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El respaldo político de Martínez de Hoz

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La economía del gobierno militar instaurado en 1976, constituyó otra faceta sumamente grave y dolorosa para el país. El gestor directo fue Martínez de Hoz, pero, siempre estuvo claro que Rafael Videla activó como el respaldo político clave del ministro y de la política desplegada.
Desde ya, la tal experiencia aprovechó en el plano coyuntural, aspectos negativos que minaron el desarrollo del gobierno peronista previo. Este no pudo, o no supo, responder orgánicamente al desafío impuesto por el agotamiento del experimento de congelamiento, y de otras acciones, que aplicara el ministro Gelbard. La opción rectificatoria de miras consensuadas y gradualistas, propuesta por Gómez Morales, no halló eco, y, por lo tanto, irrumpió el intento unilateral y de tintes radicalizados de la dupla Rodrigo-Zin, bancado por una de las alas del proceso político del momento. Surgió el denominado “Rodrigazo”.
Las reacciones que sucedieron, frustraron la concreción de buena parte de los objetivos de ajustes deseados. Pero, ello no significó una instancia de superación para los problemas vigentes. A lo sumo, se atinó hasta poco tiempo antes del golpe, a ejercer una mera “administración” de las tensiones desatadas.

Justamente, el “sinceramiento” de variables con el que arrancó el gobierno militar, con sus contenidos de devaluación, liberación de precios y congelamiento salarial, no fue más que la “puesta a punto”, en una escala magnificada, del ajuste pendiente devenido de las propias contradicciones del peronismo de 1973-76. El ajuste que no se supo encarar consensuada y ordenadamente, advino luego, bajo un estilo salvaje.

Pero, el fenómeno citado puede considerarse coyuntural. Hay facetas estructurales más profundas. Lo que pasa es que las claves estructurales siempre se montan sobre trances coyunturales.

En rigor, la dupla Videla-Martínez de Hoz aspiró a que el curso pendular entre las experiencias industrializadoras mercadointernistas y con apoyo popular, y las liberales, con menos sustento popular, cesara, consolidándose el último polo.

Lo cual supuso un aggiornamiento de la postura liberal. Se estableció la liberalización financiera interna, que dio calce a las tasas de interés altisonantes con vistas a captar fondos y a las prácticas de bicicleta financiera.

Sin duda, el enfoque fue aperturista. En rigor, la industrialización que había seguido Argentina, unilateralmente mercadointernista, requería una actualización; una cierta “apertura”, pero, que no depredara su propio núcleo.

La gestión Videla-Martínez de Hoz, por el contrario, embistió derecho contra ese núcleo. Por de pronto, hubo reducciones arancelarias. Sin embargo, el golpe por antonomasia lo asestó la aplicación de la tristemente célebre tablita cambiaria, un exudado de la postura, con auge en la época, del “enfoque monetario del balance de pagos para economías pequeñas y abiertas”.

El tal engendro, con un horizonte de minidevaluaciones por debajo de la inflación, esperaba forzar el descenso de ésta y la convergencia final de las series. Ocurrió al revés: se acentuó la discrepancia, dando lugar a un retraso cambiario enorme que pegó inclemente sobre el sector manufacturero y que también dañó al campo. Correlato, todo esto, de un uso sistemático del endeudamiento externo, que concluyó estallando.

Los integrantes de la dupla Videla-Martínez de Hoz han desaparecido en un lapso corto de tiempo. En tiempos del gobierno militar, pilotearon una estrategia liberal de profundas implicancias negativas.

*Economista.



Eduardo Luis Curia