definiciones puedan variar, la diferencia significativa entre un relato y un cuento estaría en la verosimilitud de los hechos. En el caso de los relatos, se trataría de la narración de un suceso real. En el de los cuentos, de historias pergeñadas por la imaginación, es decir, irreales.
Estaríamos cuestionándonos entonces, en primer término, qué es la realidad.
Y ésta sería, según el mismo diccionario, en su primera acepción, la existencia real y efectiva de una cosa.
Si leemos las admirables Lecciones de literatura de Vladimir Nabokov (compiladas por Fredson Bowers, en la versión castellana de Francisco Torres Oliver), el gran escritor nos dice que la literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle de Neanderthal gritando “el lobo, el lobo” con un enorme lobo gris pisándole los talones. “La literatura nació –dice Nabokov– el día en que un chico llegó gritando ‘el lobo, el lobo’ sin que lo persiguiera ningún lobo”. Que ese chico haya terminado devorado por un lobo de verdad por haber mentido tantas veces es puro accidente, según el escritor. “Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura”.
¿No es ésta, además, una estupenda explicación de la diferencia que habría entre un relato y un cuento?
En su Aproximación didáctica al cuento moderno, el filólogo español Manuel Alberca Serrano marca lo siguiente: “Este (el cuento moderno) toma como modelo la cuentística de Edgar Allan Poe, y ha desarrollado un tipo de cierre donde se culmina la tensión anterior con un final efectista”. El autor se refiere al descubrimiento de un misterio o al desenvolvimiento de una verdad misteriosa, oculta, enigmática dentro del cuento, como forma de producir ese efecto final.
La literatura llamada “fantástica” es un claro paradigma de esta modalidad creadora.
Es ese tipo de cuentos donde, como cree Nabokov, el narrador aparece sobre todo como un maestro, un encantador, un mago, cuando no como un “embaucador”. Al igual que la misma naturaleza, el escritor de ficción engañaría, haría trampas y trucos de una manera subyugante. “Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la naturaleza”, concluye así su idea el autor.
¿Es el cuento un engaño y es el relato la verdad?
Los maniqueísmos no cuajan. La literatura es el reino de la complejidad. Hay maneras sutiles de mezclar realidad y ficción, verdad y engaño, sueño y vigilia. Es ese paso intermedio al que alude Nabokov en la anécdota –transmutada y reinterpretada– del lobo.
¿Qué habrá de todo esto en el “relato” del cual nos habla hoy, aquí, la política?
¿Es acaso el relato lo real, lo que nos pasa verdaderamente como sociedad? ¿O es una ficción? ¿Es el relato una trampa, un engaño, un invento? ¿Qué es, en suma, el relato? ¿Fantasía, mera ilusión, literatura… o falsedad premeditada, construida con toda intencionalidad?
Parecería ser que , en este caso, el “relato” iría entre comillas, porque poco tendría que ver con la realidad de cada día. Sería , quizás, una expresión de deseos, de ensoñaciones y de deformaciones, un orbe paralelo, irreal. Mejor dicho, y en un lenguaje llano: puro cuento.

*Escritora y columnista, autora de Avatar y Buda, entre otros libros.



Alina Diaconu