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El silencio de los corderos

Siempre pensé que cuando la gente no sabe qué hacer, hace un documental.

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Siempre pensé que cuando la gente no sabe qué hacer, hace un documental. Sin embargo, los documentales son un género que me gusta mucho. Como estuve enfermo y en cama me la pasé viendo muchas películas. A casi todas las terminé, salvo La La Land (la que ganó el Oscar a la mejor película durante cinco minutos) que me pareció un bodrio letal: esa idea tan mala de que los artistas son personas especiales, con una pasión indestructible. Igual el musical tiene un germen de vanguardia, ¿no?, eso de que los tipos se pongan a bailar y después sigan la vida cotidiana como si nada hubiera pasado. Por contraste con esta peli vi Silencio, de Martin Scorsese. Dos curas portugueses (¿pero por qué hablan inglés?) parten hacia Japón a buscar a su mentor que había logrado domesticar en el cristianismo a doscientos mil japoneses y de quien se dice que se pasó al budismo, es apóstata, reniega de la fe cristiana y vive como japonés con una mujer e hijos. Me llamó la atención que por más torturas y catástrofes espirituales que padecen los cristianos en manos de los japoneses inquisidores, nunca sentí, durante tres horas, la más mínima emoción. Un japonés cristiano es un error estético. Y la religión, parece decirnos Martin, es casi sinónimo de violencia, sea cual sea. ¿Por qué habría que convertir a alguien? ¿Por qué no dejamos tranquila a la gente para que cada cual se emancipe y encuentre, si quiere, a su propio maestro? La película está filmada por un crack. Sabemos que haga lo que haga, Scorsese siempre cuenta, de fondo, la fábula de Jesús. Aunque Jesús esté encarnado en un tachero demente, en un gánster o en un aspirante a comediante (El rey de la comedia me parece una obra maestra). Silencio tiene una factura lumínica brillante: parecen cuadros expresionistas, como en Barry Lyndon, de Stanley Kubrick. Pero aunque muestra muchas acciones físicas, hasta cómo se corta una cabeza y ésta rueda a los pies de uno de los jesuitas encarcelados, el film es abstracto, parece empantanarse en ideas más que en las cosas. Los jesuitas fueron siempre unos tipos raros, ahora hasta hay uno, el jefe de contenidos de la Iglesia Católica, que es de San Lorenzo. Sin embargo, los argentinos podemos ver esta película bajo otro prisma: esos seguidores que hacen un viaje tremendo y padecen torturas físicas para al final comprobar que su mentor, el padre Ferreira, es un traidor, ¿no se parecen a los seguidores del Indio Solari?