COLUMNISTAS REPORTAJE A LILIÁN TESTÓN

“En Argentina, hay hospitales preparados para el Ebola”

La coordinadora del Departamento de Epidemiología e Infecciones de Stamboulian advierte que, de no tomarse medidas preventivas, en 2015 habría 550 mil víctimas del mortal virus en el mundo. Cómo se contagia la infección que se inició en Africa. La alarma en Estados Unidos y Europa. El temor en la región. Los controles que ya se están implementando en nuestro país.

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Foto:Néstor Grassi

Recién en las últimas horas la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descripto el brote actual de Ebola como “la emergencia sanitaria más severa vista en los tiempos modernos”, y si bien no es la primera vez que tocamos este tema, las alarmantes noticias hacen que volvamos sobre él.
La doctora Lilián Testón es una mujer joven y coordina el Departamento de Epidemiología y Control de Infecciones del grupo Stamboulian.

—Hice la residencia en el Hospital Ricardo Gutiérrez y luego seguí mi formación en esta especialidad en la Universidad Católica de Buenos Aires. Luego trabajé en el Hospital Alemán, cuyo director es infectólogo, por lo cual todo lo que tiene que ver con control de infecciones y epidemiología cobra mucha relevancia. Desde hace cuatro años trabajo junto al doctor Daniel Stamboulian, y no ejerzo tanta medicina asistencial sino que estoy dedicándome al Boletín Informativo para Latinoamérica registrando los brotes y las enfermedades endémicas junto a un equipo que colabora conmigo.

—Un momento particularmente peligroso para la salud del mundo.
—Estoy absolutamente de acuerdo con lo que dice la OMS. Previo al Ebola el mundo sufrió la gripe española en 1918, que dejó un tendal de 50 millones de muertos. Por eso, actualmente es tan importante seguir las medidas que propone la OMS al indicar que es necesario vigilar casos sospechosos, no desestimar ningún contacto de sujetos que puedan haber estado con el caso índice (es decir, el caso inicial). Es fundamental tratarlos y vigilarlos. También el apoyo económico es esencial como sostén de sanitaristas, misioneros y para el equipamiento de hospitales. Por otra parte, son fundamentales los equipos de protección personal. Estamos viendo que todos los “accidentes”, como el de la enfermera de Texas que atendió al enfermo que llegaba de Liberia, o Teresa, la enfermera española, se producen porque es muy difícil manejar un equipo de protección personal. Necesitan un asistente para colocárselo y para sacárselo.

—Incluso se ha mostrado por televisión que el “babero” que rodea la escafandra debe ir dentro del traje de protección, cosa que no ocurrió en el caso de la enfermera de Texas.
—Son detalles mínimos que, sin embargo, producen el contagio. Además son muchas horas de tarea, sobre todo para la gente que está trabajando sobre el terreno, en una situación agotadora y en aislamiento. Allí el índice de error del médico aumenta mucho y debería tener a una persona a su lado para que lo asista. Esto, en Africa, sabemos que es imposible puesto que allí faltan médicos, enfermeras…  bueno, falta todo.

—También la OMS señala que, aunque el virus surgió hace casi cuarenta años, por tratarse de países pobres no hubo incentivos para investigación y desarrollo.
—Desde 1976, cuando se produjo la primera epidemia en el Congo, se sabe que el Ebola existe. En aquel momento fueron 300 casos, se autolimitó rápidamente, y si bien hubo mortalidad, no se extendió a países fronterizos.

—¿No se habló, en algún momento, de que podía usarse como arma biológica?
—Probablemente por eso había algún tipo de medicación preparada. En fin, algo tenían en Canadá, Japón, Estados Unidos. Cuando repatriaron a los dos primeros americanos que estaban en Liberia se les aplicó un tratamiento compasivo… no había otra cosa.

—En el caso actual de la enfermera de Texas, han decidido no sacrificar a su perro por la terrible depresión que esto le causaría; es correcto, ¿no?
—Esto tiene mucho que ver con la idiosincrasia de cada país. Además, si esto estuviera en un protocolo habría que hacerlo. Pero no está dicho. Lo que sí se conoce es que hay transmisión a través de los gorilas, las ranas, los antílopes, los puercoespines y en una especie particular de murciélagos. No en otros animales. Hubiera sido un caso interesante de estudio, porque cuando un animal presenta sospechas de rabia y tiene dueño, se lo respeta, se lo aísla, el veterinario lo controla. Pienso que en el caso de Texas ha sido así. Imagínese, volver a casa y no encontrar a nadie. En el caso de Teresa, ¡son una pareja sin hijos! Los que tenemos mascotas y sabemos lo que significan no entendemos que se tomen medidas que no corresponden a la salud de nadie.

—En España hubo incluso manifestaciones callejeras para que no sacrificaran al perro.
—Como le decía, esto hace a la idiosincrasia de cada país. Yo suponía que, si esto ocurría en Estados Unidos, iban a proceder de otra manera que en España.

—¿Cuánto se conoce realmente con respecto al Ebola?
—Yo creo que se sabe bastante, y reitero que es muy importante conocer los motivos de contagio. Hay que saber que hay un período en el que el paciente (aun teniendo la enfermedad) no presenta síntomas. Es necesario entonces monitorearlo durante 21 días. En ese lapso no contagia. Saber esto ya es muy importante. Además, basándonos en la epidemia actual, la revista New England Journal of Medicine, que es una publicación muy leída por todas las especialidades, ha publicado en su número de octubre un análisis de la población infectada y brinda datos muy importantes. Por ejemplo, que el 10% de los contagiados son trabajadores de la salud y el grupo etario más afectado es el que está entre los 30 y 40 años. Por eso también hay tanta orfandad en los países contaminados. Antes se creía que ciertas muertes tan cataclísticas (por ejemplo, por sangrado) marcaban una señal. Sin embargo, ése es el síntoma que menos frecuentemente se presenta: el 1% o 2%. Insistimos en que el síntoma principal es la fiebre o la cefalea (un dolor de cabeza inexplicable), y luego los vómitos y la diarrea, que llevan al shock hipovolémico: si no es compensado con líquidos, lleva al paciente a la muerte. Hay un registro que llega a 3.800 muertes y más de 8 mil infectados. Otros, que no pasan por el sistema de salud, no se registran.

—Algo que vuelve todavía más angustiosa la situación.
—Mire, si esto sigue así, si no se implementa alguna estrategia o se envían más dinero y más profesionales de la salud para hospitales de campaña donde la gente pueda atenderse y no se muera en su casa, se espera que para fines de enero se llegue a 550 mil casos notificados.

—¿Quién publica esas terribles estadísticas?
—Son datos del Centro de Control de Infecciones de Atlanta y, por el subdiagnóstico que hay, llegamos a 1,4 millones de casos. A esto hay que agregar la mortalidad (70%).

—Estamos hablando siempre de Africa.
—Sí, porque consideramos que, hasta el momento, todos los casos son casos consecuencia de un contacto con alguien que estuvo en Africa… O también, claro, de alguien que cuidó a un enfermo llegado de esos países. Por eso son tan importantes las medidas que se han tomado en los cinco aeropuertos norteamericanos y que también se están aplicando aquí a través del análisis de casos sospechosos.

—¿Cómo se define un caso sospechoso?
—Llamamos “caso sospechoso” a todo aquel que tuvo probable contacto con un infectado. Es fundamental cortar la cadena. Le explico: el caso índice es el que está infectado. Hay que hacer, entonces, un bloqueo epidemiológico de todos los que estuvieron en contacto con el caso índice. Por ejemplo, quienes viajaron en el asiento contiguo en el avión y que, por un estornudo, pudieron contagiarse. También depende mucho de cada persona: ¡no subirse a un avión si uno tiene fiebre! Por eso, en los aeropuertos de salida, los controles son muy rigurosos.

—Me quedé pensando, doctora, en el contagio por el estornudo.
—Se contagia por la saliva… es muy fácil que en un estornudo haya partículas de saliva. Por eso, en esos casos hay que tener la precaución de taparse la boca. También puede haber contagio a través de la mucosa ocular.

—También me quedé pensando en aquello que dice Margaret Chan, la titular de la OMS, cuando se refiere a que no hay vacunas porque el Ebola se ha desarrollado en países pobres.
—Probablemente sea así. Y no sólo porque se da en países pobres, sino que tienen una cultura muy diferente. Son aldeas que confían en su curandero, en su brujo y practican rituales muy específicos en sus entierros. Todo esto ayudó a que la epidemia se propagara más rápido. Cuando para fines de septiembre decidieron realizar algo así como un toque de queda para que nadie saliera de su casa y los trabajadores de la salud pudieran ir a domicilio para verificar si había alguien enfermo, se descubrió que había mucha gente enferma. También encontraron a mucha gente muerta. Esto ocurrió en Liberia o en Sierra Leona. En el primer país, que fue Guinea, se logró controlar. Sin embargo, se ha producido una especie de estigmatización. Es decir que las personas de esa nacionalidad que viven, por ejemplo, en Estados Unidos, también sufren de este concepto que asocia la enfermedad con la nacionalidad. También es cierto que en determinados países africanos se desarrollaron muchas drogas contra el VIH. Hace años no existía la normatización que existe ahora para un ensayo clínico. Hoy, la persona en quien se experimenta tiene que firmar un consentimiento informado y hay auditores que les preguntan: “¿Usted entendió que está participando de un estudio? ¿Que está en riesgo? ¿Que puede obtener tal beneficio?”. Y si consideran que el paciente no lo entendió, aun cuando estuviera firmado o con el pulgar impreso, ese paciente no va a ser estudiado. Antes, reiteramos, esto no era así. En esos países los occidentales hicieron muchas cosas y ha quedado una cultura de que los usamos para ensayar drogas.

—Y entre nosotros, aquí en Argentina, ¿cómo se han organizado los hospitales frente a esta emergencia?
—En Argentina, hay hospitales preparados para el Ebola. En primer término está el Hospital Muñiz, que es un hospital de excelencia. Luego, el del Cruce de Florencio Varela, que lleva el nombre “Néstor Kirchner” y es de altísima complejidad. Luego, tenemos el Abete en Malvinas Argentinas, que trabajó magníficamente en la epidemia del H1N1 en 2009, y otros hospitales en Mar del Plata y Bahía Blanca. También están el Hospital de Ezeiza y, por supuesto, el Hospital Garrahan. Todos están preparados.

—¿Y en Estados Unidos cómo se preparan?
—Allí no hay hospitales de derivación. Cualquier hospital tiene que estar en condiciones de recibir un caso de Ebola. Ellos, obviamente, manejan otro presupuesto. Cada traje de aislación cuesta 50 dólares, y a esto hay que añadir la preparación y la capacitación del equipo, aprendiendo de los errores. Por ejemplo, no ponerse los barbijos y anteojos porque así queda una superficie descubierta y el virus puede penetrar. Fíjese que, aun cuando el infectado esté muerto, la temperatura ambiente hace que el virus pueda sobrevivir en condiciones favorables y transmitir la infección. Por eso se pone tanto énfasis en quitarles el difunto a los familiares para incinerarlo. En cada aldea hay tres personas designadas que conocen cómo debe hacerse esa tarea envolviendo al difunto para cremarlo y, al mismo tiempo, sin que su familia pueda verlo.

—Ellos no admiten la cremación. Tenemos entendido que, también de acuerdo con sus tradiciones, lavan los cadáveres, ¿no es cierto?
—Sí. Dedican mucho tiempo a los últimos momentos en los que están con los cuerpos de sus familiares. Suelen tenerlos varios días en sus casas, adonde concurre mucha gente. ¡Imagínese lo que esto significa en un caso de epidemia! Seguramente siguen haciéndolo, porque se trata de una población muy importante y estos casos se les pueden escapar a los médicos y sanitaristas que están trabajando. Es muy difícil vigilar todo esto.

—En Estados Unidos se está pidiendo la colaboración de médicos voluntarios.
—Sí. Hace aproximadamente tres semanas, el Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta hizo un curso al que invitaba a participar a médicos del mundo entero, a enfermeras y a cualquier personal de salud para capacitarlos y enviarlos al terreno de los hechos. De Atlanta salen todas las normativas y los protocolos de todas las enfermedades. Ellos ponen mucho énfasis en el tema de los viajeros, de la infraestructura hospitalaria. Abarca todo aquello que está relacionado con infectología.

—De acuerdo con los relatos, daría la sensación de que las víctimas se encuentran entre los adultos en mayor proporción que entre los niños, ¿es así?
—Por lo menos es lo que se desprende de esta publicación, que habla de unos tres mil casos de infectados. Le diré que, a esta altura, poder hacer un trabajo científico en medio de una epidemia tiene un valor impresionante. También murieron cinco bioquímicos que estaban trabajando sobre el genoma del virus. O sea que todos los miembros del equipo que trabajó para detectar y ver cómo funciona el virus fallecieron.

—Volviendo a Texas, la enfermera que atendió a Thomas Duncan, el liberiano que falleció el miércoles pasado, tiene altibajos en su estado.
—Sí. Y lo mismo ocurre con Teresa, la enfermera de Madrid, que un día agonizaba y luego mejoraba. Incluso un periodista consiguió su teléfono y ella confirmó esta situación. Cuando uno enferma, el promedio de la evolución de la enfermedad abarca entre siete y nueve días, y es allí donde se sabe si podrá sobrevivir. Todavía no hay resultados contundentes acerca de qué diferencia hay entre la sangre de un infectado y la sangre de un convaleciente que sobrevivió al virus. Por ejemplo, Teresa tuvo los dos tratamientos. Todavía no hay ningún informe que señale cuál es mejor. No hay una certeza. Por eso son tan importantes las medidas de prevención y captación del caso índice y sus contactos. Del primer caso que se infectó se hicieron 18 contactos probables que se pusieron en cuarentena, y si pasan los 21 días sin síntomas, no son un factor de contagio. En cambio, reiteramos, si empieza con una fiebre mayor de 38,6 grados, existe un real peligro de contagio.

—Y en el caso de las dos enfermeras, ¿se sabe cuánto tiempo pueden permanecer en ese estado oscilante?
—Aparentemente, ya han pasado el período de los siete a nueve días, sobre todo en el caso de la primera, pero todavía es una información muy reservada que no se filtra.



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