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El show del dato

Un número puede ser un gran show, un espectáculo asombroso.

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Un número puede ser un gran show, un espectáculo asombroso. Puede desprenderse de la magnitud que representa y permitir ser un símbolo, cambiar de estado numérico a otro de simple imagen. El número de pobres que regresa a escena es esos mismos pobres, y lo que con esos pobres se puede hacer.
Los datos recuperados del Indec son una oportunidad comunicacional para el gobierno nacional al nivel de José López. Su expresión bestial, su crudeza abultada, su exageración en la comparación, son todas ventajas para el desprestigio de los otros. Y no fue sólo un anuncio del instituto que mide la pobreza. Macri habló porque la oportunidad era fantástica, también para la ministra de Desarrollo Social y después más funcionarios y periodistas. Todos jugaban al juego de la exposición de la sorpresa.

Desde Ecuador, en otro espectáculo asombroso, atemporal, Cristina Kirchner decía que en su gobierno llegaron a 5,9% de desocupados en alguno de los trimestres. En Cristina los datos son un atuendo también extremo, desbordante. Para ella y los restos del kirchnerismo, la desocupación cumple la función de la pobreza para el macrismo. Hay allí inteligencia.
Los datos de desocupación, que salen de la misma encuesta sobre la cual se mide la pobreza, no son cuestionados. Macri habla de generar empleo, pero no hay mucho show para montar sobre su gobierno y los datos que registra el Indec sobre ese asunto. Ese espectáculo queda para las esperanzas de regreso de los desplazados del poder.
Los nuevos datos son presentados en formato de verdad, de realidad. La utilización de esa información es al mismo tiempo la oportunidad de consolidar un sistema visual que divide a los que muestran la realidad de los que mienten. Con esos casi 33% de pobres, se continúa la oportunidad de seguir sosteniendo la construcción de identidad en base al contraste. “Yo digo la verdad”, y como consecuencia los otros son los que mienten. El crecimiento de la desocupación permite la consolidación de la identidad opuesta y olvidar la evidencia de mentira anterior.

La insistencia por describir el sistema de partidos políticos como una crisis en Occidente se moldea como una crisis también de identidades y se expone a una confusión. Los ciudadanos estarían desvinculados de las tradiciones históricas y sueltos, sin ataduras, casi sin identidad. Si lo tradicional no está presente, entonces no habría nada.
En la era actual, el desafío de los gobiernos es el de la creación de nuevas historias, de relatos presentes que se ocupen del rol de creación de identidades novedosas. Si bien el kircherismo buscaba en el pasado referencias, tanto episódicas como intelectuales, hizo de su propio tiempo una experiencia única. Buscó su fecha de origen, su visión de la realidad y sus enemigos para consolidar algo sin comparación. El vínculo con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la imagen de Kirchner como el Eternauta, sus propias películas y actores, y su militancia. El kirchnerismo es eso mismo, algo único.

El macrismo o la experiencia del PRO son hijos de la identidad opuesta. La definición de sus valores tiene la forma de espejo perfecto del pasado reciente. Al autoritarismo, diálogo; a la mentira, verdad; a la corrupción, transparencia; a los billetes en efectivo, cuentas en Panamá. Los datos de pobreza, tan diferentes a la mentira kirchnerista, son un regalo estupendo para la misión de construcción de identidad. Se insistirá sobre ellos todo el tiempo que se pueda, son su equivalente del neoliberalismo, son su identidad, su carne, su sentido. La sociedad se desprende de su relación antigua con los partidos, pero necesita de identidades nuevas.
Cada número que el Indec arroje al escándalo público será un paso más en la consolidación de la nueva experiencia política, y será para el macrismo también un organismo fascinante para ser utilizado. Esas son también las paradojas del poder, no importa la mentira o la verdad, sino lo que se pueda hacer con cada una de ellas.
Ahora que somos responsables y sabemos que no somos mejores que Alemania con los pobres, sólo nos queda recuperar las Malvinas, con seriedad y diciendo siempre la verdad. ¿Mide el Indec los descuidos diplomáticos? Ojalá que Todesca pueda publicar esos datos pronto.

 *Sociólogo. Director de Quiddity Argentina.