COLUMNISTAS NEYMAR

El unico que se salvo de la hoguera

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Es el único que se salvó del linchamiento mediático y popular. En parte, por haber quedado afuera del equipo goleado 7-1 por Alemania. En parte, por el drama de su lesión; pero, fundamentalmente, por su enorme carisma. Es el ídolo máximo e indiscutido de todo Brasil. Y esa “Neymarmanía” que genera excede lo deportivo.
Con 1,74 metros de altura, 64 kilos de peso y un guante en cada “chutera” (botín), logró el reconocimiento del mundo entero como jugador. Pero la sonrisa contagiosa, sus “raros peinados nuevos” y, fundamentalmente, su clareza e inteligencia le permitieron trascender más allá de los campos de juego.

Cuando a los 42 minutos del segundo tiempo el colombiano Camilo Zúñiga le dio ese rodillazo incalificable que le fracturó una vértebra y lo dejó afuera del Mundial, en el choque de cuartos, Neymar lloraba, se retorcía y lloraba, y con él se retorcían y lloraban 200 millones de brasileros que sentían que la Copa se había acabado, tanto para su ídolo como para Brasil. Claro que nadie imaginaba la pesadilla del 7-1 de la semifinal. El golpe fue tan pero tan duro que psicólogos y sociólogos brasileños no dudan en asegurar que es peor que el Maracanazo sufrido frente a Uruguay en el Mundial del 50. Los llantos de los chicos en las tribunas que mostró la televisión se replicaron por miles en los hogares. Y no se trataba sólo de niños. Hombres de todas las edades lloraban sin consuelo buscando una explicación para semejante tragedia nacional.

Los blancos preferidos para los insultos fueron el DT Luis Felipe Scolari y el 9 del equipo, Fred. Pero ningún jugador, ya sea titular o suplente, se salvó del escarnio popular: apenas Neymar.
Después de la histórica humillación futbolística por la que sienten que serán recordados eternamente, algunos integrantes del equipo dieron la cara con enorme dignidad. David Luis y el arquero Julio César (dos de los hasta ese día héroes de Brasil) fueron los primeros. Pidieron perdón a la gente, lloraron y juraron no entender lo que pasó durante esos 6 minutos fatales en los que recibieron 4 goles sin poder reaccionar. A nadie le importó. Más tarde, Felipão intentó defenderse con cierta dosis de soberbia durante la conferencia de prensa, pero fue arrasado por las críticas. El jueves, cuando Neymar volvió a la concentración para bancar a sus compañeros y habló con la prensa, parecía estar protegido por una especie de “escudo de luz” que lo preservaba de todo y hasta fue aplaudido cuando se iba caminando dolorido y con dificultad para cenar con sus compañeros.

Apenas una de sus respuestas estuvo a punto de bajarlo de ese pedestal y devolverlo a la atribulada categoría de mortales humillados, junto al resto del equipo. Fue cuando le preguntaron por quién iba a hinchar en la final.

 “Creo que para el fútbol, por la historia que Messi tiene, de haber conquistado casi todo en su carrera, él merece ser campeón. Estoy hinchando por él, porque es un amigo, un compañero y le deseo mucha suerte”. Se produjo entonces un silencio breve pero incómodo y enseguida Neymar aclaró: “¿Un brasileño hinchando por Argentina? No, no estoy hinchando por Argentina, sino por dos compañeros que pasé a admirar aún más (sumando a Mascherano a sus elogios). Son dos grandes personas y por su historia en el fútbol merecen ser campeones”. Hay que tener coraje en Brasil para decir lo que dijo Neymar en “cadena nacional”.

Sólo un tipo diferente, maduro y muy seguro de sí como es él, se atreve a hacerlo. Ayer, Neymar se sentó junto a sus compañeros en el banco de Brasil para ‘aguantar’ con su presencia. Asistió a una nueva decepción imperturbable. Con la frente alta, sin bajar la mirada. Fue, junto al defensor  David Luis, el único jugador que no recibió silbidos al salir a la cancha tras la derrota. Otro gesto de valentía que sólo los líderes suelen mostrar.
 
*Corresponsal en Brasil.



Claudio Gurmindo