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El tema no es Tinelli

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La discusión central sobre la organización de nuestro fútbol gira exclusivamente alrededor de si se aceptará o no que Marcelo Tinelli participe en las próximas elecciones para presidente de la AFA. Eso califica pésimamente a la sociedad futbolera.

No seré yo quien minimice el peso específico y la onda expansiva que provoca la sola mención del hombre más exitoso de nuestra televisión de los últimos 25 años; seguramente uno de los cinco más influyentes de la historia.

Sin embargo, Tinelli no es sólo un señor que aspira a acercar un proyecto para adecentar el fútbol. Marcelo es noticia desde los universos más variopintos. Por distintas razones, su nombre queda adosado al título con el de Máximo y el de Scioli, el de Samid y el de Kämpfer, el de Cristóbal López y el de Magnetto, el de Luis Segura y el de la Brujita Verón, el de Yepes y el de Matos.

Este collage de apellidos sólo pueden aparecer juntos en el Universo Tinelli. Y de eso se quieren agarrar algunos pillos para potenciar la máquina de impedir. Y mantener un statu quo sin el cual muchos de los hombres que hoy dicen revolver el guiso en Viamonte 1366 deberían sencillamente salir a laburar.

Más temprano que tarde: no sé si Marcelo es el hombre ideal para exorcizar la AFA. Tampoco sé si tendrá respaldo mayoritario si lograra su objetivo de ser elegible en 2015. De lo que no tengo la menor duda es de que su sola mención genera en el veterano edificio más pánico que el ébola. Tampoco tengo la menor duda de que nuestro fútbol no puede seguir así.

Córranlo a Tinelli del medio. Piensen en cómo nos va. En el fútbol que tenemos.

Nos resignamos a que los visitantes miren los partidos por tele. A que un sinfín de partidos se jueguen directamente sin público. A la incomodidad de que el público local deba moverse a otro estadio porque le suspenden el propio. A que, según la camiseta, se suspenda o no un estadio. A la inmundicia de los barras bravas. A que decenas de equipos por semana vayan a pérdida porque, justamente por los barras, deban pagar operativos ineficaces y carísimos para no controlar tribunas que tampoco se llenan. A que se programen partidos en días y horarios inaccesibles para cualquiera que tenga un trabajo normal. A que clubes fundidos gasten lo que no tienen comprando jugadores que no usan. A que nadie que dude tenga acceso a los contratos de la entidad. A que una enorme cantidad de cosas se hayan votado a libro cerrado.

A que se anuncie que todos los partidos serán transmitidos por canales de aire mientras, actualmente, no menos de tres de Primera y cinco del Nacional van por una señal de otra característica. A que se le advierta a esos mismos canales que se deberá respetar la transmisión tal cual se genera incluidas las tandas pero uno solo, Telefe, meta promociones de sus programas en el mismo escenario que América, el Nueve y hasta la Televisión Pública no pueden.

A que clubes fundidos contraten técnicos mientras no terminaron de pagarle al que echaron en 1920. A que el Tribunal de Disciplina esté constituido por abogados, escribanos y hasta empresarios; jamás por un árbitro. A que se juegue un torneo de treinta equipos que la enorme mayoría de los participantes –inclusive varios beneficiados por el disparate– está en desacuerdo con jugar. A que nadie sepa, hoy, cómo se definirá la clasificación para la Sudamericana si River, ya clasificado, derrotase a Huracán en la Supercopa Argentina cuyo campeón tiene un cupo en el torneo continental del segundo semestre. A que un partido se siga jugando aunque a un protagonista le rompan la cabeza de un piedrazo. A que un partido suspendido porque se matan fuera de la cancha se siga jugando semanas más tarde “porque los puntos se ganan dentro de la cancha”, algo que la FIFA y la UEFA demostraron hasta el hartazgo que es una falacia.
Detesto aburrirlos con mi presunto derecho a inventario. Cierro la libreta de apuntes y concluyo: ¡¡¡El fútbol argentino terceriza a Lionel Messi!!!

A nadie le entra en la cabeza que la AFA resigne un solo centavo contratando una empresa que consiga rivales y escenarios para partidos amistosos en los que juega el mejor y más popular futbolista del planeta. Para colmo, te arman combos en los que, después de Brasil, enfrentás a Hong Kong. Prefiero que no me lo expliquen. Bastante bobo me siento mirándome al espejo.
Más o menos grave, más o menos a propósito, lo que le sucede a nuestro fútbol me deja una conclusión prehistórica: no sé quién tiene derecho a llegar. Los que no tienen derecho a seguir son quienes llevaron al fútbol a esta instancia.
Con unos cuantos grises, la división actual que se transparenta cuando se consulta respecto de la interpretación del reglamento que permitiría o no presentarse a Tinelli, le da a quienes no estuvieron, cuanto menos, el aval de un prontuario más o menos libre del sijulismo al que tantos apelan para justificar haber avalado toda esta porquería.

Es curioso cómo el fútbol y el país mismo que viven entreverados –no hay tanda del Fútbol para Todos que así no lo exprese– de pronto recorran caminos inversos en el análisis institucional profundo.

Gran parte de los analistas de los medios más críticos del Gobierno coinciden en hablar de fin de ciclo; celebran que termine el mandato de Cristina y, en el esfuerzo, se olvidan de contarnos de qué la van algunos de los que quieren sucederla. En las mismas líneas en las que ponderan algún favoritismo ignoran contarnos qué es lo que hará con el país el pollo al que cobijan bajo la pauta.

Por el contrario, en el caso de la AFA, se pone en zona de debate el indiscutible despropósito en el que se convirtió el papado de Grondona y nos urge saber qué hará el que se quede con el trono. Para empezar, habría que tirar a la papelera de reciclaje ese concepto monárquico. La AFA, como el país, no necesita un emperador sino gente que pondere las ideas, los proyectos y los equipos de trabajo. Gente honesta e idónea. Y cortar de cuajo con los que dejaron al Fórmula 1 con tres ruedas colgando del precipicio.

No es Tinelli la clave del asunto. Son quienes manejan todo “como lo hubiera seguido haciendo Julio”. Seguramente habrá cosas que mantener. Otras que corregir y mejorar. Muchas que investigar y, otras tantas, tirar por la ventana. Lo que no comprendo que se discuta es la necesidad del cambio.

No le falta verdad a quien dice que, si se tocara algún párrafo o se diera cierta interpretación a la norma, se lo estaría haciendo exclusivamente porque involucra a Tinelli. Y si la presunta batalla la ganasen quienes no quieren tocar ni una coma ni discutir una frase, ¿a quién otro sino a Marcelo estarían apuntando?

En todo caso, sea lo que fuere que termine sucediendo, el desafío será seguir el rastro de quienes se queden con el poder. A ver si tienen ganas y son capaces de hacer algo digno. Un fútbol vivible. Un fútbol que nos dé ganas y orgullo. Como espero sepamos pedir para el país mismo.



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