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El voto socialdemócrata

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En octubre, los ciudadanos con ideas afines a la socialdemocracia (socialistas, radicales y del frente progresista) deben decidir si votan según sus convicciones o refuerzan la mejor opción para evitar el triunfo del oficialismo en la primera vuelta. Y si hay ballottage, si votan en blanco o por el candidato opositor que llegue a esa instancia.
Estas decisiones se verán influidas por factores como: 1) el tipo de socialdemocracia que tengan en mente; 2) el grado de tolerancia que cada uno tenga con las posiciones de Macri y de Massa; y 3) la gravedad que asignen a un posible triunfo de Scioli.  
Una posición socialdemócrata es la que surge de la práctica de gobiernos socialistas europeos que habiendo hecho abandono explícito del marxismo establecieron una convivencia virtuosa entre empresa privada y Estado, por la cual la primera se encarga de la producción y el segundo de crear las condiciones favorables para ella, junto con cuidar de las relaciones laborales, el medio ambiente y la equidad social. Lo hizo Felipe González para incorporar a España al mundo europeo desarrollado; y hace poco Manuel Valls en Francia, al declarar ante el Parlamento que “la riqueza la crea la empresa privada, y el empleo también”. Es el tipo de socialdemocracia que guió a Fernando Henrique Cardoso en Brasil, Ricardo Lagos en Chile y Tabaré Vázquez en Uruguay.
Diferente es el caso de la socialdemocracia dominante en nuestro país, la que al inclinarse por un Estado omnipresente dificulta el papel de la empresa privada en la creación de riquezas y empleos. En lugar de fomentar las inversiones de riesgo, cae en reiteradas ideologizaciones ingenuas, las que al ser sustentadas también por el peronismo son una de las principales causas de nuestro atraso económico y de nuestras crisis. Con todo, algo está cambiando en algunos sectores de esta corriente, como lo prueba la conformación del frente Cambiemos.
Dadas estas posiciones puede esperarse que aquellos ciudadanos dispuestos a postergar temporalmente sus convicciones y más próximos a la versión europea de la socialdemocracia se inclinen por el voto a Macri en la primera vuelta. Influirá en esto el respeto por las instituciones mostrado por éste durante su gobierno en la Ciudad, junto a políticas en educación, salud y urbanización de las villas que dejan ver una posición sobre el papel de la empresa privada en la economía, compatible con una adecuada presencia del Estado en los temas sociales. A esto se suma su mayor intención de voto, lo que lo presenta con ventajas para cumplir con el objetivo de impedir el triunfo del oficialismo.
En cambio, aquellos más permeables a la versión socialdemócrata dominante en nuestro país, la que dice “mi límite es Macri”, pueden verse inclinados a votar por Massa. En ellos influirá un preconcepto del capitalismo que los lleva a una mayor tolerancia a posiciones del peronismo, pese a sus diferencias en cuanto al papel de las instituciones. A esto se suma que Massa viene haciendo propuestas interesantes sobre temas como la educación, la corrupción, e incluso contra una dominación feudal que mantiene en el atraso a varias de nuestras provincias Sin embargo, la hasta ahora menor intención de voto parece presentarla como una opción menos útil para el objetivo señalado.
En caso de ballottage, con una sola opción opositora, el temor al triunfo de Scioli jugaría un papel aún más relevante. Los que piensen que no debe confundirse a este candidato con el kirchnerismo duro votarán en blanco; pero aquel temor resultará decisivo en quienes piensen que ese triunfo significa la continuidad del actual gobierno, dado el poder resguardado a través de La Cámpora, la candidatura de Zannini y la creciente influencia de “Hannibal” Fernández en el espacio kirchnerista.
De esta evaluación, de los límites que les pongan sus convicciones, y de la corriente socialdemócrata con que se identifiquen, dependerá la dirección del voto de estos ciudadanos.

*Sociólogo.



Omar Argüello