COLUMNISTAS

El triunfo de la publicidad

PERFIL COMPLETO

Creo que Adrián Caetano está en problemas. Había escapado de ellos cuando los productores del documental sobre Kirchner decidieron que su proyecto no era lo suficientemente militante y se lo sacaron de las manos. Pero los hechos se encadenaron de un modo maligno. A pesar de la publicidad oficial, del estreno en cientos de salas, de las entradas compradas, la versión de Paula de Luque fue un fiasco y avergonzó hasta a los oficialistas. Recuerdo que un crítico se puso en ridículo ante sus colegas escribiendo que hablaba a favor de la película porque tanto él como ella estaban del lado de los buenos. El resto no lo acompañó.

Pero un día, un borrador del film de Caetano (probablemente el que les mostró a los productores) apareció en el blog Los Trabajos Prácticos, cuyo responsable, Guillermo Raffo, es un conocido antikirchnerista. Me imagino que la intención de Raffo fue poner en evidencia que el Chino Navarro y el Topo Devoto, los jefes de Caetano, eran unos incompetentes que dilapidaron el dinero en una mala publicidad televisiva. Pero el aparato cultural y de propaganda kirchnerista es capaz de utilizar en su favor cualquier circunstancia en adversa (empezando por la muerte del ex presidente). El corte sin terminar de Caetano tuvo en internet una audiencia considerable y fue objeto de un crescendo de elogios por parte de los comentadores oficiales que culminó en una columna de Horacio Verbitsky. Este lo puso por las nubes y decretó que era “por fin el homenaje que Néstor merecía”. Casi en simultáneo, Cristina Fernández comunicó a través de Twitter que la película la había emocionado y que había instruido a los reaparecidos Navarro y Devoto para que se estrenara en los cines.

Y por eso Caetano está en problemas. Porque ya no se trata de una película con orientación más o menos partidaria, sino de un film bendecido por la Presidenta y considerado esencial por sus plumas más influyentes. Las palabras de Verbitsky son tan laudatorias como lapidarias: “Es una película hecha con el mismo salvajismo con que Kirchner se abrió paso en la historia argentina”, dice Verbitsky en un momento en el que una buena parte de los ciudadanos argentinos asocian el salvajismo de Kirchnner con la imagen de un ladrón descomunal, cuya voracidad depredadora alcanzó niveles nunca vistos en la política argentina. A ese Kirchner es a quien Verbitsky contrapone el documental de Caetano como un retrato preciso y verdadero. Y termina de liquidar al cineasta como “un artista que estuvo a la altura del privilegio que le confirieron”, expresión que podría haber sido perfectamente la de un crítico soviético frente a un nuevo busto de Stalin.

Por ahora, Caetano se dedicó a pedir cuatro meses de tiempo y a declarar que se sentía honrado por las palabras de la Presidenta, quien lo situó con De Luque en las filas de los artistas oficiales, los que tienen el privilegio de retratar al líder. No es un lugar muy digno, aunque una corte de periodistas y críticos oportunistas está dispuesto a elogiarlo para demostrar que si Kirchner merece la atención de un buen cineasta es porque no era tan malo. Por mi parte, pienso ver la película el día en que el kirchnerismo sea sólo un mal recuerdo y el film de Caetano se exhiba, como curiosidad de época, junto con El triunfo de la voluntad.



Quintín