COLUMNISTAS

Elocuente indigencia

El acto en el Luna Park contra los "fondos buitres", según sus cuatro expositores: Hebe de Bonafini, Luis D'Elía, Andrés Larroque y Gabriel Mariotto. 

Unas ocho mil personas fueron llevadas o se congregaron – muchas de ellas por propia voluntad, otras transportadas – la noche del martes 12 de agosto en el Luna Park de Buenos Aires, para proclamar lo que ya claramente se percibe en el escenario político como uno de los vástagos ideológicos, programáticos y políticos del actual gobierno, el ultra kirchnerismo o kirchnerismo en estado puro. La convocatoria estuvo centralizada en cuatro figuras que se dirigieron al público: Hebe Pastor de Bonafini, Luis D'Elía, Gabriel Mariotto y Andrés Larroque. Antes de incorporar los elementos editoriales necesarios para darle contexto a este punto, permítaseme hacer una breve reseña de lo que dijeron estas cuatro personas en ese acto presidido por la consigna “Patria sí, buitres no”.

 

Bonafini le pidió a la gente que no le pidan nada a Cristina: lo que hay que hacer con la presidente es cuidarla, no pedirle nada. Tema número uno: no pedir. Consigna número dos: cuidarla. Además, proviniendo de la única mujer que habló desde el escenario, llamó la atención una frase realmente horrenda de esta mujer: “No hay que pedirle tanto a la presidente, hay que cuidarla. La señora de ¿o no tenemos las bolas bien puestas?”. Yo ignoraba que este atributo genital masculino formaba parte del elenco de rasgos que caracterizan a una mujer. Pocas frases más machistas, despreciables, y sobre todo, arcaicas y reaccionarias, que está noción de “tener las bolas bien puestas”. ¿No es cierto que llama mucho la atención que en un Gobierno que se caracteriza por su supuesto progresismo socio-cultural, una de las figuras emblemáticas considere que la valentía o el coraje es el equivalente de tener los testículos en su lugar?

El cuarto rasgo que destaco de las palabras vociferantes de Bonafini, que es coherente con su postura desde 1984:“Nuestros hijos no están muertos. Tampoco está muerto Néstor Kirchner”. La verdad es que sus hijos están muertos, como está muerto el ex presidente Kirchner. Este rechazo a la noción de que sus hijos han muerto –ya sea desaparecidos o en combate– es uno de los nudos que han diferenciado históricamente la posición del grupo de ella (Madres de Plaza de Mayo) de las Abuelas. La reciente aparición del nieto de Estela Carlotto, revela que, efectivamente, este chico había nacido de una persona que luego murió.

Luego, el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, el comunicólogo de Lomas de Zamora Gabriel Mariotto, dijo que“los cipayos van a la tele a criticarnos”. Acá aparece la obsesión mediática que marca, de cabo a rabo, todo el esqueleto político e ideológico del kirchnerismo, que ha convertido a los medios de comunicación, prácticamente desde el comienzo de su gestión, en su rival principal. Mariotto parece querer ignorar que, en épocas de necesidad y como se ha demostrado en los últimos meses en no pocas oportunidades, en muchos casos han sido hombres y mujeres del kirchnerismo los que han ido a pedir el espacio en esos medios a los que han vivido satanizando.

De este cuarteto notable de personajes que se presentaron en el Luna Park formó parte Luis D'Elía, una persona que al final del día demuestra una vigencia y una permanencia en el elenco oficial que, quiérase o no, no puede ser ignorada. Más allá de la cantidad extensa de desopilantes actos de barbarie ideológica que ha perpetrado D'Elía, un hombre que durante largos años ha sido una especie de emisario de facto de la República Islámica de Irán, no ha perdido su espacio en el oficialismo. Es importante que esto lo considere y aprecie la clase media y diferentes comunidades como la judía, que quizás se hacían ilusiones en el sentido de que D'Elía era un personaje incontrolable. No es incontrolable. D'Elía forma parte de la patrulla de vanguardia, la más aguerrida desde el punto de vista de su dogmatismo, del kirchnerismo. En el Luna Park dijo algo desmentido por la realidad, porque la presidente Cristina Kirchner volvió a hablar de la tapa de los diarios en su viaje a Asunción del Paraguay. ¿Qué dijo ayer D'Elía? “Cristina Fernández de Kirchner piensa en la historia, no en los diarios de mañana”, una perfecta mentira. Si algo ha cruzado de manera permanente, sistemática y obsesiva todas y cada una de las intervenciones de la señora de Kirchner a través de los medios de comunicación y de sus actos públicos, ha sido su obsesión con lo que aparece en la televisión, lo que se publica en los diarios y lo que se dice por las radios. En consecuencia, la frase según la cual Cristina piensa en la historia, no en los diarios de mañana, es insostenible, una auténtica contradicción, porque va de lleno contra la realidad: ella piensa todo el tiempo, como todo el kirchnerismo, en los medios.

Esto lo ratificó el orador final, Andrés Larroque, también conocido en el mundo político desde muy joven, cuando militaba en la izquierda en el Colegio Nacional de Buenos Aires, como “cuervo”. ¿Qué dijo Larroque? La contradicción central de la Argentina es “Patria o Clarín”. Año 2014, pobreza, inflación, desacato ante una medida de un juez, situación de semi default, pero para Larroque la contradicción principal no es entre ricos y pobres, derecha e izquierda, sino “Patria y Clarín”. Añadió un pequeño elemento de barbarie, que revela que no todos los ex alumnos del Nacional Buenos Aires aprovecharon su tiempo de estudio en la calle Bolívar 263. Dijo Larroque que“el imperio –Estados Unidos– no pudo parar al juez Griesa”,imaginando que un presidente norteamericano como Barack Obama o cualquiera de los que le precedieron, es lo suficientemente poderoso e imperial (como quiso serlo y así le fue, Richard Nixon) como para poder “parar” a un juez, ejercicio que en la Argentina es muy común y habitual. Todo esto demuestra, por de pronto, una radicalización discursiva y retórica de un fragmento del kirchnerismo, que ya se posiciona para después de 2015 y quedarse como abigarrado núcleo duro de las posturas más radicalizadas. Cabe consignar otro hecho verdaderamente llamativo, que en cualquier país un poquito más normal permitiría formularse interrogantes importantes: ¿qué estaba haciendo Héctor Icazuriaga, teóricamente Secretario de Inteligencia de Estado, en un acto de esta naturaleza? ¿No es que los jefes de los “servicios” tienen que ser personas de muy bajo perfil, prácticamente desconocidas y deben privarse de todo tipo de militancia partidaria como la se desplegó en el acto del Luna Park? Es así en la mayor parte de los países, no en la Argentina. Junto a Icazuriaga también pudo detectarse a Carlos Tomada, ministro de Trabajo desde 2003, y Alberto Sileoni, ministro de Educación. En cambio, no hicieron acto de presencia Sergio Urribarri, Daniel Scioli, Julián Domínguez, ni Florencio Randazzo, todos ellos descartados por la gente de La Cámpora, como posibles alternativos de sucesión después de 2015.

La consigna final, la idea de que el país enfrenta a un enemigo exterior, ratifica la indigencia, precariedad y modestia intelectual y programática de los sectores más duros del oficialismo. Está en el disco rígido de estos sectores ultra. Esa indigencia es la fotografía de su propia falta de perspectiva histórica.

(*) Emitido en Radio Mitre, el miércoles 13 de agosto de 2014. 



Pepe Eliaschev