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Elecciones y ajustes

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Un funcionario con llegada a la City recordaba dos datos sobre las promesas de candidatos frente al dólar, la devaluación y las reservas. Que en los turnos electorales con ánimos clientelares se contienen situaciones que no dan para más, y que los presidentes del Banco Central hicieron luego de cada turno el trabajo sucio de corrección y dejaron sus cargos.
Un repaso. Tras la crisis de las subprime, la recesión se nos cayó encima junto con el mundo y la crisis del campo que paralizó producción y expectativas. La pelea y la recesión le costaron en las legislativas del 28 de junio de 2009 una derrota bonaerense a Néstor Kirchner a manos de Francisco De Narváez. Mordiendo el polvo, Cristina Kirchner lanzó el Fondo del Bicentenario por US$ 6.600 millones, para pagar intereses de la deuda. Con el detalle de que apelaba, ilegalmente, a las reservas del Central para cancelar las obligaciones. Se desató la crisis que sacó a Martín Redrado del Banco y cambió la historia de la institución.
En octubre de 2011, hubo elecciones presidenciales y legislativas. CFK ganó con el 54% y un consenso impensado. Se alzó con  la Ciudad de Buenos Aires,  recuperó el voto del interior y del campo que se movía con altos precios de la soja pero también gracias al combustible barato, la inducción a un altísimo consumo interno, alta inflación, subas salariales que acompañaban y turismo barato —dólar barato— al extranjero complaciente con la clase media. No se enfriaban los festejos cuando se frenó la fiesta con el cepo cambiario de Guillermo Moreno. Se popularizó el “blue”, se desdobló de hecho el mercado, y la brecha con el “dólar oficial” trituró las inversiones externas.
La inflación y la falta de ingreso de divisas  por una economía poco competitiva obligaron a barrer bajo la alfombra los daños. Altas dosis de relato y éxitos en materia social permitieron al Gobierno soslayar la parálisis de la economía por un tiempo. Todavía los buitres no habían tenido éxito en Nueva York.
Nuevo turno electoral. Legislativas de 2013, en octubre. Sergio Massa irrumpió tras romper con el oficialismo con un amplio éxito bonaerense que ahogó una reforma electoral por la re-re-elección. La respuesta oficial fue, en amarga resaca, una concesión con cambio de jefe de gabinete, de ministro de Economía, de presidente del BCRA. Fin de Mercedes Marcó del Pont. Se ajustó con la salida de Guillermo Moreno. Y, en enero de 2014, con la devaluación del peso de 18,6% y una profunda suba de tasas de interés dirgida por Juan Carlos Fábrega, quien terminó la faena. Meses después, en octubre, fue recambiado por Vanoli.
Pronto, demasiado, la inflación corroyó el beneficio del tipo de cambio. El fracaso con los holdouts, Brasil, la caída de los commodities tomó la escena. Ahora, con un peso artificialmente revaluado, quedan 70 días hasta las elecciones. Daniel Scioli no tiene mucho margen. Pero con éxito o con derrota, lo que viene es un ajuste. Lo dice la historia. Atención Vanoli.

Ariel Cohen