COLUMNISTAS FIESTAS JUDIAS

El Universo cumple años

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Es habitual que todo caminante, luego de haber avanzado un largo trecho, realice un alto en su camino. El peregrino suele mirar para atrás para ver la senda recorrida y reflexionar sobre lo que le falta recorrer. Salvando grandes diferencias, la pausa del caminante halla su paralelo en el contenido espiritual de las Altas Fiestas Judías que comenzaron el miércoles 20 y continuaron el 21 y 22 de septiembre con el Rosh Hashaná (literalmente: cabeza del año) y llegarán a su punto cúlmine en el Iom Kipur o Día del Perdón el sábado 30. Estas conmemoraciones son una oportunidad para el hombre judío para repensar el futuro de la vida desde la ética, y permiten revisar sus actos pasados en relación al Creador y con los demás seres humanos con la voluntad de crecer y mejorar. Es que el futuro se arma con el pasado.
  Al respecto, Albert Einstein decía –en Este es mi pueblo–que el judaísmo equiparó, en importancia, el servicio a Dios con el servicio a los restantes seres humanos, por lo que es tan significativo uno como el otro.
 Las Altas Fiestas Judías recuerdan el tiempo de la Creación, una especie de cumpleaños del Universo, es que para la tradición judía, los hechos relatados en el Génesis habrían ocurrido en esta época del año, y se relacionan con la idea de juicio. Nos proponen un balance del mayor capital que tiene cada ser humano: la vida. Cada minuto que vivimos es único e irrepetible, el tiempo es la materia más escasa y más vital.
En la tradición de estas fiestas hay tres tipos de comportamiento valorados: la Teshuvá, cuya traducción “retorno” (arrepentimiento); la Tefilá, “oración”, y la Tzedaká, que se interpreta como “caridad” es en realidad “hacer justicia”.
 Vivimos en un mundo en que cada día se amplía la brecha entre los ultrarricos y los extremadamente pobres. Diariamente mueren millares de personas por hambre y enfermedades que se podrían evitar. En síntesis, ¡hay muchísimo por hacer en materia de solidaridad y de la Tzedaká.
Dado que hay un pasado común judeocristiano, las más importantes festividades judías tienen su correlato temporal en las celebraciones cristianas –aunque con distintos significados– (Fiesta de las Luminarias con la Navidad; ambas Pascuas; Shavuot con el Pentecostés, etc.). No ocurre lo mismo con estas celebraciones. Las Altas Fiestas Judías revisten un carácter profundamente universal porque convocan al sentido moral de la existencia humana, mientras que en su aspecto formal se manifiestan como una expresión del pueblo judío. Si bien la forma y el rito son hebreos, el contenido es  para todos los tiempos.
Para concluir, en nuestra lengua la expresión “ser humano” está formada por dos voces y se trata de un solo concepto que contiene en su composición el verbo “ser”, lo que indica que esta acción se puede alcanzar o perder. La semántica coincide con la filosofía basal de las Altas Fiestas Hebreas, al transmitirnos la idea de que la condición humana no nos es dada, sino que se trata de un ideal a alcanzar en cada día de nuestra vida y sólo a partir de considerar al prójimo como la persona que nos da una razón de ser a nuestra existencia. En las palabras del filósofo judío Emmanuel Levinas: “Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro”. La pausa en el camino que proponen estas conmemoraciones invitan con fervor a pensar en las conductas del tiempo pasado y su proyección al futuro de nuestra existencia en relación con nuestros prójimos.
El saludo tradicional de estas festividades es Shaná Tová (en hebreo) o A Guit Iur (en idish) o Añada Buena (en judeoespañol). Expresan el deseo de un buen año.

*Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (Cidicsef).

MARIO EDUARDO COHEN*