COLUMNISTAS

El Rey de las Sombras

Occidente sabe ahora quién está detrás del horror que se está construyendo en el así llamado Califato, abatido en 2014. Sin embargo, aún no sabe cuánto sufrimiento queda por delante.

Unas semanas atrás, nos ocupamos de los esfuerzos que está haciendo Japón para materializar una reingeniería de sus servicios de inteligencia. Aunque medularmente se tratara de lo mismo, no era la Tierra del Sol Naciente lo que estaba presente en las maquinaciones de Samir Abd Muhammad al-Khlifawi (Haji Bakr), cuando en 2012 se alojó en una vivienda anodina en Tal Rifaat, al norte de Alepo.

Ex coronel del servicio de inteligencia de la fuerza de defensa aérea iraquí en tiempos de Saddam Hussein, desde el corazón mismo de una de las ciudadelas de Estado Islámico de Irak y el Levante (EI) se proponía idear un preciso –en términos técnicos– plan para montar un “Estado  de inteligencia islámica”, o sea un califato gobernado por un servicio de inteligencia (Christoph Reuter, Der Spiegel).

Desde 2003, cuando se crea la agrupación, su nombre cambió varias veces, y con él y cada vez la definición de sus objetivos y alcances. Pero no fue sino hasta 2014, cuando el califa Abu Bakr al-Baghdadi exterioriza el nuevo Califato Islámico y publicita sus intenciones de conquistar bajo su férula todo el mundo musulmán, que los medios de información no lo incorporan a sus propios GPS.

Suní wahabista, riguroso en la aplicación de la Sharia (cuerpo interpretable del derecho islámico), expansionista, hostil a los gobiernos chiitas, reluctante a Al Qaeda y sedoso con las petromonarquías del Golfo Pérsico, es más un proclamado orden mundial que trata de derrumbar las bases de los acuerdos Sykes-Picot (1916; Gran Bretaña y Francia; división de los territorios del Oriente Próximo) que apenas un Estado. A fin de cuentas, el Reino Unidos, Francia y Rusia diseñaron en los acuerdos aludidos a Siria, Persia, Irak y otras unidades territoriales, que son los países que Estado Islámico pretende fundir en una sola entidad. Y en su momento, ya que estamos, seguir con Italia, Rusia y los mismos Reino Unido y Francia.

“Publicitar” sus intervenciones no es un verbo elegido al azar: decapitaciones, crucifixiones, tiros de gracia, fosas comunes, mujeres y niños primero y ahorcamientos son transformados en material que se difunde, y no han olvidado su Informe Anual de Actividades que, en versión PDF y árabe, es consultable en la web. Redes sociales y otros túneles expansivos (desde cuentas en Twitter hasta perfiles en Facebook) no han quedado librados al azar. Según ciertas informaciones, el ex coronel Haji Bakr no fue ajeno a estos gadgets de la sociedad de la comunicación.

Christoph Reuter lo describe en Der Spiegel como “esquivo”, “engatusador”, “deshonesto”, “inescrutable”, alguien respecto de quien “nunca sabíamos en frente de quién estábamos sentados”. El arquitecto de EI, en su vivienda de Tal Rifaat, a 20 kilómetros de Alepo, que está rodeada por una muralla de siete puertas y donde se habla el dialecto norteño del árabe levantino, en 2012 urdía organigramas hechos a mano, listados de personas, programas y las descripciones de cómo subyugar progresivamente un país. Los códigos fuente del movimiento terrorista que más ha dado que hablar en los últimos meses. Los sueños previos a la pesadilla.

EI, una vez asegurada la plaza, que pasa a ser parte del Califato, pone en marcha un proceso de homogeneización étnica y religiosa: “todos han de ser musulmanes de la rama sunita”. Para los demás: la conversión, el desembolso de un “impuesto” o la caritativa muerte. De allí los desplazados que se vuelcan por millares sobre Líbano y otros lugares. Quienes vivan en el Califato deben atenerse a una serie de reglas: todos los musulmanes serán bien tratados; el robo es castigado con la amputación; el chantaje, con la crucifixión; están prohibidos las drogas, el alcohol y el tabaco; los santuarios serán destruidos; las mujeres sólo saldrán a la calle con la vestimenta islámica completa, incluido el niqab, velo que tapa la cara con excepción de los ojos.

Haji Bakr perdió la vida una mañana de enero de 2014. Quienes lo mataron no sabían que ese hombre alto y de barba blanca era quien había sido. Tal vez su muerte se haya debido a una pequeña desatención bajo los cielos de Tal Rifaat; para quien acarrea nitroglicerina, un mínimo temblor acarrea el final.

Entre sus pertenencias se halló una carpeta que contenía apuntes preliminares. Bajo la cobertura de ofrecer los servicios de un centro islámico misionero, algunos hombres formados previamente debían obtener información sobre los temas siguientes: las familias más influyentes; las personas más poderosas de esas familias; nombres de los miembros de las brigadas rebeldes del lugar, su orientación política, líderes y lugartenientes; encontrar sus debilidades bajo la Sharia. No dejaban de ser útiles datos tales como saber si se trataba de homosexuales o de promiscuos. Bakr añadió que diversos “hermanos” deberían ser cuidadosamente escogidos en cada ciudad para tomar como esposas a las hijas de las familias más conspicuas.

Como otra evidencia más de las complejidades de este sector del mundo, el movimiento palestino Hamas, según reporta Stratfor, no la pasa bien en el conflicto sirio debido a que ha quedado cercado por el arco chiita Siria-Hezbollah-Irán (los protegió durante años) y las expresiones regionales sunitas (con las que comparte confesión): Turquía, Egipto, Qatar. A punto tal que, según escribe el diario árabe Al-Quds al-Arabi, el líder político de Hamas, Jaled Meshal, fue reconvenido por su propio brazo armado, las Brigadas Ezzedine al-Qassam, por las zalameras circunvoluciones en torno a Turquía, recordándole que fue Teherán y no los países del Golfo la que le consintió afrontar la operación israelí contra Gaza del último noviembre. Por lo expuesto, por intentar variar sus antiguas alianzas acordando con “el bando fundamentalista sunita”, Hamas arriesga “una parte importante de su fuerza y de su popularidad, adquirida gracias a su posición en el campo de la resistencia”. ¿Lo espera EI?
El Rey de las Sombras, Haji Bakr, terminó dentro de una heladera. Sólo más tarde los tiradores supieron sobre quién habían acertado. Ahora Occidente sabe públicamente quién estuvo detrás del espanto que deja a su paso el Califato. No sabe, en cambio, cuánto queda por delante.



Redacción de Perfil.com