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El sociólogo y el “motoquero”

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Por estos días, en 6,7,8 se indignan por una supuesta conspiración contra el vicepresidente Amado Boudou. Sandra Russo explica que fue elegido “porque no les teme a las corporaciones”, su misión habría sido venir a recuperar las jubilaciones de las manos de las AFJP. Pero si la prensa se la agarró con Boudou es porque sus actos y actitudes se lo dejaron en bandeja. Como dijo una vez Jean-Paul Sartre en una entrevista, la prensa burguesa sin duda miente, pero en base a los hechos. Y en esa dinámica hay que leer las “conspiraciones mediáticas”. El vice se encargó de regalar infinidad de hechos a la oposición.

Beatriz Sarlo escribió una vez que “Boudou pertenece a esta clase de sujetos inconscientes del agravio que produce su perfecta comodidad en el corazón de la cultura tardocapitalista. Tampoco percibe el agravio de su superficialidad. No irrita tanto porque, simplemente, existe Tinelli que concentra la indignación y permite soportar todo lo demás como si fuera un mal menor. Pero Tinelli no es vicepresidente”. Y ahora ya no está Tinelli y Boudou es presidente interino. Un presidente interino sui géneris, porque recibe órdenes de un secretario de Estado (Zannini) y porque los candidatos del Frente para la Victoria tratan de evitar que vaya a “apoyarlos” en sus actos electorales. Su afición a las motos sólo se vuelve negativa en este contexto.

Los motivos de Cristina Fernández para elegirlo le pertenecen a ella. Es cierto que nadie le sumaba en 2011, pero un vicepresidente no está sólo para sumar el día de la elección, sino para construir el poder con el presidente. Un contrapunto de la elección de Boudou podemos encontrarlo no en los países con los que siempre ansiamos infructuosamente parecernos –en el Primer Mundo– sino en la más cercana Bolivia. Allí, Evo Morales, un diputado “cocalero”, proveniente del sindicalismo campesino y con escasa formación escolar, tuvo un dilema a la hora de elegir a su  compañero de fórmula en 2005: ¿un empresario de Santa Cruz de la Sierra para equilibrar?, ¿una mujer para mostrar equidad de género? Al final se decidió por Alvaro García Linera. Matemático de formación, el nuevo compañero de fórmula de Morales estuvo cinco años preso a comienzos de los años 90 por su frustrado intento de conformar una guerrilla con el líder aimara Felipe Quispe, se autoformó como sociólogo en la cárcel y al salir se transformó en un respetado académico y analista político que vivía en 60 m2 rodeado de libros. Su elección fue una sorpresa, pero la combinación resultó efectiva y el binomio se impuso con el 54% de los votos en diciembre de 2005.

De este modo, Morales no tuvo temor a elegir a “un hombre que sabe” como compañero de fórmula, a riesgo de que éste apareciera como el “cerebro” del gobierno. Es más, García Linera funciona como un verdadero copiloto del presidente, se encarga de la presidencia del Congreso y de varios temas vinculados a la economía y las relaciones internacionales. Además, hace valer su capital político-cultural en multitud de entrevistas y conferencias en universidades de Europa, EE.UU. y América latina donde seduce a su audiencia apelando a Lenin, utilizando a Bourdieu en sus análisis y citando a Marx, Negri o Wallerstein. Si Morales tuviera que tomar licencia a nadie le sorprendería que García Linera lo reemplazara en el poder.

Obviamente, no se trata acá de idealizar la experiencia boliviana ni de transformar a Evo Morales en un nuevo Avatar, que se enfrenta al capitalismo mundial desde las profundidades mágicas del mundo indígena. Sólo de comentar una experiencia en la que la elección de un vicepresidente responde a un intento de construir un proyecto político, en el que más allá de los presidentes “fuertes” e incluso caudillistas (y Evo lo es) se necesitan diversos tipos de complementariedades y articulaciones.

Pero el kirchnerismo impuso una lógica en la cual un secretario o un viceministro tiene más poder que un ministro (Economía, Seguridad), donde la sangre ocupa un lugar central (¿alguien votó a Máximo?) y el verdadero poder no tiene que ver con el cargo, sino con el viejo método de medir la distancia frente al rey o la reina. La de Boudou, ahora, parece kilométrica, con Zannini como intérprete de la verdadera voluntad presidencial.


*Jefe de redaccion de Nueva Sociedad.



Pablo Stefanoni