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En el nombre del padre

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Anoche tuve una pesadilla, soñé que me interrogaban los Leuco. Después, ya despierto, con la respiración normal, trayendo y llevando el aire de la boca al estómago como te enseñan en karate, me pregunté, a raíz de mi sueño: ¿deben los hijos seguir la vocación de sus padres? Los escribanos, por ejemplo, suelen hacer eso de manera metódica; de padres a hijos.
Hace poco, escuché que un joven le decía a otro que no podía creer lo malo que era cantando el padre de Dante Spinetta. El joven, fanático del disco Chaco, de los Kuryaki, no podía entender que su ídolo fuera el hijo de un músico que le parecia infumable. Muchos pueden hacer la operación contraria. Yo imaginé alguna vez una propaganda de preservativos en la cual aparecía primero un músico cantando y después su hijo. Como el hijo era malísimo, el eslogan decía: “Esto se podría haber evitado”: e iba la marca de preservativos. A la agencia que le propuse la publicidad le pareció demasiado agresiva. Y tenían razón. Pero volvamos a los Leuco. Cuando los veo, me llama la ateción que el hijo parece diez veces más conservador y reaccionario que el padre. Como si invirtiera el orden de las cosas que dice que los hijos se tienen que rebelar para poder liberarse de los padres. La dupla creativa de Los Fabulosos Cadillacs, Vicentico y el Señor Flavio, incorporaron sin mayores problemas a sus hijos músicos a la formación de los Cadillacs.
¿Deben los hijos seguir la vocación de los padres? Sin duda, la respuesta más inmediata es que los hijos tienen que hacer lo que quieran y si es lo mismo que lo de los padres, da igual. ¿Deben los hijos llamarse igual que los padres? Mi papá, por ejemplo, le puso a mi hermano Juan su mismo nombre completo, casi una tautología. A mi hijo Julián yo le quería poner Noel, pero la madre no quiso y se llama Julián Casas, un nombre, a mi gusto, que suena fonéticamente muy similar al mío. Yo quisiera que se llamara de otra manera, incluso sin mi apellido, incluso con un símbolo, como hizo en su momento Prince. Bueno, Alejandro Puccio siguió la profesión de su padre Arquímedes: fue secuestrador. Yo, jugándome en la opinión, y sin nada que la sustente, digo que es mejor que los hijos no sigan la profesión de los padres. Que sean diferentes a los padres. ¿Por qué? Porque eso amplía el mundo, lo vuelve rizomático.